domingo, 2 de diciembre de 2012

El asesino de Valeria Mazza





La noche caía sobre Punta del Este. Era el mes de septiembre, y por eso la ciudad presentaba un clima tranquilo. Sin embargo, la tranquilidad se vería alterada por un importante evento que se iba a celebrar en el Conrad. La invitada principal era Valeria Mazza, quien desde hacía algunos días se encontraba ya instalada en su casa de La Barra. Junto a ella estaban su fiel asistente, la señora Julia, una elegante ex modelo que se estaba acercando a los cincuenta años, y la empleada doméstica, la señorita Carina.



La noche del evento, en la planta alta de la casa, Valeria se estaba preparando para asistir a la gran fiesta, eligiendo que vestido se pondría. Tras mucho elegir, optó por uno de color rojo, que jamás había usado y que había traído de su último viaje a Venecia. Estaba ya lista para vestirse cuando se escuchó el timbre de la puerta.



- Quizás sea el estilista que se va a ocupar de tu peinado – le señaló la señora Julia a Valeria.
- Ay, ojala, según Alejandro es el mejor estilista del Uruguay, y vino desde Montevideo solamente para peinarme. Creo que se llama Charly.
- ¿Charly? – preguntó la señora Julia – Bien, voy a recibirlo.
- Perfecto, mientras tanto voy a entrar al baño. Voy a ducharme – le aclaró Valeria a Julia, y en efecto, ingresó al baño, mientras la asistente comenzó a descender por las escaleras.
En la planta baja, Carina, la mucama, se dirigió hacia la puerta y preguntó:
- ¿Quién es?



- Carlos – fue la respuesta de una voz masculina que se escuchó del otro lado de la puerta.
La señora Julia escuchó el nombre de la persona y pensó, con lógica, que Charly el estilista debería llamarse Carlos, “todos los Charly se llaman Carlos” razonó la mujer y por eso le indicó a Carina:
- Abrí la puerta. Es el estilista.
Carina abrió la puerta, del otro lado había un hombre joven, de unos veintitantos años, de cabello negro y piel clara. Era muy alto, debería medir unos dos metros, y tenía dos enormes pies, debería calzar cincuenta o un número parecido. Tenía toda la apariencia física de un jugador de básquet, pero estaba vestido de negro, con saco, polera, guantes y pantalones, todo del mismo color, incluyendo las enormes zapatillas de básquet que calzaba.



- Buenas noches – dijo Carlos – Soy Carlos, Carlos Delfino.
- Ah, sí. La señora aún no esta lista. Pensamos que iba a tardar más tiempo en llegar. Deberá esperar un largo rato. Enseguida se terminará de bañar y luego la podrá peinar.
- No hay problema. ¿Puedo entrar estos paquetes? Son alguno obsequios para la señora Valeria Mazza – contestó Carlos.
- Por supuesto – contestó la señora Julia, sorprendida por lo que tenían esos paquetes.
- Pase, señor Carlos – contestó Carina.
Carlos entró con tres paquetes muy grandes, pero mientras algunos eran esféricos, el otro era muy largo. Carlos Delfino era un consagrado jugador de basquet, de trayectoria internacional, integrante de un equipo de la NBA y de la selección argentina pero fue obvio que ni Julia ni Carina lo reconocieron.
- ¿Puedo poner los paquetes sobre aquella mesa? – preguntó Carlos.
- ¡Por supuesto! – dijo Carina y agregó – ¿Les podría preguntar que son estos regalos?
- Claro – contestó Carlos – Son tres Quesos. Un Queso holandés, un Maasdam, importado de Holanda, traído directamente desde Ámsterdam. Este otro Queso, un Parmesano, y el otro Queso, el de los grandes agujeros, es un Gruyere. El otro paquete es una espada samurai, un obsequio de los residentes japoneses en Maldonado.



Carina quedó extrañada ante los regalos, si bien era común que Valeria Mazza recibiera obsequios de todo tipo. Las dos hormas de Queso, tanto el Gruyere como el Parmesano, eran enormes, gigantescas. La señora Julia también estaba sorprendida ante los Quesos que le habían traído a Valeria y le indicó a Carlos:
- Voy a subir, enseguida le aviso cuando estará lista la señora Valeria – y subió entonces las escaleras.
- Muy bien, ¿Y el baño? – preguntó Carlos dirigiendose a la mucama.
- Ahí está – dijo la mucama señalando hacia la derecha - ¿Quiere tomar algo mientras espera? Tiene para un rato largo.
- Trato de evitar tomar en horas de trabajo – contestó Carlos – pero le agradecería una taza de café.
- Muy bien, ya se lo traigo – dijo la señora Julia y se dirigió a la cocina a preparar el café.



Carlos ingresó al baño y tras orinar, sacó de su campera un enorme, largo y filoso cuchillo, que comenzó a sostener con sus manos, cubiertas de un par de guantes negros de cuero bien gruesos. El cuchillo era muy grande pero ante la espada samurai parecía pequeño.
Armado con el cuchillo, Carlos se puso detrás de la puerta, cosa de que la mucama le diera la espalda cuando volviera al salón. Unos pocos segundos después, Carina ingresó nuevamente al salón, pero Carlos casi no le dio tiempo. La tomó por detrás, puso el cuchillo en su cuello y la degolló salvajemente. Para un asesino de mujeres con la experiencia de Carlos, un solo golpe de cuchillo bastó para asesinar a la mucama. Con una sola cuchillada, Carlos provocó una herida profunda y amplia en la mujer, que cayó muerta de inmediato.



Con el mismo cuchillo con el que había cometido el asesinato, Carlos tomó el Queso holandés, el Maasdam traído de Amsterdam, y arrojó la horma sobre el cuerpo de Carina, la mucama.
- Queso – dijo entonces Carlos.
El crimen, aunque sangriento como pocos, había sido silencioso y la señora Julia, que se encontraba arriba, nada había escuchado. En eso, la asistente de Valeria Mazza comenzó a bajar por las escaleras. Carlos, entonces, todavía con el cuchillo en la mano, se colocó sobre la pared, para esperar a la señora Julia.



Tal como había hecho con la mucama, cuando la asistenta llegó abajo, el asesino la tomó por detrás y le clavo el cuchillo en el cuello, atravesándose totalmente. Carlos le clavó el cuchillo de tal forma que el mango estaba de un lado, y la punta salía del otro. La asistente cayó muerta de inmediato, y Carlos pusó el cadáver en una silla. Como con su víctima anterior, Carlos Delfino tomó un trozo de Queso, el Queso Parmesano, y lo tiró sobre el cadáver de la señora Julia.
- Queso – dijo entonces Carlos.




Asesinadas la señorita Carina y la señora Julia, Carlos tenía entonces el camino despejado para atacar a su víctima principal, pues las dos mujeres no eran más que víctimas colaterales. Dos personas que estaban en el tiempo y espacio equivocado. Sí había usado el Queso Maasdam para la mucama, y el Parmesano para la asistente, a Valeria Mazza la iba a tirar el Queso Gruyere.



Carlos Delfino ya no tenía obstáculos en su objetivo de asesinar a Valeria Mazza y tomó entonces la espada samurai y el Queso Gruyere, y se dirigió en forma sigilosa hacia la habitación de la top model, que todavía estaba debajo de la ducha.


A Carlos lo tentó la idea de atacarla al mejor estilo de la película “Psicosis” pero finalmente puso sobre el Queso sobre la cama y espero que Valeria saliera del baño. Al igual que con la señora Julia, Carlos espero a su víctima detrás de la puerta, esperándola atacar cuando esta le diera la espalda. La diferencia es que Carlos estaba vez estaba esperando a su víctima con una espada samurai.


El ruido de la ducha terminó y Valeria Mazza salió del baño. La modelo, vestida con el traje de baño, y con una toalla cubriéndole la cabeza, ingresó a la habitación. Nunca lo vio a Carlos, que estaba detrás de ella. El asesino, dueño de una enorme, magistral y macabra habilidad, tomó la espada samurai y descargó su furia criminal sobre el cuello de la modelo. 


La herida fue muy profunda y un chorro de sangre se esparció sobre el piso. El golpe fue tan certero que la modelo cayó muerta de inmediato. Carlos, dueño de un instinto criminal que solo los grandes asesinos poseen, realizó otros golpes con la espada samurai sobre el cuello de su víctima, provocando de esta manera la decapitación.


Carlos estaba muy contento. Si bien su lista de crímenes era muy extensa, era la primera vez que utilizaba una espada samurai y que decapitaba a una de sus víctimas, a las mujeres a las que había asesinado anteriormente las había degollado o apuñalado con cuchillos.
Finalizada la horrible tarea que le habían encomendado, y por la que le iban a pagar una cifra millonaria, Carlos Delfino limpió la espada samurai en las cortinas de la habitación, y agarró el Queso Gruyere, tirandolo sobre el cadáver mutilado de su víctima.
- Queso – dijo Carlos, y abandonó la habitación, y en pocos segundos, la casa, y en apenas minutos, ya no se encontraba siquiera en la ciudad de Punta del Este.



En ese lapso, Charly, el estilista, llegó al lugar e ingresó a la casa al descubrir la puerta abierta. El espectáculo que debió presenciar fue espantoso. En realidad, solo contempló el cadáver degollado de la mucama y el de la asistente que tenía un cuchillo clavado en el cuello, pues no llegó a subir donde estaba el cadáver decapitado de Valeria Mazza. Horrorizado al ver lo que vio, este Carlos salió corriendo llamando a la policía. Una brigada no tardó en llegar y en descubrir lo que había arriba.



Finaliza así el relato de unos de los grandes crímenes de la historia policíaca que tuvo como asesino a Carlos Delfino y como víctima a Valeria Mazza. El crimen tuvo una enorme repercusión en los medios de comunicación, un diario sensacionalista tituló: "VALERIA MAZZA ASESINADA, LA MATARON CON UNA ESPADA SAMURAI, LE CORTARON LA CABEZA Y LE TIRARON UN QUESO". Una versión periodística sostuvo que el crimen lo había cometido un asesino samurai especialmente contratado por grupos mafiosos.
Carlos siguió asesinando mujeres con frialdad e impunidad, y su lista de crímenes continuó expandiéndose en forma geométrica. Pero aunque su lista de asesinatos es muy extensa, cuando uno recorre el Museo de Cera de Madame Tussauds en la sección “grandes criminales”, lo presentan como “Carlos Delfino, el asesino de Valeria Mazza”.







12 comentarios:

  1. Me encanto el cuento, tan zarpado como divertido

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  2. Ta'gueno el cuentito!!! Hace mas che, a ver a que otras minas Carlitos les corta la cabeza

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  3. Me atrapaste de principio a fin, creo que tienes un excelente estilo y oficio, a proposito, tu apariencia y gustos coinciden sospechosanente con las de Carlos el asesino, ¿Cuanto me ofreces por quedarme callado?

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  4. muy bueno C:

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  5. Ahora ya se que hacia Carlitos cuando desaparecia de las concentraciones, ja, ja, mataba a estas minas

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  6. Más allá de que fuera un asesino serial, la muere de Valeria Mazza fue más un ajuste de cuentas que un asesinato más por placer, ya que dice que cobrará una cifra millonaria por ese trabajo

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    Respuestas
    1. Nico Ramirez yo creo que se refiere con la cifra millonaria al partido que tiene al día siguiente...
      Creo que ese era exactamente su ritual (decapitar chicas) para jugar al día siguiente su partido...
      Por eso al final de la historia, habla sobre la estatua en el museo en doble sentido :v

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  7. cosmefulanitoestaenuso24 de julio de 2017, 3:03

    Presentador italiano: cantanos algo de Argentina
    Valeria Mazza: la cucaraaacha, la cucaraaacha

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  8. En realidad el autor mental del crimen fue el Checho Batista, todo antes de que se fuera a la B.

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  9. Que cornos es esto ???, sufrís de alucinaciones? que tomaste ?, algo te habás fumado, te queré hacer el Stephen King ?.......... lo parió.....

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  10. Quién no querría matar a valeria mazza?!

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