sábado, 19 de abril de 2014

Wanda Nara y los Doce Basquetbolistas Asesinos




Cuenta la leyenda, que en una siniestra organización criminal, doce basquetbolistas fueron convocados a una extraña reunión. Seis estaban sentados del lado derecho de la mesa, eran Charles Barkley, Karl Malone, Charlie Villanueva, Carlos Boozer, Carlos Arroyo y Charles Jenkins. Del otro lado, estaban los argentinos Carlos Delfino, Carlos Sandes, Carlos Schattmann, y los españoles Carlos Cabezas, Carlos Jiménez Sánchez y Carlos Suarez. En la mesa había todas clases de Quesos, Gruyere, Parmesano, Cheddar, Reggianito, Emmenthal, Pategras, Edam, Gouda, Maasdam, y todos los que podamos imaginar. Los basquetbolistas comían los Quesos con mucho entusiasmo. En eso, ingresó un personaje muy alto, vestido de negro, con un pasamontañas que le cubría el rostro. Era el Verdugo. Comenzó a hablar:
-         Estimados basquetbolistas, sí habeis sido citados para esta convocatoria es porque nuestra organización ha recibido un encargo. Wanda Nara debe ser asesinada y uno de ustedes será el asesino. Vosotros sois Asesinos Quesones, habeis asesinado a muchas mujeres, y a cada una de ellas le habeis arrojado un Queso. Sois miembros destacados de nuestra Organización y por eso habeis sido honrados para cometer este crimen. Quien lo haga recibirá un millón de libras esterlinas. Repito, libras esterlinas.
-         ¿Qué ha hecho esa mujer para que alguno de nosotros tenga que asesinarla? – preguntó Carlos Arroyo.
-         Ha cometido toda clase de crímenes – dijo el Verdugo – entre ellos el de adulterio, por citar solo uno, lo cierto es que la Organización recibió el encargo. ¿Alguno de vosotros se niega a cometer el crimen?
-         Yo me abstengo – dijo Carlos Delfino – soy un Queson, y me gustaría cometer ese asesinato, con gusto le cortaría la cabeza con mi espada samurai y le tiraría un Queso, pero no lo voy a hacer. Asesiné a la hermana, a Zaira Nara, seguramente soy el que más mujeres mate de todos los presentes, más de cien, por eso, compañeros, les cedo a ustedes la posibilidad de cometer el crimen.
-         Muy bien, la petición de Carlos Delfino es aceptada. Es el asesino a Zaira Nara, es lógico que ceda el honor de asesinar a Wanda Nara a otro basquetbolista. ¿Los demas tienen alguna objeción?
Nadie objeto, todos parecían de acuerdo.
-         Propongo que esto se realice por sorteo – dijo Carlos Suarez – que sea el azar el que decida cual de nosotros asesinará a esa mujer.
-         ¿Están de acuerdo con el sorteo?
Todos asintieron con la cabeza y levantaron las manos en señal de aprobación. Entonces comenzaron a escribir papelitos con cada uno de los apellidos de los basquetbolistas, “Barkley”, “Malone”, “Villanueva”, “Arroyo”, “Cabezas”, “Jiménez Sánchez”, “Sandes”, “Schattmann”, “Suarez” y “Jenkins”. Los papelitos se metieron en una urna, el Verdugo le dijo entonces a Delfino:
-         Carlos, dado que vos no vas a asesinar a Wanda Nara, sos el indicado para retirar el papel que indicará el nombre del asesino de Wanda Nara.
-         Muy bien – contestó Carlos Delfino – entonces metió la mano en la urna y retiró un papel. Estaba escrito el nombre del asesino. El Verdugo lo agarró, lo leyó y en voz alta diría el nombre del basquetbolista asesino...
¿Quién asesinará a Wanda Nara?













Como Carlos Suarez le cortó la cabeza a Wanda Nara





Un día Pau Gasol se encontraba en la ciudad de Madrid y se encontró por casualidad con el basquetbolista Carlos Suarez, en el tiempo en que este jugaba en el Real Madrid.
-         ¿Qué tal “Chimpa”, como os va?
-         De maravillas, Pau, de maravillas, fijate que esta noche, nit como dicen ustedes en Catalunya, asesinaré a una mujer. Se llama Wanda Nara, es una argentina que anda por aquí según me han dicho.
-         ¿Estas loco, Carlos? – preguntó Gasol sorprendido al escuchar lo que decía el “Chimpa”.
-         Loco no, soy un Queson, Pau, ya verás, te dejo, te digo que estoy apurao pues debo cometer ese crimen.
Pau Gasol quedo totalmente perplejo al escuchar a Carlos Suarez decir esto y considero que su colega deportista estaba totalmente loco o drogado, que se había fumao alguna sustancia. Decidió no darle mayor importancia y continuó caminando por el Paseo de La Castellana, como si nada.


Lo cierto es que Carlos Suarez se dirigió a una famosa Quesería de Madrid y compró allí grandes hormas de Queso Gruyere, al mismo tiempo en otra almacén, compró un disfraz de verdugo. Al regresar a su departamento, se vistió con el disfraz de verdugo, estaba totalmente vestido de negro, y tomó un hacha. Con el hacha y los Quesos se dirigió al lugar donde estaba Wanda Nara.
La chica se encontraba en Madrid de casualidad y había ido a una mansión. Era una trampa, Carlos la estaba esperando allí. La chica se dirigió a la Mansión, ubicada en el Barrio Puerta de Hierro, pensando que iba a realizar una entrevista a un periodista argentino.
La recibió Carlos Suarez, que le dijo:
-         Buenas tardes, Wanda Nara, ves esta bandeja, ahora tiene un Queso, pero en pocos minutos, tendrá tu cabeza.
La chica se horrorizó al escuchar esas palabras, Carlos Suarez levantó el hacha y le cortó la cabeza a Wanda. A los pocos minutos tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver mutilado de la mujer, dijo en voz alta:
-         Queso.
Luego, tomó la cabeza de Wanda y la puso sobre la bandeja. Así fue como el basquetbolista Carlos Suarez asesinó a Wanda Nara.

El Basquetbolista del Arpón Asesino




Wanda Nara y Mauro Icardi habían ido a pasar unos días a la Costa, pero les tocó muy mal tiempo, una temporada de intensas lluvias y feroces vientos castigaba a toda la región. En realidad, a los dos les chupaba un  huevo puesto que lo único que querían era tener sexo en forma desenfrenada. Se dirigían junto a un poblador de la zona rumbo a la cabaña donde se iban a hospedar. El muchacho, de nombre Ariel, en forma asombrada les dijo:
-         ¿Se van a hospedar en este lugar justo en el día de hoy?
-         ¿Cuál es el inconveniente? – preguntó Icardi.
-         Hoy es 23 de marzo, la noche del hombre del arpón.
-         ¿El hombre del arpón?
-         Sí, es una leyenda local, de nuestro pueblo, se dice que en una noche como hoy aparece el hombre del arpón y mata a mujeres infieles.
Wanda Nara se estremeció al escuchar eso, justo ella, que le había sido infiel a Maxi López.
-         La leyenda dice que una mujer infiel intentó asesinar a su marido basquetbolista utilizando un veneno. El amante de la mujer, por error, bebió el veneno y se murió. El basquetbolista descubrió el engaño y mató a la mujer con un arpón de pesca.
-         Es solo una leyenda, no le demos importancia – dijo Icardi.
El joven lugareño dejo a Mauro y a Wanda en la cabaña, rato después, los dos estaban teniendo sexo en forma intensa y apasionada. Fue una noche de amor entre los dos que no se puede describir con palabras. En eso, mientras llovía intensamente sobre la playa, los dos escucharon un ruido, como si alguien se moviera afuera.
-         ¡Es el hombre del arpón, vino a buscarme! – gritó Wanda.
-         Pamplinas, eso es mentira – dijo Icardi – voy a salir afuera para ver.
No terminaba de decir esto, cuando un hombre muy alto, flaco, con aspecto de basquetbolista, ingresó a la habitación con un arpón de pesca, mientras con los pies pateaba una enorme horma de Queso.
-         Buenas noches, soy el basquetbolista Carlos Jiménez Sánchez – dijo el hombre con un inocultable acento español – soy el hombre del arpón, soy un Queson, vengo a matar a una mujer infiel.
Wanda Nara comenzó a gritar horrorizada, pero Carlos Jiménez Sánchez no tuvo piedad alguna y disparó el arpón, inmediatamente, el arpón atravesó el cuello de Wanda, que cayó muerta. Icardi contempló toda con horror e impotencia. Carlos Jiménez Sánchez tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de Wanda Nara. En voz alta dijo:
-         Queso.
A continuación apuntó con el arpón hacia Icardi y le dijo:
-         Vivirás para contarle al mundo como el basquetbolista español Carlos Jiménez Sánchez asesinó a Wanda Nara con un arpón de pesca y le tiró un Queso.
Icardi le contó esto a la policía, pero no le creyeron, y lo internaron en una de esas instituciones neuropsiquiatricas, pero esa es otra historia...

Wanda Nara y el basquetbolista estrangulador




Wanda Nara y Mauro Icardi acababan de llegar a Madrid, y se hospedaron en un lujoso hotel en el Paseo del Prado, a escasos metros del afamado museo de cuadros y pinturas. Aquella noche, la chica estaba esperando a Mauro en su cama para tener sexo. Estaba con los ojos cerrados, cuando escuchó entrar a alguien en la habitación. Lógicamente, Wanda creyó que era Icardi. Habían quedado que lo iba a esperar con los ojos cerrados, Wanda entonces comenzó a decirle:
-         Vamos, Mauro, vení, te espero.
-         No soy Mauro, soy Carlos, Carlos Cabezas – contestó una voz española – el basquetbolista estrangulador. Vengo a visitarte, soy un asesino Queson, y tengo ordenes de asesinarte.
Wanda abrió los ojos y para su sorpresa frente a ella estaba, efectivamente, el basquetbolista Carlos Cabezas, que la tomó del cuello, y comenzó a apretárselo con mucha fuerza. Wanda nada pudo hacer. Intentó defenderse pero Carlos tenía demasiada fuerza. Finalmente, la estranguló, y cuando terminó, tomó un Queso, lo tiró sobre el cadáver de la mujer y tras hacerlo, dijo en voz alta:
-         Queso.
Carlos Cabezas abandonó la habitación. Al rato llegó a la misma Mauro Icardi y descubrió que Wanda había sido estrangulada. ¿Alguien le creería si contara que un basquetbolista ingresó a la habitación y estranguló a la mujer?

sábado, 5 de abril de 2014

Nacho Lobbe, el Queso y Andrea Frigerio



Luego de que el partido de rugby finalizó, y también el tercer tiempo, los jugadores ya se estaban retirando cuando Pepe, el portero, le dio una nota a Carlos Ignacio Fernández Lobbe, una de las figuras del equipo:
-         Nacho, una mujer dejo esta nota para usted.
-         Bien, gracias – contestó Fernández Lobbe.
“Nacho” abrió la nota y la leyó, se sorprendió con el contenido. Decía: “Soy Andrea Frigerio, me encantaría tener sexo con vos, siempre soñe con tener sexo con vos, pago lo que sea, llamame al 1532323232”. Nacho no le dio ninguna importancia al mensaje y creyó que todo era broma, “Esto es una joda del Chalo Longo o del Nani Corleto”.


Pero lo que Nacho creyó una simple broma, al día siguiente se volvió algo más serio. Le mandaron un Queso por correo. Sí, en una caja, una enorme horma de Queso Gruyere, con agujeros bien grandes y voluminosos. Y dentro de la caja, un mensaje que decía: “Llamame Nacho, te estoy esperando, el 1532323232, Andrea Frigerio”.
Fernández Lobbe entonces llamó por telefono a Andrea Frigerio:
-         Hola Nacho, era hora que me llamarás, vení quiero tener sexo con vos. Tiene que ser esta noche, hoy mi marido está en Chile.
-         Voy para alla – fue la respuesta de Nacho - ¿Dónde es?
-         La Calle de Pearl Harbor n° 701 departamento 21.


Rato después, Nacho estaba en el departamento con Andrea Frigerio. Ingresó con el enorme paquete que la chica le había mandado.
-         Es el Queso que me mandaste por correo – le dijo Nacho Lobbe a Andrea Frigerio – lo vamos a comer juntos, pero primero vamos a tener sexo.
-         Te deseo, Nacho.
-         Nacho para los amigos, vos decime Carlos.
-         ¿Te llamas Carlos? ¡No lo puedo creer! ¿En serio?
-         Claro, mi nombre completo es Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
-         Todos te dicen Nacho que creí que solo te llamabas Ignacio... Me calienta más que tu primer nombre sea Carlos.
-         No perdamos más tiempo, entonces.



Los dos se desnudaron y fueron a la cama, Nacho puso su enorme pie derecho sobre la cara de Andrea y le dijo:
-         Es una vieja tradición del rugby maorí, cuando un hombre hace el amor con una mujer por primera vez, esta debe olerle los pies.
-         Me encanta esa tradición, Carlos, dale, acerca tu pie.
Primero el pie derecho, luego el izquierdo. Después, sexo desenfrenado. Cuando terminaron, Nacho le dijo a Frigerio:
-         Fue una noche de sexo inolvidable. Pero debo irme, mañana bien temprano el mundo del rugby me necesita.
-         No hay problemas, Carlos, jamás olvidaré esta noche.




Andrea se levantó y se acercó hacia la ventana, mirando para afuera. De repente, se dio cuenta que Fernández Lobbe, ya vestido, se fue acercando hacia ella, entonces se dio vuelta, y para su sorpresa, el rugbier estaba con un enorme cuchillo en sus manos:
-         ¿Qué significa esto, Carlos? ¿Es una broma? ¿Vas a matarme acaso?
-         Soy un Queson, Andrea, un asesino serial de mujeres que a cada de sus víctimas les tira un Queso.
-         No lo puedo creer... vos sos ese psicopata que esta por ahí matando a diestra y siniestra, y tirando Quesos.
-         Somos varios, yo soy uno, hay otros. Lo siento Andrea, pero me mandaste ese Queso por correo, eso significa que sabes cosas que no debes de saber.
-         Te aseguro que no se nada, Carlos, por favor, no me mates.
La respuesta de Carlos fue una profunda cuchillada en el estomago, con un corte profundo de izquierda a derecha, y otro más, aún más profundo, de derecha a izquierda. Luego vinieron varias puñaladas más, cuando terminó, Fernández Lobbe tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la víctima, en voz alta dijo:
-         Queso.
Se retiró del lugar con la misma impunidad con la que había llegado.



martes, 1 de abril de 2014

Carlos Arroyo y Wanda Nara en la Costa Azul



En un lujoso hotel de la riviere francesa, entre Niza y Cannes, se hospedaban Wanda Nara y Mauro Icardi. Los dos casi no salían del hotel, preferían tener sexo desenfrenado, en vez de disfrutar de los encantos de la Costa Azul. Una noche, como siempre, decidieron pedir que le llevaran la cena al cuarto, en vez de bajar a comer al restaurant. Cuando llegó la comida, un hombre muy alto ingreso a la habitación.
Se trataba de Carlos Arroyo, el basquetbolista puertorriqueño, que estaba vestido con la casaca de los Detroit Pistons, un par de guantes negros y sin calzado, estaba descalzo. Carlos entró a la habitación llevando una mesa con la bandeja de la comida. Tanto a Wanda como a Mauro les llamó la atención la vestimenta de quien creía un mozo.
-         Buenas noches – dijo en castellano Carlos Arroyo – soy puertorriqueño, bien boricua, por eso hablo vuestra lengua, y no la de los french garcons. Les traigo la comida. Espero que la disfruten.
-         Qué suerte – dijo Wanda – ya estaba harta de estos chabones franceses que hablan con una papa en la boca.
-         ¿Vestido de basquetbolista? ¿Porqué? – preguntó Icardi.
-         Hay una convención de la NBA en Cannes, ¿No se enteraron? Yo uso la de los Detroit Pistons. Carlos Arroyo jugó en ese equipo en 2005/06. Ese jugador, además de ser puertorriqueño, se llama Carlos Arroyo, igual que yo.
Carlos Arroyo dijo ser Carlos Arroyo, pero se dio cuenta que ni Wanda ni Mauro lo conocían, evidentemente ninguno de los dos sabía un pomo sobre la NBA. Mejor para los planes de Carlos, que abrió la bandeja, y para sorpresa de los dos huéspedes, no estaba la Pavita que habían pedido, sino una gigantesca horma de Queso Gruyere.
-         ¿Queso? ¡No pedimos Queso! – dijo Mauro.
-         Lo sabemos, esto es una gentileza de la casa – aclaro Carlos.
-         Esto es una locura – dijo Wanda – llamaré a la conserjería, aunque no se hablar francés, de alguna manera me haré entender.
-         No llamarás a nadie – dijo Carlos Arroyo, y mientras lo hacía, apuntaba tanto a Wanda como a Mauro con una escopeta tipo Winchester 73.
-         Les aconsejó que se queden callados, de lo contrario dispararé, siéntense ahí con las manos en alto, no dudaré en asesinarlos.
Tanto Wanda como Mauro obedecieron al basquetbolista y se sentaron. Carlos los ató con las manos atrás, y les puso una mordaza en la boca a cada uno, además a Mauro le puso una venda en los ojos, no así a Wanda. Tanto el chico como la chica estaban aterrorizados. Carlos sacó una jeringa y se la inyectó a Mauro, que quedó dormido.
- Dormirá un buen rato, no te preocupes, Wanda, en un par de horas estará bien - le dijo Carlos Arroyo a la chica - Ahora oleras mis pies.
El basquetbolista levantó primero su pie derecho, después el izquierdo, y los puso sobre la cara de la chica, que obligada debió olérselos. Carlos Arroyo tenía un intenso olor a Queso en cada pie. Cuando terminó Carlos Arroyo levantó la Winchester 73 y apuntó hacia Wanda, la asesinó efectuando tres disparos, no hicieron falta más. El cadáver de Wanda Nara quedo sentado en la silla, mientras Mauro Icardi dormía a su lado, el asesino tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la mujer.
-         Queso – dijo en voz alta, y el puertorriqueño se fue de la misma forma misteriosa en como había llegado.
Rato después, el empleado del hotel que debía llevar la comida, un muchacho que no sabía hablar ni una palabra en castellano, descubrió la horrible escena. La noticia causó una gran conmoción en la opinión pública. Mauro Icardi fue internado, preso de un ataque de pánico, mientras balbuceaba en forma constante:
-         Carlos Arroyo, Carlos Arroyo, Carlos Arroyo.
Esa misma tarde a Icardi le mostraron una foto del basquetbolista puertorriqueño, Icardi dijo:
-         Ese es, ese es el asesino, ese es el que mató a Wanda y le tiró un Queso.
El jefe de la policía de Cannes dijo:
- Cela est impossible. Hier soir, Carlos Arroyo à l'époque jouait au basket-ball en la Turquie. Ce mec est fou, vous devrez peut-être déclaré irréprochable (1).
¿Como hizo Carlos Arroyo para estar en Turquía y simultaneamente en la Costa Azul Francesa ? C'est un mystère

(1) Esto es imposible. Anoche Carlos Arroyo a esa hora estaba jugando al basquet en Turquía. Este tipo esta loco, quizás deba ser declarado inimputable.

Charlie Villanueva, la sierra eléctrica y Wanda Nara




En algún lugar muy alejado de las grandes ciudades, bien al norte de los Estados Unidos, cerca de la frontera con Canadá, en el estado de Minnesota, Wanda Nara y Mauro Icardi fueron a pasar un fin de semana, alojándose en una cabaña de madera en medio del bosque. El fuego en el hogar era la única protección que tenían ante el intenso frío que hacía afuera. Extraño que hubieran optado por ir a un lugar tan lejos, justo ellos que solían mostrarse siempre en lugares públicos muy concurridos, sobre todo, en las grandes ciudades europeas y latinoamericanas. Pero bueno, allí estaban, en Minnesota.
Acababan de tener sexo, y se encontraban desnudos en la cama, cuando Mauro sintió escuchar un ruido afuera de la cabaña.
-         ¿Pasa algo Mauro? – preguntó Wanda.
-         No sé, como si alguien estuviera afuera.
-         Uy, nos dijeron que podía haber osos en esta zona, y hasta lobos...
-         Los lobos rara vez andan de a uno, generalmente en manada, los osos sí andan solos. No me queda otra que salir a ver.
-         Volvé rapido, Mauro...
-         Quedate tranquila Wanda, va a salir todo bien.
Mauro se vistió rapidamente, con la ropa gruesa que la región necesita, y salió afuera. Fueron pasando los minutos y Wanda ya estaba muy intranquila, comenzó a gritar:
-         ¡Mauro! ¡Mauro! ¿Dónde estás?
No hubo respuestas, Wanda se asomó por la ventana y no vio nada ni a nadie. La chica entonces se vistió lo más rápido que pudo y salió afuera. Para su sorpresa, lo vio a Mauro sentado en una silla, atado de pies y manos, con una mordaza tapándole la boca. Wanda comenzó a correr hacia el muchacho, cuando una enorme figura la interceptó por atrás. De repente, la chica empezó a sentir como algo frío y filoso le rozaba el cuello. Wanda se dio vuelta y frente a ella había un hombre gigantesco de más de dos metros, de raza negra, con aspecto de basquetbolista, vistiendo una casaca de Detroit Pistons.


-         Soy Charlie Villanueva, juego al básquet en la NBA y vengo a asesinarte – le dijo el hombre (en un imperfecto castellano) a Wanda mientras le mostraba una sierra eléctrica, el basquetbolista la .
Wanda comenzó a gritar y trató de huir hacia adentro, pero Charlie la siguió muy rapidamente, y con una patada, la tiró en el suelo. La chica quedó arrinconada contra la pared de madera de la cabaña. Wanda observó que Charlie le puso encima de la cara su enorme, gigantesco, pie derecho. Wanda había vistos muchos pies en su vida, pero el de Charlie superaba todo. Primero Wanda olió el pie derecho de Charlie, después el izquierdo. El olor a Queso era impresionante, intenso y apestante. 


Tras obligarla a la chica a olerle los pies, Charlie tomó la sierra eléctrica y se tiró encima de ella. La asesinó de una manera brutal, literalmente, la partió como un Queso. Cuando hubo finalizado su sangrienta tarea, Charlie tomó un gigantesco Queso Parmesano que estaba allí y lo tiró sobre los restos de Wanda.
-         Queso, Cheese – dijo Charlie en voz alta.


Mauro, sentado, vio todo, estaba aterrorizado y pensó que el basquetbolista lo iba a asesinar a continuación. Con la sierra eléctrica en la mano, Charlie se acerco a donde estaba Mauro, se paró frente a el y le dijo en castellano:
-         En pocos minutos estará aquí la policía, brother, tu le contarás que el basquetbolista americano-dominicano Charlie Villanueva asesinó a Wanda Nara con una sierra eléctrica y lo tiró un Queso.
Efectivamente así sucedió. La policía nada entendió pues todos eran americanos, blancos y protestantes, nadie comprendía la lengua castellana. Tuvo que aparecer un mexicano, un tal Javier, que vivía en esa zona de Minnesota para traducir lo que Mauro Icardi contó.
-         It’s impossible – dijo el sheriff – Is Charlie Villanueva a serial killer? Does he kill a girl with a chainsaw? Charlie Villanueva is playing in New York tonight (1).
¿Como hizo Charlie Villanueva para estar jugando en Nueva York y simultaneamente asesinar a Wanda Nara Minnesota? It’s a mistery.

Es imposible, Charlie Villanueva un asesino serial? Mató a la chica con una sierra eléctrica? Charlie está jugando en Nueva York esta noche.


La noche que Wanda Nara conoció a Carlos Boozer



Wanda Nara acababa de arribar a la ciudad de Nueva York y se alojó en uno de los hoteles más lujosos de la “big apple”, uno ubicado cerca del cruce de la 5° avenida con la 59. Wanda iba a despilfarrar millones en las lujosas tiendas de esa conocida avenida neoyorquina.
Aquella noche regresó al hotel muy tarde, eran ya pasadas las diez de la noche, había gastado millones en artículos totalmente irrelevantes. Con esa cantidad de dinero se podrían haber alimentado a diez familias de escasos recursos durante por lo menos seis meses. Pero a Wanda eso le chupaba los ovarios. Ingresó en la habitación, prendió las luces, cerró la puerta y dejó todas las bolsas sobre la cama. Levantó la vista y para su sorpresa un enorme y gigantesco Queso estaba apoyado sobre la mesa. Wanda se sobresaltó al ver al Queso.
-         I kill you, Wanda – escuchó Wanda una voz en sus espaldas.
Wanda se dio vuelta y frente a ella estaba el basquetbolista Carlos Boozer vestido con una casaca de los Chicago Bulls, sosteniendo un enorme cuchillo en sus manos con guantes negros.
Wanda se aterrorizó al ver al basquetbolista frente a ella, Carlos se acercó hacia la chica, y sin que esta pudiera defenderse, le clavó el cuchillo en el estomago. Una segunda puñalada, aún más profunda, le propinó en el pecho. Una tercera puñalada le atravesó el cuello de punta a punta. Wanda cayó semi desvanecida sobre la cama, a continuacion Carlos la siguió apuñalando una y otra vez, hasta totalizar más de cien cuchillazos. La chica por supuesto, estaba muerta, y cuando terminó, Boozer tomó el Queso, lo tiró sobre el cadáver y dijo en voz alta, en castellano:
-         Queso.
El basquetbolista asesino se retiró de la habitación sin mayores problemas, consciente de haber cumplido una misión para la cual había sido especialmente elegido y por la que iba a recibir unos cuantos cientos de miles de dolares.

Los mellizos asesinos



Silvana estaba muy deprimida; no era para menos, una semana antes había fallecido su amante, el doctor Carlos Alberto Lazcano, con quien había mantenido durante casi una década una relación amorosa tan intensa como clandestina. Estaba inmersa en una profunda angustia, y se había vuelto adicta a toda clase de pastillas, incluyendo las que sirven para dormir.
Aquella tarde continuaba sumida en esa depresión tan profunda, y permanecía casi todo el tiempo acostada, finalmente se quedo dormida. Cuando despertó, comenzó a ver a su alrededor, primero en forma borrosa, después de una manera más nítida. Frente a ella, en el pie de la cama, había dos enormes hombres, iguales, muy altos y patones, estaban vestidos con piloto, polera, guantes y zapatos, todo de color negro.
Los dos tenían aspecto de rugbiers, medían más de un metro noventa y seis, calzaban como cincuenta...
Silvana los reconoció, eran los hijos mellizos de su amante, los hermanos Lazcano Miranda, uno era Carlos Gerardo y el otro, Carlos Isaac, los dos se llamaban Carlos, al primero lo llamaban “Charly”, al segundo “Carlitos”.
La mujer intentó levantarse pero no pudo, para su estupor descubrió estar atada de pies y manos en la cama. Charly le dijo:
-         Buenas noches, Silvana. Mi hermano y yo hemos venido a visitarte.
-         Sos la culpable de la muerte de nuestro padre – aclaró Carlitos – ahora lo vas a pagar.
Silvana escuchó atonita lo que decían los dos mellizos, y dijo:
-         Tu padre murió de un ataque cardíaco, yo no tengo ninguna culpa, ya estaba enfermo, por favor, no me acusen de algo que no tengo nada que ver, estoy totalmente deprimida, dejenme en paz...
-         ¿Dejarte en paz? No compartiremos la herencia con vos ni con nadie. Lo siento, Silvana, pero te asesinaremos – mientras decía esto Charly sostenía un enorme cuchillo con su mano derecha.
Carlitos puso sus pies sobre la cama, primero el derecho, después el izquierdo, se sacó los zapatos, luego las medias, y quedando descalzo, puso su enorme pie sobre la cara de la mujer que, aterrorizada, empezó a olerlo, primero el pie derecho, después el izquierdo. Cuando Carlitos terminó, retiró su pie, y sacó un cuchillo, el más grande que podamos imaginar, de sus pertenencias. Su hermano repitió con la mujer el mismo ritual de los pies. Los dos tenían un apestante olor a Queso en cada pie.
Finalmente, ambos, se tiraron sobre Silvana, cuchillos en mano, y la apuñalaron salvajemente. La asesinaron de más de sesenta cuchillazos. Cuando terminaron, los dos sostenían un enorme Queso Gruyere con sus manos y lo tiraron sobre el cadáver de su víctima, diciendo en voz alta:
-         Queso.
Los mellizos se retiraron, sabían que gozarían de una total impunidad, y podrían disfrutar sin inconvenientes de la herencia de su padre. En aquellos días, un asesino serial que mataba mujeres y tiraba Quesos, y mandaba notas a la policía y al periodismo diciendo que se llamaba “Carlos”, acechaba a la población y conmocionaba a la opinión pública.


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