jueves, 26 de diciembre de 2013

El Asesino tiene olor a Queso



Erase una vez dos jóvenes modelos, muy bellas y entrañables amigas ellas dos, cuyos nombres eran Jessica Toscanini y Lara Bernasconi. Al finalizar una sesión fotográfica, un buen día Jessica le dijo a Lara:
-         Me acaba de llamar Giselle, nos invitó a las dos al cumpleaños de Carlos.
-         ¿Carlos? – fue la respuesta de Lara - ¿Cuál Carlos? Conozco muchos Carlos.
-         Si te dije Giselle, me refiero al novio de ella, Carlos Bossio.
-         Uy, a ese Carlos no lo soporto, es muy pedante, fanfarrón, siempre esta llamando la atención.
-         Yo también tengo la misma opinión sobre él, además tiene un olor a Queso apestante, intenso, sofocante. Es re alto, mide un metro y noventa y cinco, y tiene unas pies re grandes, calza cincuenta, le tienen que hacer zapatos a medida.
-         Me acuerdo en el cumpleaños de Giselle, este Carlos se sacó los zapatos y todos nos desmayamos del olor a Queso que tenía. Muy fuerte.
-         Bueno, en ese caso, iremos a la fiesta, y le regalaramos algo que necesita, un desodorante, un talco para pies, un Efficient.
-         Excelente idea, la acompaño.
Pasaron unos dias y llegó el viernes, Lara y Jessica concurrieron al cumpleaños de Carlos Bossio, llevaron dos grandes paquetes como regalos. El agasajado concurrió a recibir a las invitadas.
-         Hola chicas, bienvenidas – les dijo Carlos.
-         Hola Carlos – dijo Lara – espero que te guste el regalo. Aca lo tenes, es de las dos.
Carlos abrió el paquete y para su sorpresa eran dos grandes paquetes de desodorantes para pies, de la marca Efficient. A Carlos le pareció una broma de mal gusto, y no pudo disimular su fastidio al ver el regalo.
-         ¿Qué significa esto, chicas?
-         Es para tus pies, para que huelen bien, Carlitos.



A las dos chicas Carlos les parecía un zopenco y le regalaron algo que era para el churrete. La fiesta transcurrió y pese a la evidente broma, las chicas la pasaron muy bien. Fue una fiesta muy extraña, las chicas se dieron cuenta que entre los invitados la mayoría de los hombres se llamaban Carlos y además, que en lugar de torta (o pastel) de cumpleaños, había un Queso. Un enorme y gigantesco Queso.
Un par de noches después, Lara se encontraba muy tranquila en su departamento y se echo a dormir como cualquier otro día. Cuando despertó, intentó moverse, pero estaba atada de pies y manos. Totalmente inmovilizada. De repente, vio como un enorme y gigantesco pie de hombre se poso sobre su cara. El olor a Queso de este pie era apestante, intenso y sofocante.
-         Espero que disfrutes del olor a Queso que tengo en los pies – era la voz de Carlos, de Carlos Bossio, Lara la reconoció inmediatamente – como verás no use ese polvo de mierda que me regalaste el otro día.
Lara intentó zafar pero no pudo, debió oler el pie de Carlos Bossio. Primero, el pie derecho, después el izquierdo.
-         Gracias Lara, seguramente te gusto mucho mi olor a Queso. Ahora le toca a tu amiga.


















Lara intentó volver a un costado y vio como su amiga Jessica, también estaba atada de pies y manos a la cama, sin poder moverse.
-         Jessica, tu amiga Lara ya disfrutó de mi olor a Queso, ahora llegó tu turno – le dijo Carlos Bossio. Carlos primero puso su pie derecho sobre la cara de Jessica y luego el izquierdo.
Finalizado el ritual de los pies, Carlos tomó un enorme cuchillo con los guantes negros con las que tenía envueltas sus manos, y les dijo a las chicas:
-         El otro día me jugaron una broma pesada, no sabían que se metían con un asesino serial. Soy el “Queson”, el asesino serial que apuñala chicas como ustedes y después les tira un Queso. Lo siento, pero ambas morirán.
Sin mediar ninguna palabra más, Carlos apuñaló salvajemente a las dos chicas, a una le dio como setenta cuchillazos, a la otra unos ochenta, al finalizar tomó un Queso, lo tiró sobre el cadáver de Lara y dijo en voz alta:
-         Queso.
Tras realizar esto, tomó otro Queso, lo tiró sobre el cadáver de Jessica y dijo en voz alta:
-         Queso.
Carlos Bossio se retiró del lugar con la misma impunidad con la que había llegado, pensando en quien sería su próxima víctima.

martes, 24 de diciembre de 2013

La chica que quería matar a Carlitos Tevez





Erase una vez una chica muy joven, de no más de veintidós o veintitrés años, cuyo nombre era Lorena. Era una chica rubia, muy bella, simpática, la novia que cualquier chico de esa misma edad quisiera tener. El problema es que esta chica no era como las demás chicas, en realidad era una psicópata, que tenía una extraña y enfermiza obsesión: deseaba asesinar a Carlos Tevez. Así de simple: quería matar a Carlitos Tevez, al “Apache”, al “Jugador del Pueblo”.


Lorena se imaginaba baleando a Carlos Tevez, acuchillándolo, decapitándolo con un hacha, ahorcándolo con una soga, matándolo a golpes con un bate de béisbol, darle a beber o a comer algo envenenado, cortándolo en dos con una sierra eléctrica, todos los ideas ideaba un plan diferente pero siempre el resultado era el mismo: deseaba asesinar a Carlos Tevez.
Un buen día Lorena, a quien de ahora en más llamaremos “la asesina”, decidió pasar a la acción. Se dirigió al mercado negro, y compró un arma con silenciador, a la que dotó de ocho balas. A continuación fue a una Quesería y adquirió la horma más grande que había de Queso Pategras, esos Quesos de cascara roja con agujeros.



Hechas esas dos compras, la asesina se dirigió a la concentración donde estaba el equipo donde jugaba Carlitos Tevez. “Cuando lo tenga frente a mí, le dispararé las ocho balas que tengo en el cargador y después tiraré un Queso sobre su cadáver” pensó la asesina.
La asesina estaba dispuesta a esperar a Carlos Tevez todas las horas que fuera necesario. Esa noche lo asesinaría. De repente, casi por arte de magia, Carlitos estaba frente a ella. La asesina, entonces, le dijo:
-         Carlitos, ¿Me firmas un autografo?
-         Claro, nena, ¿Cómo te llamas?


La asesina desenfundó el revolver y lo sostenía con unos guantes negros, mientras apuntaba hacia Carlitos. El futbolista se sobresaltó al ver a la chica que estaba dispuesto a asesinarlo. La asesina efectuó dos disparos, pero Carlitos logró salir ileso de los dos, a la vez que le dio dos golpes de piña a la chica. Ambas piñas Carlitos se la asestó directamente en la cabeza.
La asesina soltó el revolver, que Tevez lo agarró con sus manos.
-         ¿Me ibas a matar, nena? – le dijo Carlitos a la chica, a la vez que tomó el revolver y apuntó hacia la asesina – Lo siento, nena, pero no tengo elección. Ahora soy yo el que tiene el revolver.


Carlitos disparó y el balazo se incrustó directamente en la nuca de la asesina, que quedó muerta de inmediato. Tevez tomó el Queso que la asesina había llevado para tirarle y lo tiró sobre el cadáver de la chica que minutos antes había intentado asesinarlo.
-         Queso – dijo Carlitos.


Sin mediar otra palabra ni acción, Carlos se dirigió nuevamente hacia la concentración. Al parecer, nadie había visto el incidente-. Sus compañeros le preguntaron:
-         ¿Paso algo, Carlitos?
-     Nada, una loca que quería un autografo. Ya me la saque de encima. No va a molestar más.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Los asesinos de Wanda Nara



Parecía ser una noche como cualquier otra, aunque a diferencia de otras, Wanda Nara estaba en su casa, y no había salido como solía hacerlo habitualmente. Se encontraba en su habitación y todo indicaba que esperaba a alguien. Se escuchó el timbre de la puerta. La señora Felicitas, una mujer de unos cuarenta y pico de años, la ama de llaves, abrió la puerta sin preguntar, y frente a ella había dos hombres muy altos. 


Uno, de cabello oscuro, muy robusto, debía medir más de dos metros y calzaba cincuenta, tenía unos pies más que grandes, gigantescos. El otro, también era muy alto, debería medir un metro noventa y tres, era rubio y menos robusto, con pies tambien grandes, debería zapatillas talle cuarenta y siete u cuarenta y ocho. Tenían todo el aspecto de ser basquetbolistas. Además estaban vestidos de basquetbolistas, uno, el más alto, con la casaca de Quimsa y el otro, el menos alto, la de Gimnasia Indalo. Eso sí, los dos tenían guantes negros en sus manos y no llevaban medias.


-         Buenas noches – dijo el más alto – mi nombre es Carlos Matías Sandes, el es mi compañero Carlos Leonel Schattmann. Somos los dos Quesones...
-         Mucho gusto – acotó Schattmann – somos los basquetbolistas, los Quesones, que la señora Wanda Nara mando llamar.
-         Es cierto – dijo el ama de llaves – la señora los estaba esperando. Dice que siempre quiso tener sexo con basquetbolistas, lo que no sabía es que venían dos, creía que iba a venir uno solo.
-         Bueno, somos dos. Ella elegirá con cual de los dos tiene sexo – le contestó Carlos Matías Sandes.
-         Adelante, señores, pasen.


Los dos basquetbolistas ingresaron al departamento y junto con ellos, cada uno, entro dos enormes hormas de Queso, una de Queso Gruyere, otra de Queso Emmenthal. Eran dos hormas gigantescas. Al ama de llaves le sorprendió ver esos dos Quesos y preguntó:
-         Disculpen señores, pero que significan esos dos Quesos.
 -    Dos Quesos. Mi compañero es Queson y yo también - dijo Sandes.
-         Son regalos para la señora Wanda Nara – dijo Schattmann - ¿Los podemos dejar sobre la mesa?
-         Si, dejenlos ahí. ¿Y ese otro paquete? – preguntó el ama de llaves. 
-         Es otro regalo para la señora Wanda – contestó Sandes.
-         Le avisará a Wanda que estan ustedes aca.


En pocos minutos, Wanda Nara apareció en el lugar, detrás de ella la ama de llaves. La botinera estaba más que eufórica al tener frente a ella a dos basquetbolistas.
-         ¡Hola! ¡Como me gusta que sean dos y uno los que han venido! ¿Cuáles son sus nombres?
-         Nos llamamos los dos Carlos – contestó Carlos Matías Sandes – yo soy Carlos Matías Sandes, y mi compañero, Carlos Leonel Schattmann. Sin embargo, a los dos casi todos nos dicen por nuestros segundos nombres, para todos el es Leo y yo Mati. Aunque me dicen "el Queson".
-    ¿Y a él?
-    También.
-         Bueno, chicos, yo los llamaré por su primer nombre. Vos por ser el más alto, vas a ser Carlos – dijo señalando a Sandes – y a vos, te voy a decir Carlitos – le dijo a Schattmann.
-         Muy bien, da lo mismo – dijo Schattmann – lo importante es que nos divertamos mucho está noche.
-         ¿Con cual de los dos querés tener sexo? Con los dos a la vez va a ser muy difícil... aunque no imposible.
-         La verdad que no sé, los dos son lindos, altos y patones. ¿Vos a quien elegirías? ¿A Carlos o a Carlitos? – le dijo Wanda al ama de llaves.
-         Elíja usted. Yo me a mi habitación. Cuando uno tenga sexo con usted, mandame al otro, para que tenga sexo conmigo. También tengo derecho a divertirme – fue la respuesta del ama de llaves.
-         ¿Están de acuerdo, Carlos y Carlitos? – le preguntó Wanda a los dos basquetbolistas.
Sandes y Schattmann asintieron con la cabeza. Carlos Matías Sandes dijo entonces:
-         No se que pensas vos, Wanda, pero te proponemos lo siguiente. Ole los pies de los dos. Y el que tenga más olor a Queso, ese tendrá sexo con vos.
-         Me parece una excelente idea – dijo Wanda – me pondré en ese sofá, así huelo los pies de los dos Carlitos. Primero vos Carlos, y después que venga Carlitos.
-         Muy bien – dijo Carlos Matías Sandes – y en forma inmediata puso su gigantesco pie derecho sobre la cara de Wanda.



La chica apenas podía aguantar el olor a Queso tan apestante, sofocante e intenso que tenía Sandes, pero lo hizo. Después Carlos Matías Sandes puso su otro pie, el izquierdo. Cuando Sandes terminó, le llegó el turno a Schattmann. Este repitió el ritual, primero el derecho, después el izquierdo. A cualquier persona normal el olor a Queso de Carlos Schattmann le hubiera parecido apestante, pero comparado con lo de Sandes, parecía un Queso suave. Mientras Wanda Nara olía los pies de Schattmann, y sin que ella pudiera verlo, Carlos Matías Sandes se dirigió hacia la mesa y tomó con sus dos manos, enfundadas en guantes negros, un machete. Esos cuchillos largos, gruesos y filosos que Jasón usaba en la saga de “Friday the 13th”. Con el machete en sus manos, comenzó a acercarse a donde estaba Wanda.
De repente, Schattmann sacó su pie izquierdo de la cara de Wanda, la chica, entonces, preguntó:
-         ¿Ocurre algo Carlitos?
Carlos Matías Sandes decapitando a Wanda Nara
No terminó de decir eso, cuando Sandes descargó el machete sobre el cuello de Wanda Nara. El corte fue profundo, pero fueron necesarios otros machetazos para producir la decapitación. Finalmente, logró cortarle la cabeza, así fue asesinada Wanda Nara.
Carlos Leonel Schattmann contempló como su compañero asesinaba a la chica, y cuando hubo terminado, se dirigió hacia la mesa, tomó el Queso, lo tiró sobre el cadáver decapitado de Wanda y dijo en voz alta:
-         Queso.

Carlos Matías Sandes le dijo entonces a Carlos Leonel Schattmann:
-         Vamos a tener que asesinar también al ama de llaves.
-         A Wanda la mataste vos y yo le tiré el Queso, hagamos lo mismo, pero al reves, yo mato al ama de llaves y vos tirale el Queso.


Schattmann tomó entonces otro machete y Sandes tomó el otro Queso. Juntos se dirigieron a donde estaba el ama de llaves, que asustada a ver a los dos basquetbolistas comenzó a gritar:
-         ¿Qué pasa? ¡Socorro!
Schattmann descargó entonces el machete sobre el cuerpo de la mujer y la mató a machetazos. Sandes tomó el Queso, lo tiró sobre el cadáver del ama de llaves y dijo en voz alta:
-         Queso.
Los asesinos habían terminado la faena, por la cual recibirían unos cuantos millones de pesos, Sandes entonces tomó su celular y mandó un mensaje que decía: “Objetivo cumplido”. Los asesinos abandonaron el lugar en forma tan misteriosa como habían llegado.
- Hemos cometido un excelente trabajo. Va a estar muy contento Maxi López - dijo Sandes - Esto de alternar nuestros roles de "Matamujeres" y "Tiraquesos" ha funcionado muy bien.
- Sí, lo veníamos haciendo en crímenes anteriores y ahora hemos consolidado ese estilo. Somos dos excelentes Quesones - dijo Schattmann.
- Ninguna duda. Veremos a que mujeres tenemos que asesinar de ahora en más.



Al día siguiente los medios titularon la noticia "Wanda Nara decapitada por Queson. Le cortaron la cabeza con un machete y le tiraron un Queso".


Tiempo despues, dos enormes estatuas de basquetbolistas con machetes ensangrentados comenzaron a ser mostradas en los prestigiosos museos de "Madame Tussauds" y cuenta la leyenda que todos los señalaban como las estatuas de "Carlos Matías Sandes y Carlos Leonel Schattmann, los dos Quesones, los basquetbolistas asesinos que asesinaron a Wanda Nara".




martes, 10 de diciembre de 2013

El regreso de Jack el Destripador

Hace muchos años,  la ciudad de Londres se vio conmocionada por los crímenes de Jack el Destripador, que asesinó y mutiló a cinco prostitutas. Más de ciento veinte años despues, la capital británica volvió a ser escenario de crímenes similares. Solo que esta vez ya no era "Jack" sino "Carlos". Un joven español, Carlos Alberto García Cabrera, se radicó en Londres, cerca de Marble Arch, y una noche salió disfrazado de Jack el Destripador. Compró el disfraz en una tienda a unas pocas cuadras de Piccadilly Circus. 


A Carlos le gustó mucho el disfraz y por eso decidió entonces comprar un cuchillo. Fue a una cuchillería, ubicada cerca del Covent Garden. Para su sorpresa no le gusto un solo tipo de cuchillo, había por lo menos cinco enormes, largos y filosos cuchillos. A Carlos le gustaron los cinco, compró entonces los cinco.
Carlos fue entonces a Harrod's, más precisamente al sector de la tienda donde venden alimentos, el único lugar de Londres donde se pueden comprar grandes Quesos, como los que se ven en el continente, en países como Holanda o Suiza. Carlos compró varios de esos Quesos. Regresó entonces a su departamento. Seleccionó uno de los Quesos y uno de los cuchillos, el más largo, y vestido de Jack el Destripador, salió a matar, en el sentido real de la palabra. No fue díficil encontrar una prostituta. Todo lo contrario. Comenzó una nueva y sanguinaria serie de crímenes. Sería aburrido relataros estos crímenes. Diremos que Carlos las asesinó a todas con un enorme cuchillo, las apuñaló salvajemente, con profundas heridas en la garganta, el pecho y el estomago. Pero la gran diferencia con los crímenes de Jack el Destripador, consistió en que en los de Carlos, sobre cada una de sus víctimas siempre aparecía un Queso. Un enorme y gigantesco Queso.

Carlos, el Gigolo Asesino y Queson



Una noche, Juana estaba acostada con Carlos Maturana, un famoso gigoló de Andalucía. Se trataba de un joven muy bello, que había sido Mr Universo Mundial, alto y patón, irresistible para cualquier mujer. Carlos tenía muchas clientas pero Juana era quizás su preferida. Tras tener sexo, Juana le dijo a Carlos:
-         Carlos, ¿Te gustaría ganar un dinero extra?
-         Tendría que ser una suma muy alta, la verdad que últimamente estoy ganando muy buen dinero.
-         Estamos hablando de veinte mil euros, por solo un trabajo.
-         Bueno, siendo así, no me podría negar, veinte mil euros es una suma para no despreciar – fue la respuesta de Carlos y en tono de broma añadió - ¿A quien hay que matar?
-         Es que de eso se trata Carlitos, de asesinar a alguien.
-         ¿Me estás hablando en serio, Juana?
-         Por supuesto, Carlos. Un asesinato es algo muy serio.
-         ¿Veinte mil euros, y a quien debería asesinar?
-         ¿Recuerdas a Carmen?
-         Carmen, ¿Cuál? ¿La de Triana, la de la Almudena?
-         La de Triana, a ella me refiero, te pago veinte mil euros si la asesinas.
-         Acepto – dijo Carlos – siempre quise ser Queson. Por algo me llamo Carlos, sabía que esto iba a ocurrir tarde o temprano.
-         ¿No tienes problemas entonces en cometer el crimen’
-         De ninguna manera, la de Triana es una de mis clientas, mañana la visitaré y entonces ahí la asesinaré. Debo conseguir un buen cuchillo y un enorme Queso.
Al día siguiente, Carlos, el gigoló, concurrió a visitar a Carmen, la de Triana, una de sus clientas, fue con un Queso y un cuchillo. Carlos, como siempre, se desnudó ante sus clientas, pero esta vez el desnudo no fue total, el gigoló aún tenía unos guantes negros en sus manos.
-         ¿Porqué no te has sacado los guantes, Carlos? – preguntó la de Triana.
-         Es parte del juego, Carmen – contestó Carlos – aquí tienes mis pies, me gustaría que los huelas.
-         Debes tener un gran olor a Queso.
-         Eso es precisamente lo que más le gusta a mis clientas, mi olor a Queso. Es bien de macho tener olor a Queso.
Carlos levantó su pierna y puso su pie derecho sobre la cara de Carmen, el olor era realmente apestante e intenso. La mujer, aunque apenas podía aguantar la fragancia a Queso, olió los pies de Carlos, los lamió, los besó y los chupó. Primero el pie derecho, luego el izquierdo. Cuando terminó, la mujer preguntó:
-         ¿Y ahora, Carlos?
-         Morirás asesinada – Carlos sacó un enorme cuchillo y se tiró sobre la mujer. Le dio más de cuarenta puñaladas. Al finalizar tomó un enorme Queso Gruyere, lo tiró sobre la víctima,y dijo en voz alta:
-         Queso.


Al dia siguiente, mientras toda Andalucía estaba estupefacta y conmocionada por el crimen, Carlos Maturana visitó a Juana, su clienta.
-         Es hecho un excelente trabajo, Carlos, no solo te has ganado en buena ley los veinte mil euros, sino también ese Queso, un Queso bien grande, que podrás comer y disfrutar, con lo que a vos te gusta el Queso.
-         Carlos se acercó a Juana y la besó en la boca, la mujer lo agarró y comenzaron a besarse en forma muy intensa, tanto que la chica no se dio cuenta que Carlos tenía un cuchillo en sus manos. O mejor dicho, cuando lo advirtió, Carlos ya le había clavado el cuchillo en el corazón. Siguieron otras puñaladas, tantas o más que las que Carlos le dio a Carmen, la noche anterior. Al finalizar, Carlos tomó el Queso, lo tiró sobre la víctima,y dijo en voz alta:
-         Queso.
Abandono el lugar mientras toda Andalucía ya le había puesto nombre al “Gigoló asesino”, el “asesino del Queso” o simplemente “Carlos, el Queson”. Este fue solo el comienzo de una larga y sanguinaria carrera criminal, con más de un centenar de víctimas distribuidas a lo largo y a lo ancho de toda Europa.

Sabado Sangriento en París



Aún en tiempos de crisis, muchos españoles viajan los fines de semana a París. La capital francesa tiene una fascinación sobre todos y no hay nadie en el mundo que se pueda resistir a sus encantos. Por eso a nadie le llamó la atención que Juan y Concepción, dos enamorados, visitaran la ciudad de Edith Piaff y Maurice Chevallier. A nadie le importaba que Juan y Concepción estuvieran casados, pero no entre si, sino con otras personas que se habían quedado en España. Los dos inventaron una excusa para escaparse a París y al parecer habían tenido éxito.
Juan y Concepción habían alquilado un piso cerca de la Gare de Saint Lazare para pasar allí tres días. París tiene muchos encantos, podrían haber recorrido la Place Vendome o la Concorde, visitar Notre Dame, subir a la Torre Eiffell o caminar por Champs Elysee. Pero Juan y Concepción prefirieron quedarse en el piso disfrutando del sexo. Primero el placer, después recorrer París.
-         Podríamos haber ido a Champs Elysee – le dijo Juan mientras estaban acostados.
-         No importa, mañana recorreremos bien la ciudad, además nos quedamos hasta el lunes, hay tiempo de sobra – contestó la chica.
-         Lo que sí voy a hacer es ir al baño a darme una buena ducha. Para después salir, estamos muy cerca de las Galerías Lafayette.
-         Muy bien Juan, yo también empezaré a vestirme para salir.
Juan fue al baño y comenzó a ducharse. El ruido de la ducha era muy fuerte. Concepción comenzó a vestirse para salir cuando, de repente, le pareció ver a un hombre reflejado en el vidrio, ¿Juan había salido tan rápido del baño? La chica se dio vuelta muy rapido y para su sorpresa frente a ella estaba Carlos García Santander, su esposo.
Carlos estaba vestido de negro, con una chaqueta, polera, pantalones y guantes de ese color, la apuntaba con un revolver de largo calibre con silenciador. La chica estaba aterrorizada y solo atinó a decir:
-         ¿Qué haces aca, Carlos?
-         Vine a asesinarte, prefiero ser viudo y no cornudo.
Carlos no terminó de decir esto cuando efectuó el primer disparo, realizó otros hasta sumar nueve, vaciando el cargador. La chica cayó muerta, ensangrentada, sobre la cama con balazos en todo el cuerpo. Carlos abrió una valija que tenía, sacó un Queso de la misma y en voz alta dijo:
-         Queso.
Carlos tiró entonces el Queso sobre el cadáver de su víctima. El asesino abandonó el dormitorio y pareció dirigirse hacia el baño para ejecutar a Juan, que permanecía debajo de la ducha, sin escuchar nada. Pero Carlos siguió de largo, abrió la puerta y se fue del lugar.
Mientras tanto, Juan salió del baño y mientras se dirigía hacia donde estaba Concepción, preguntó:
-         ¿Ha ocurrido algo, Conchita? Me pareció escuchar una voz.
Cuando llegó al dormitorio para su sorpresa vio el cadáver de su amante, desesperado salió a buscar ayuda, pero le fue muy difícil dado que no sabía francés. La sureté lo detuvo y lo considero principal sospechoso del homicidio. Todo indicaba que Juan permanecería un largo tiempo en Francia y debería conseguir algún buen abogado que supiera español, y el por supuesto, debería aprender francés.
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