miércoles, 1 de mayo de 2013

La cena de los Carlos asesinos




Un hombre de unos treinta y pico de años, de cabellos negros, muy alto, de un metro noventa y cinco de altura, muy bien vestido con un traje gris oscuro y enormes zapatos negros, de un talle cercano al cincuenta, tocó el timbre en una vieja pero elegante casa en algún barrio de la zona norte de la ciudad. No tardaron en abrirle la puerta y quien lo hizo era otro joven, también alto, de pelo castaño, vestido como mayordomo, que muy sonriente le preguntó:
-    ¿El señor Carlos Bossio?
-    Sí, soy Carlos Bossio. ¿Cómo adivino mi nombre? – preguntó Bossio sorprendido.
-    Muy fácil – dijo el mayordomo – es el último de los invitados que faltaba llegar. Adelante. Somos tocayos. Mi nombre es Carlos, Carlos “Charlie”Elder, y soy el asistente de Carlos Calvo, el dueño de casa.
Carlos Bossio ingresó a la casa y comenzó a caminar por un pasillo. Llegó al salón donde estaban los demás invitados, unos siete hombres, todos muy altos, y bien vestidos. Ninguno medía menos de un metro y ochenta y ciento, y todos calzaban zapatos de tallas grandes. Ninguno de los invitados usaba un número inferior al cuarenta y cinco.
-    Señores invitados, acaba de llegar Carlos Bossio, el último de los invitados – anunció Carlos, el mayordomo.
Los invitados comenzaron a darle un apretón de manos a Bossio a la vez que se presentaban uno a uno.
-    Mucho gusto, señor Bossio. Soy Carlos Eisler, modelo, ellos son Carlos Machado Mattesich y Carlos “Charly” Reich, también modelos – dijo uno de los invitados, un muchacho flaco y alto, que a la vez señaló a dos invitados más.
-    Yo soy Carlos Delfino, basquetbolista – dijo el más alto y patón de todos los invitados.
-    ¿Vos jugas en la NBA? – preguntó Bossio.
-    Sí, soy yo. El “Lancha” Delfino, de la selección de básquet. ¿Vos sos “Chiquito” Bossio, verdad? Aquel arquero del gol a Racing...
-    Sí, soy yo, ¿Hay algún otro deportista famoso en esta reunión? – preguntó Bossio.
-    Yo, el “Nacho” Fernández Lobbe, figura del rugby, aunque mi nombre legal es Carlos Ignacio. Jugué en Los Pumas durante muchos años.
-    ¿Todos nos llamamos Carlos? – dijo intrigado Bossio - ¿Vos también te llamas Carlos? – y señaló al único invitado que aún no se había presentado.
-    Por supuesto, parece ser una convención carlista. Soy Carlos Fabián Melia – contestó el muchacho con un tono de voz y unos modales que evidenciaba su condición de gay – pero no soy deportista, sino promotor del turismo gay en el país y las Américas.
-    ¡Qué extraño es todo esto! – dijo Fernández Lobbe – Todos nos llamamos Carlos, ¿Para que nos convocaron a esta reunión? ¿Qué significa todo esto? ¿Es acaso un juego?
El jugador de rugby no terminaba de decir esto cuando una voz le contestó:
-    Ahora lo sabrán, Buenas noches a todos, soy Carlos Calvo, el que los convocó a la reunión. Los invito al salón para sentarse y disfrutar de una buena comida.
El dueño de casa era un hombre mayor, de unos cincuenta y pico largos, que estaba sentado en una silla de ruedas, que era conducida por el mayordomo. Todos, el anfitrión, el mayordomo y los invitados ingresaron al comedor y se sentaron en la mesa. El mayordomo tomó unas enormes bandejas, todas con una enorme variedad de Quesos, y comenzó a servirle a los invitados. Luego les ofreció bebidas, que todos los invitados aceptaron sin problemas.
-    Bueno, nos conocemos todos, ¿Verdad? Carlos “Chiquito” Bossio, arquero de fútbol; Carlos Ignacio “Nacho” Fernández Lobbe, rugbier; Carlos el “Lancha” Delfino, basquetbolista; Carlos “Charly” Reich, Carlos Eisler y Carlos Machado Mattesich, modelos; Carlos Melia, promotor del turismo gay; y por supuesto, mi fiel ayudante, Carlos “Charlie” Elder, también jugador de rugby; y quien les habla, Carlos Calvo. No es casualidad que todos los hombres que estemos en este salón nos llamemos Carlos. Está bien que Carlos es el nombre más popular del mundo. Recuerdo que en mi clase eramos veintincinco alumnos y doce nos llamábamos Carlos...
-    A mí me pasó algo parecido. En mi Córdoba natal, en el barrio donde yo vivía, nos llamábamos todos Carlos – acotó Bossio – por eso cuando jugaba en Estudiantes, donde de once jugadores titulares había tres Carlos, empezaron a llamarme Chiquito.
-    Mi mamá contaba que cuando yo nací – dijo Delfino – hubo diez nacimientos de varones en Santa Fe y a nueve le pusieron Carlos. Yo mismo, soy la quinta generación de Carlos en mi familia. Todos nos llamamos Carlos...
-    Seguramente todos tenemos anécdotas parecidas – dijo Calvo, retomando la conducción de la conversación – han sido llamados porque todos se llaman Carlos. Quizás muchos me conozcan, no por mi nombre original, que es Carlos Calvo, sino por mi seudónimo, que es Charly Quesada.
-    Claro, usted escribió muchas novelas de misterio, suspenso y ciencia ficción, ¿Verdad? – dijo Carlos Melia, el promotor de turismo gay – Yo leí unas cuantas, las que me gustaron son “El hombre que vino de Venus” y “El heredero del trono de Kapulnattar”.



-    Exacto, veo que me conocen – dijo Calvo – pero como ya habia un actor famoso, Carlín, que tenía mi nombre, me iban a confundir con él, y por eso adopte el seudónimo de Charly Quesada.  Hoy, como ven, estoy muy enfermo. Los médicos dicen que puedo recuperarme y vivir aún muchos años, pero yo creo que estoy en la última etapa de mi vida. Por eso los convoque. Pienso escribir mi última novela, mi obra maestra, mi obra cumbre. Una historia que tenga como eje principal el crimen perfecto.
-    ¿Crimen perfecto? – preguntó Carlos Eisler.
-    Sí, para mí el crimen perfecto es aquel donde no existe vínculo entre la víctima y el asesino, al no haber un móvil la investigación no puede conducir a ningún lado. Esto lo saqué de “Extraños en un tren” una película de Hitchcock de 1951. Por eso los convoque a ustedes.
-    ¿Convocarnos? – dijo Carlos Delfino - ¿Qué tenemos que ver en todo esto?.
-    Un plan simple – contestó Calvo – ustedes serán los asesinos. Cada uno de ustedes ejecutará a una mujer. Siempre dije me erotizaron los asesinatos donde el asesino es un hombre y la víctima es una mujer. Recibirán por supuesto una buena paga...
-    ¡Pero es que acaso piensa que puedo aceptar semejante ofrecimiento! ¡Hacer algo tan abominable como un asesinato! ¡Yo me voy de aca! – dijo Fernández Lobbe mientras se levantaba de la mesa. Los demás invitados también parecían tener reacciones de sorpresa e indignación, salvo Bossio y Delfino, que muy tranquilos siguieron masticando el Queso que tenían en sus bocas. Calvo, sin mosquearse siquiera, tomó una carpeta y se la entregó a Fernández Lobbe diciéndole:
-    Señor Carlos Ignacio Fernández Lobbe, ¿La noche que asesinó a su esposa también pensó que el crimen era algo abominable? ¿Y usted, señor Melia, también pensó de la misma manera cuando asesinó a su tía?
Grande fue la sorpresa de todos los invitados al escuchar las palabras de Calvo. Fernández Lobbe, sentándose nuevamente, preguntó:
-    ¿Cómo sabe usted?
-    Se muchas cosas sobre ustedes. Todos han cometido algún crimen y la víctima fue una mujer. Los he investigado muy bien. Todos ustedes han incursionado en el crimen perfecto, pues la policía quizás no pudo descubrirlos, menos la justicia en un país bananero como es este, pero alguien investigó los hechos y ese fui yo.
El mayordomo repartió las carpetas a cada invitado. Todos pudieron leer los informes sobre los crímenes que habían cometido. Fernández Lobbe había asesinado a su mujer a puñaladas en lo que para la policía fue un secuestro extorsivo. Carlos Melia había ejecutado a balazos a una tía política para cobrar una herencia, Charly Reich había hecho lo mismo pero con la esposa de su padre. Carlos Eisler había asesinado a una antigua novia suya a puñaladas, luego que esta intentara extorsionarlo. Carlos Machado Mattesich, por su parte, también mató a cuchilladas a una mujer, aparentemente en un acto de defensa propia, luego de que intentaran asesinarlo. Delfino había degollado a la madre de una estudiante en Santa Fe, a pedido de la chica, y luego degolló también a la chica. Bossio, por su parte, se vengó de una chica que lo había engañado sentimentalmente y también mató a la mejor amiga de esta.



-    ¿Es esto una extorsión? – dijo Charly Reich.
-    De ninguna manera – contestó Calvo, siempre con tranquilidad – esto es un juego, donde ustedes serán los asesinos, no lo harán gratis claro. Tengo una gran fortuna, no tengo hijos y no deseo que mi dinero y mis bienes queden para el estado. Por eso la repartiré entre ustedes. Cada uno recibirá quinientos mil dólares por cometer un crimen. A cambio, claro, deberán darme por escrito, a través de un mail, un informe detallado de cada asesinato que cometan. Habrá un premio especial, unos quinientos mil dólares más, para aquel que cometa el mejor de los ocho crímenes. O sea que uno de ustedes ganará un millón de dólares.
-    ¿Ocho? ¡Somos siete! – dijo Delfino.
-    Son ocho. Carlos Elder, mi mayordomo, también será uno de los asesinos.
El mayordomo expresó su conformidad con lo dicho por Calvo, que continuó diciendo:
-    ¿Alguno desea no participar de este juego?
-    ¿Quiénes serán las victimas? – preguntó Fernández Lobbe.
-    Todas mujeres. Aca están los nombres y un pequeño informe sobre su vida para que las puedan asesinar mejor – contestó Calvo señalando unos sobres donde figuraban los nombres de las víctimas – si aceptan, cada uno debe agarrar un sobre. Ahí estan los nombres de la víctima. Me gustaría que abran el sobre así los demás nos enteramos sobre quienes serán sus víctimas.
Sin decir palabra alguna, Bossio agarró uno de los sobres, lo abrió a la vista de los invitados e informó sobre el nombre de su víctima.
-    Ingrid Grudke – dijo Carlos Bossio.
-     Muy bien señor Bossio – dijo Carlos Calvo - ¿Y usted, señor Delfino, acepta tomar parte del juego?
La respuesta de Delfino fue tomar un sobre, que abrió y entonces dijo, sorprendido:
-    ¡Valeria Mazza! ¿Debo asesinar a Valeria Mazza? Ese sí es un desafío muy importante, me encanta...
-    Me gusta que haya reaccionado de esta manera, señor Delfino – dijo Calvo – veo que Bossio y Delfino están más que entusiasmados ante los asesinatos que cometerán. ¿Los demás invitados forman parte del juego?
-    Sí – dijo Fernández Lobbe, a la vez que tomó otro sobre y tras abrirlo dijo – Viviana Canosa. Voy a asesinar a Viviana Canosa.
Los demás también tomaron sus sobres. Carlos Melia recibió con sorpresa y entusiasmo que la mujer a la cual debía asesinar era Claudia Schiffer. Carlos “Charly” Reich a Nicole Neumann. Carlos Eisler a Liz Solari, Carlos Machado Mattesich a Adriana Lima y Carlos Elder a Rocío Marengo.
-    Muy bien, sabía que expondrían alguna resistencia, pero que todos terminarían aceptando. Se llaman Carlos y saben cual es su deber en el mundo. Cada uno tendrá total libertad sobre la forma en que asesinarán a estas mujeres. Elegirán el arma y la manera en que las ejecutarán. Hoy es 30 de abril. Ningún crimen podrá ejecutarse más alla del 30 de mayo. Tienen un mes para cometer los asesinatos. Pero además hay algo más...
-    ¿Qué más? – preguntó Delfino, que pensó ¿No es suficiente ya tener que asesinar a Valeria Mazza?
-    Los Quesos. Cada uno de ustedes deberá arrojar un Queso sobre las cadáveres de sus víctimas. Estos asesinatos deberán tener una marca, un sello distintivo, como los que planeaba Narciso Ibáñez Menta en el “Pulpo Negro” y ese sello será el Queso – dijo Calvo.
-¿Además de asesinarlas tendremos que tirarles un Queso a estas chicas? – preguntó Melia.
-    Sí, era una antigua costumbre de algunos pueblos bárbaros. A las mujeres que eran condenadas por algún delito grave como asesinato, adulterio, robo, infidelidad o traición las ejecutaban y les tiraban un Queso. Y los verdugos que las ejecutaban se llamaban Carlos... Por eso los convoque, no fue un capricho que todos ustedes se llamaran Carlos, señores...




-    ¿Y qué Queso tendremos que tirar? – preguntó Reich.

-    Estos Quesos – dijo Carlos, el mayordomo, señalando una mesa donde había ocho Quesos, un Gruyere, un Emmenthal, un Fontina, un Pategras, un Maasdam, un Parmesano, un Reggianito y un Gouda. Por sorteo cada uno de ustedes se llevará uno de estos Quesos y ese será el Queso que deberán arrojar a sus víctimas.
Se realizó el sorteo. A Carlos Bossio le tocó el Queso Gruyere y a Delfino el Emmenthal; Fernández Lobbe recibió el Maasdam y Elder el Fontina; Reich el Pategras, Eisler el Parmesano, Melia el Reggianito y Machado Mattesich el Gouda. Cada uno tomó el Queso y juraron cumplir con el plan convenido. Los Carlos se retiraron del lugar...
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