lunes, 29 de julio de 2013

Telón para el Basquetbolista Asesino



Luis Scola salía del entrenamiento del basquet cuando una chica lo sorprendió mientras se dirigía al estacionamiento. Era una muchacha joven, muy bien vestida, Luis creyó reconocerla, era muy parecida a Martina Cortese, la esposa de Carlos Delfino. La chica le pidió un autografo, el basquetbolista accedió con gusto, y la chica entonces lo convido con un caramelo. Luis sonrió, se despidió de la chica, mientras se alejó del lugar chupando el caramelo que su admiradora le había dado. Al llegar al auto, se sentó, y empezó a sentir mucho sueño, demasiado sueño, parecía como que todo le daba vueltas, tanto, que cerró los ojos y se quedó totalmente desvanecido.


El basquetbolista perdió totalmente la noción del tiempo. Finalmente, cuando volvió en sí, para su sorpresa, estaba acostado en una cama, con sus manos y piernas atadas. Sus enormes pies – imaginemos Luis Scola mide más de dos metros y debe calzar un cincuenta – estaban descalzos sobresaliendo de la cama. El basquetbolista intentó moverse y salir de ahí, pero no pudo, estaba totalmenta atado, no podía dar un solo movimiento.



De repente, frente a él, apareció una muchacha. Una chica joven, muy bella, vestida de blanco, con unos guantes negros que le cubrían las manos. Luis intentó hablar pero no pudo, estaba amordazado. La que sí habló fue la chica.
- Buenas noches, Luis Scola. Se que sos el basquetbolista asesino. Mataste a Valeria Mazza y a todas las demás. Debo vengar esas muertes. Por eso estas aca. Serás ajusticiado por los crímenes que cometiste.


Scola era inocente. No sabía quien era el basquetbolista asesino. Luis sospechaba de su compañero de seleccionado, Carlos Delfino, pero no tenía ninguna prueba. Quería probar su inocencia, pero era imposible. Estaba amordazado, atado, no podía hablar ni moverse.
La chica tomó una pluma y comenzó a hacerle cosquillas en los pies a Luis Scola. Lo torturó de esa manera durante un buen rato. Sobre el costado de la cama, donde estaba atado Luis Scola, había un enorme Queso Gruyere, era una horma realmente gigantesca, muy grande. La chica, la asesina, empezó a decirle a Scola:
- Asesino de Valeria Mazza, asesino de Julieta Prandi, asesino de Silvina Luna, asesino de Zaira Nara, asesino de Leticia Bredicce. Las mataste a todas con tu espada samurai. Ahora te ejecutaré, basquetbolista asesino. Les tiraste un Queso como ese (y la asesina señaló el Queso), pero ahora llegó el turno de la venganza.


Luis quería gritar su inocencia, pero no podía hacerlo, y contemplaba con terror y espanto, que la chica estaba dispuesto a ejecutarlo. La chica tomó una bolsa transparente y la colocó sobre la cabeza de Luis Scola.
- Morirás asfixiado y estrangulado, Luis Scola, espero que los títulos de los diarios digan, “Basquetbolista ahorcado por una mujer”.

La asesina tomó una cuerda y la pusó sobre el cuello del basquetbolista, empezó entonces a apretarle el cuello. El muchacho intentó resistir como podía, era muy difícil, maniatado y amordazado, parecía no tener escapatoria alguna, pero dotado de una gran fuerza, propia de alguien que mide más de dos metros y calza cincuenta, lucharía lo imposible.




Ocurrió casi por arte de magia, que se abrió la puerta de par en par, y entró una enorme figura masculina al lugar. La asesina dejó de apretar el cuello de Luis, que aún vivía, y sintió un alivio al ver que la chica ya no estaba estrangulándolo.
Aunque estaba muy débil, Scola reconoció al hombre que había entrado a su habitación. Era Carlos Delfino, su compañero de equipo. La chica parecía aterrorizada al ver entrar al basquetbolista. Delfino tenía una enorme espada samurai en sus manos y con la misma, arrinconó a la chica. Carlos le dijo:
- Martina, ¿Vas a matar a Luis Scola?.
- Pensé que era el basquetbolista asesino, sabía que si no lo mataba, yo sería su próxima víctima.
- Yo soy el basquetbolista asesino – dijo entonces Carlos Delfino – lamentablemente no quería asesinarte, asesiné a todas las demás chicas, pero a vos no pensaba hacerlo. Sos mi mujer, sos la madre de mis hijos. ¿Porqué debo asesinarte? Es una terrible ironía del destino. Pero siento que si no lo hago, vos me vas a matar a mí. No tengo escapatoria.



No hubo más palabras, Carlos Delfino tomó la espada samurai y decapitó a Martina Cortese. Luis Scola, aún débil, contempló como el basquetbolista asesinaba a su esposa. Carlos tomó el Queso, el Queso que Martina pensaba tirarle a Scola, y lo tiró sobre el cadáver de la chica. Entonces, dijo en voz alta:
- Queso.
Carlos entonces colocó la espada samurai sobre la pared, y empezó a desatar a Luis Scola. Este, sorprendido y con miedo a la vez, miraba a su compañero. Le dijo:
- ¿Me vas a matar con esa espada samurai? Prefiero que me sigas estrangulando.
- Quedate tranquilo, Luis, soy un asesino de mujeres, no asesino hombres. Te salve la vida. Me quede viudo, sí. Pero te salve la vida. Mi mujer iba a asesinarte. Estaba confundida, penso que vos eras el asesino. Pero el asesino siempre fui yo.
- ¿Qué vas a hacer ahora, Carlos? – dijo Luis ya desatado, y suelto de todas las ataduras, mientras se sentaba en la cama.
- Me entregueré a la Policía. Diré la verdad, que yo asesiné a todas esas chicas. Que soy el Queson. No me queda otra. Es el destino.
- ¿Porqué las mataste?
- No lo sé. Al parecer, en una vida anterior, en Japón, hace trescientos años, era un guerrero samurai, que servía al emperador. Me llamaba Karorosu, que significa Carlos en ese idioma. 
Un día regresé a mi casa, y descubrí que mi mujer era lesbiana, que me engañaba con la mucama. Tomé entonces la espada samurai y le corté la cabeza a las dos. Debieron condenarme a muerte por eso. Pero el emperador me perdonó, a cambio, me convertí en un asesino profesional que decapitaba mujeres infieles. Cuando algún honorable japonés deseaba deshacerse de su esposa, yo me hacía cargo. Un buen día me embarqué rumbo a China, pero el barco se hundió, y mi cuerpo nunca apareció. Se dijo entonces que no morí, sino que mi espiritu permaneció errante por los siglos de los siglos, hasta que me reencarné en Carlos Delfino, basquetbolista. Asi es la cosa.




- Increíble Carlos. Acabas de asesinar a tu esposa y me estás como si nada. Me contas esta historia como si estuviéramos en un bar.
- Sabía que tarde o temprano iba a ocurrir. Era el destino. Mi destino de Queson debía cumplirse y ocurrió.
Al día siguiente Carlos se presentó ante la policía, dijo sin más:
- Soy el Queson. Soy el Basquetbolista asesino. Asesiné a muchas mujeres, a muchísimas, tantas que ya no sé ni la cantidad, quizás fueron unas setenta, o más aún, a muchas las degollé con un cuchillo, a otras las decapité con una espada samurai. A todas les tiré un Queso.
- ¿Usted está loco? – dijo el jefe de la policía, el comisionado Gordon – deténganlo y averigüen sus antecedentes.

Rato después, el oficial Mc Laren le dijo al comisionado Gordon:
- Es Carlos Francisco Delfino, jugador de básquet de la NBA y de la selección argentina, dice que mató a muchas mujeres, entre ellas Valeria Mazza y a otras más, y también a su esposa.
- Debe ser un lunático, eleven el informe al juez y que la justicia decida que hacer.




La causa la tomó el juez Smith, que era de raza negra, y rapidamente archivo la causa.
- Es un lunático – dijo el juez Smith – no pasa nada, no es peligroso, pero sí un gran jugador de básquet, lo suyo es el básquet, que siga jugando, entonces.
- ¿Y las mujeres asesinadas? ¿Qué me dice al respecto? – preguntó el comisionado Gordón – dice que mato a muchas minas, que les tiró un Queso, que las decapitó.
- Es un típico caso de viaje astral. El basquetbolista se hace cargo de cosas que no ocurrieron en nuestro mundo, quizás en una dimensión paralela, en un universo que no es el nuestro, en el quizás permaneció algún tiempo, ¿No vio las crónicas de Narnia? Los chicos se metían en un ropero, y vivían cosas que eran reales, pero eran de otro mundo, no ocurrían en nuestro mundo ni en nuestro universo. Eso le ocurrió a Carlos Delfino, nada más.
- ¿Es un asesino? – volvió a reiterar el comisionado Gordón.
- Lo es. Pero no en nuestro mundo, sino en el otro. Esas mujeres a las que dijo haber asesinado, como su esposa, estan vivas. Vivas en nuestro mundo. Las asesinó en el otro mundo, en el paralelo. Pero nuestra justicia no tiene injerencia en lo que ocurre en esos mundos.
- No le entiendo nada, creo que ha enloquecido, juez Smith – le dijo el Comisionado Gordón.
- Piense lo que quiera. Hay decenas, quizás cientos, de mundos paralelos al nuestro. Como el de Narnia, el del Mago de Oz, el de la Tierra Media, el de Harry Potter, el mundo donde Racing sale campeón todos los años y Boca siempre está en la B, y nunca puede ascender, un mundo donde Carrió es presidenta de Argentina, la dimensión paralela donde Menem fue jugador de River y no presidente de la Nación, un mundo donde aún continua la Segunda Guerra Mundial y Hitler gobernó Alemania hasta su muerte en 1965, y donde Franz Beckenbauer fue su sucesor como Führer, los ejemplos son infinitos.
- Algo voy entendiendo, juez Smith. Entonces cada uno de nosotros puede tener infinitas vidas...
- Bueno, me entiende, en uno de esos infinitos mundos Carlos Delfino asesinó a todas esas mujeres. En nuestro mundo, es un gran jugador de básquet, que debe volver a los entrenamientos, a ser un ejemplo para los chicos, desde su humildad y grandeza.
- Perfecto, entonces sale en libertad.
- Sí, que el asunto no transcienda en la prensa, ¿Para qué? La causa queda archivada.


CARLOS DELFINO
el basquetbolista asesino
con las cabezas de sus víctimas
¿Realidad, leyenda o alucinación?
Carlos Delfino regresó entonces al entrenamiento de básquet como si nada hubiera ocurrido. Su esposa lo estaba esperando y su existencia continua transcurriendo en forma feliz y tranquila. Martina, sin embargo, bromeo con su esposo:
- Me da miedo hablarte. Por las dudas digo algo y no te gusta, y raaaajjjj, mi cuellito...
- Ja, ja, me hace reír esa historia que empezó a trascender sobre mí. ¿Dicen que soy un asesino serial de mujeres, no?
Así las cosas, comenzó a trascender una historia en internet titulada “El Basquetbolista asesino” donde Carlitos asesinaba a decenas de bellas y jóvenes mujeres, a veces con un cuchillo, a veces las decapitaba con una espada samurai, siempre les tiraba un Queso, por eso le empezaron a decir “el Queson”.



Una noche, y conociendo esa historia, Luis Scola le preguntó:
- Carlos ¿Ese cuento es verdadero?
- ¿Por qué lo decís? ¿Por lo del Queso? ¿Lo de mi pie cincuenta? ¿O porque mi víctima Valeria Mazza sigue viva?
- Yo decía por lo del Queso, por tu pie cincuenta y por tu víctima... las mataste a todas, no dejaste a ninguna con cabeza... Brenda Gandini, Cecilia Bonelli, Valeria Mazza, Julieta Prandi, Silvina Luna, Zaira Nara, Leticia Bredice, Yanina Latorre, Alejandra Maglietti, Soledad Fandiño... ja, ja, sos una excelente persona y te admiro... Lo del Queso me mató...
- Ja, ja – contestó Carlos – no tampoco maté a nadie... a ninguna mujer... por ahora... lo del Queso puede ser. O quizás todo empieza ahora...

Capítulo anterior: Carlos tiene olor a Queso

sábado, 6 de julio de 2013

Carlos Delfino las parte como un Queso


Erase una vez una gran dirigente estudiantil cuyo nombre era Verónica Raffaelli. Aunque era una chica muy linda, todas las reconocían por su inteligencia, liderazgo y conducción. A poco de ingresar a la Universidad, se destacó como pocas en las agrupaciones políticas de la misma. Sin embargo, sus ideas transgresoras hicieron que muchos la vieran como una enemiga de los grupos que dominaban la casa de estudios.
Un buen día, Verónica comenzó a organizar un gran festival en beneficio de los afectados por una catástrofe natural que afectó a una provincia del norte del país. Pese al evidente malestar de las autoridades por el festival, la chica siguió adelante con su proyecto.
Ocurrió entonces que, una noche, la dirigente estudiantil estaba sola en su departamento estudiando distintas propuestas sobre como realizar el festival. De pronto, sonó el timbre, la chica se levantó y se dirigió hacia la puerta.
- ¿Quién es? – preguntó.
- Carlos – fue la respuesta – Carlos Delfino.



Verónica recordó que Carlos Delfino era una de las estrellas del equipo de basquet de la ciudad y que esa misma tarde le había comentado que tenía algunas propuestas interesantes sobre el festival. No pensó que podría llegar a visitarla tan rápido y menos a esa hora, pero lo cierto es que Carlos estaba allí.
La chica abrió la puerta y ante ella estaba Carlos, con sus dos metros de altura y su calzado número calzado, con toda la apariencia de un jugador de básquet por su físico y estatura. Estaba vestido totalmente de negro, con una polera bien gruesa y unos guantes de cuero que le cubría la mano. En sus manos sostenía un paquete y además llevaba una mochila.
- Hola Verónica, buenas noches, vengo por las propuestas para el festival.
- Perfecto Carlos. ¿Y ese paquete?
- Es un regalo, espero que te guste, un producto típico de mi provincia.
La chica abrió el paquete, aunque por el olor que despedía era obvio de que se trataba, pero de todas formas no dejo de estar sorprendida al ver que el obsequio era un enorme Queso Gruyere, con grandes y voluminosos agujeros.
- ¡Un Queso! ¿Pensas que me lo voy a comer yo solita? – dijo Verónica.
- Te va a llevar mucho tiempo, es muy grande. Bueno, Verónica, toma estas carpetas aca tengo las propuestas para el festival.
- ¿Puedo decirte algo, Carlos? ¿No te vas a enojar?
- Decime.
- Tu apellido, Carlos. Delfino me hace recordar a una canción que dice “Lo encontré a Delfino, el asesino, enterrando su cuchillo, sin tener ningún motivo”.
- ¡Ja, ja! ¿Acaso pensas que soy un asesino? En ese caso sería Carlos, el asesino del Queso, ¿No te parece?



Ambos se rieron muy fuerte. Verónica se sentó y comenzó a ver las carpetas, para saber cuales eran las propuestas de Carlos. La chica le daba la espalda al basquetbolista, que sin ella lo viera, siempre con sus guantes negros, comenzó a sacar un enorme cuchillo de la mochila. Con el cuchillo en la mano, en forma sigilosa, Carlos comenzó a acercarse a la chica.
- Esto es muy interesante, Carlos – comentó Verónica.
Pero Carlos no contestó, levantó el cuchillo con su mano derecha, tapó la boca de la chica con la otra mano, y con una enorme rapidez, la degolló, cortándole el cuello con una herida muy profunda. La dirigente estudiantil fue así asesinada por Carlos Delfino.
Carlos puso el cuchillo sobre la mesa, tomó el Queso y lo tiró encima del cadáver de su víctima. Al finalizar el ritual dijo en voz alta:
- Queso.
Carlos fue al baño, se limpió la sangre, la ropa y el cuchillo, y guardó todo en la mochila. Entonces abandonó el departamento. Esto fue uno de los crímenes de Carlos Delfino, el basquetbolista asesino.
En el futuro, mujeres famosas serian sus víctimas.




El asesino de Julieta Prandi


El entrenamiento de básquet había terminado y los jugadores comenzaron a retirarse del lugar, cuando Carlos Delfino le dijo a Emanuel Ginóbili:
-         Tengo que confesarte algo muy serio e importante, Manu. Soy un asesino serial de mujeres, soy un “Queson”. Me gusta degollar chicas con un cuchillo y a veces les cortó las cabeza con una espada samurai. Siempre les tiró un Queso.  Yo maté a Valeria Mazza y a muchas chicas más, tantas que ya ni me acuerdo.
Ginóbili se dio vuelta y le dijo a Carlos:
-         ¿Qué Carlitos? ¡No te escuche!
Manu llevaba puestos unos aurículares en sus oídos y estaba escuchando un MP3. Nada había escuchado de lo que había dicho Carlos.
-         Nada, Manu – contestó Carlos con cierto alivio al saber que Ginóbili no había escuchado nada - Te comente que los Lakers quieren formar un equipo para arrasar con todo en la próxima temporada.



La impunidad seguía rodeando a Carlos Delfino. Al llegar al hotel los dos basquetbolistas vieron pasar a una joven rubia, muy bella y atractiva.
-         ¿Quién es? – le preguntó Carlos al conserje del hotel.
-         ¡Como! ¿No la conoce? Julieta Prandi, trabajaba con Francella. Muy linda la nena.
-         Ah, en esa epoca estaba tan ocupado con el básquet que no la conocía. ¿Se aloja en el hotel?
-         No, está en las cabañas que están en las afueras.
Carlos Delfino fue a su habitación, estaba solo, y sacó de una valija la gran espada samurai con la que semana antes había asesinado a Valeria Mazza. Mientras tocaba la espada samurai, Carlos decidió que Julieta Prandi sería su próxima víctima.
-         Esta noche la asesinaré. Le tiraré un Queso.
Pasaron algunas horas, y después de cenar, Carlos se vistió con la indumentaria que había usado para asesinar a Valeria Mazza y salió de su habitación con la espada samurai y un gran Queso Gruyere, esos de grandes y voluminosos agujeros. Se diriigó entonces a las cabañas que estaban en las afueras.
No era tan tarde, pero Julieta Prandi tenía decidido estar bien descansada para el día siguiente, tras varias noches ajetreadas, apagó todas las luces y se acostó a dormir. Pasaron unos pocos minutos, cuando escuchó el timbre. La chica se levantó de la cama y se dirigió a la puerta de la cabaña.
-         ¿Quién es? – preguntó.




Nadie contestó. Dejó pasar algunos segundos, cuando Julieta se asomó por la ventana para ver si había alguien. No vio nada.
Un poco asustada ante la situación, regresó a la habitación Se volvió a acostar. Apenas pasaron otros pocos minutos, cuando nuevamente el timbre volvió a sonar. Otra vez Julieta se levantó de la cama, más atemorizada que antes, y comenzó a dirigirse hacia la puerta.
Entonces prendió la luz de la sala, y para su sorpresa, en la mesa, había un enorme y gigantesco Queso Gruyere. La horma sobresalía por su gran tamaño y los agujeros bien voluminosos que tenía el Queso.
-         ¿Qué hace este Queso aca? – pensó Julieta Prandi, en un evidente estado de pánico, a la vez que tomó la carta que estaba junto al Queso.
Comenzó a abrirla, sin darse cuenta que detrás de ella, un hombre muy alto, vestido totalmente de negro, se acercaba hacia ella con una espada samurai. Era Carlos Delfino, el basquetbolista asesino.



A continuación, Carlos levantó la espada samurai y descargó su golpe sobre la chica. La actriz no pudo oponer resistencia alguna, y ni siquiera vio a su atacante, la espada cayó sobre su cuello y le cortó la cabeza. Así de simple. Así fue como Carlos Delfino asesinó a Julieta Prandi.


El asesino tomó el Queso que había llevado, lo tiró sobre el cadáver decapitado de Julieta Prandi, y dijo en voz alta:
-         Queso.
A continuación se fue del lugar, triunfante ante el crimen que había cometido. Una chica más se había incorporado a su larga lista de víctimas, tantas que ya no sabía si las decenas acumulaban una centena.






El asesino de Silvina Luna


La opinión pública continuaba estupefacta por los asesinatos de Valeria Mazza y Julieta Prandi, cuando un par de semanas después, los muchachos de la selección de básquet fueron invitados a una fiesta de disfraces. No concurrieron todos, pero Emanuel Ginóbili, Luis Scola y Carlos Delfino confirmaron su asistencia. Lo curioso es que, además de ir disfrazados, los invitados debían llevar algún tipo de alimento o comida.



Los tres basquetbolistas se hicieron presentes en el lugar. “Manu” ingresó vestido de Rambo, portando una gran metralleta y llevando un pavo como comida. Luis Scola, se disfrazó de monje y llevó un gran jamón. Carlos Delfino se vistió como samurai, portando una gran espada y llevando un Queso, una gran horma de Gruyere, de un tamaño colosal.

Los tres basquetbolistas creyeron que iban a ser las grandes celebridades del mega-evento, pero para su desilusión, muchos eran los deportistas, modelos, actores y actrices que estaban allí, todos disfrazados. Trataron de disfrutar de la fiesta todo lo que pudieron, bailando, sacándose fotos, comiendo y bebiendo a más no poder.
Como curiosidad podemos decir, que además de Carlos Delfino, otros famosos invitados también llevaron un Queso como alimento. Se trataba de Carlos “Chiquito” Bossio, el arquero de Lanús y Estudiantes, de Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el “Nacho”, jugador de Los Pumas, de Carlos Melia, “Mr Gay Internacional”, de Carlos Eisler, consagrado modelo, además del también basquetbolista Carlos Matías Sandes.
Lo cierto es que más alla de la fiesta, Carlos Delfíno deseaba cometer un nuevo crimen, y para ello había llevado la espada samurai y el Queso.




De repente, la fiesta se paralizó, todos se sentaron en las mesas y en el piso, y empezó la proyección de un film.
Carlos entonces salió del salón principal, con la espada samuria en la mano, arrastrando el Queso por el suelo, cuando empezó a recorrer el piso superior de la mansión. Se dio cuenta que en la habitación del final había alguien. En forma silenciosa y sigilosa, Carlos comenzó a acercarse, y vio que la mujer que estaba en la habitación era Silvina Luna.
- La asesinaré – pensó entonces Carlos Delfino.
Entró entonces a la habitación, mientras Silvina le daba la espalda, Carlos levantó la espada samurai, y descargó el golpe sobre el cuello de la mujer. La decapitó de inmediato. Así de simple. Así fue como Carlos Delfino asesinó a Slvina Luna.




El asesino tomó el Queso que había llevado, lo tiró sobre el cadáver decapitado de Silvina Luna, y dijo en voz alta:
- Queso.
A continuación Carlos se sentía triunfante ante el crimen que había cometido. Limpió la sangre que tenía la espada samurai con las cortinas. Después, cerró la habitación y estaba convencido que no descubrirían el cadáver hasta el día siguiente.


No tardó en estar nuevamente en el salón principal de la fiesta. La proyección del film comenzó a terminar. Al lado de Carlos estaba Ginóbili que le dijo:
- Muy buena la película.
- Muy bien hecha, sobre todo la parte donde el basquetbolista decapita a la chica – contestó Carlos.
La fiesta terminó y tal como había calculado Carlos, nadie se dio cuenta de la ausencia de Silvina Luna, ni tampoco nadie descubrió el cadáver hasta el día siguiente. La impunidad, una vez más, estaba de su lado.






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