martes, 19 de agosto de 2014

Carlos Sandes en Santiago del Estero




Esto que voy a contaros ocurrió en el tiempo en que el basquetbolista Carlos Matías Sandes (todos lo llaman por el segundo nombre) jugaba en el equipo de Quimsa de la ciudad de Santiago del Estero (Argentina), que compite en la Liga Nacional.
Caro Uriondo, una periodista del lugar, le insistió al basquetbolista para hacerle una entrevista. Sandes, con unos dos o tres centímetros más de dos metros de altura y un calzado número cincuenta y uno, aceptó luego de una gran insistencia.
Al finalizar el entrenamiento, Sandes fue a la casa de Uriondo, el lugar elegido para realizar la entrevista. Llegó alrededor de las ocho y media de la noche, la hora convenida.
-         Hola Matías, ¿Cómo estás? – le dijo Uriondo a Sandes al abrirle la puerta.
-         Hola Caro, muy bien, con muchas ganas de hacer esta entrevista.

-         La verdad Mati – dijo Uriondo – estaba muy contenta con hacer esta entrevista, pero hace un rato llegó ese paquete...
Uriondo señaló un enorme paquete que había sobre la mesa, Sandes se acercó, y observó que dentro del paquete había una enorme horma de Queso Gruyere. El basquetbolista, bastante sonriente al ver el Queso, le dijo:
-         ¡Un Queso! ¿Qué tiene de malo? ¡Este Queso debe ser algo delicioso!
-         No, Mati, ese Queso es siniestro, mirá vino con esta nota – la chica le entregó a Sandes un papel.



El basquetbolista lo leyó y el papel contenía el siguiente mensaje:
“Morirás asesinada, primero te cortaré la cabeza, después te tiraré un Queso”, firmado: “Carlos, el asesino”.
-         ¿Te das cuenta Matías? ¡Es una amenaza de muerte!
-         Pero no le des bola, Caro – contestó Sandes – es una broma de algún imbécil, no le des importancia.
-         ¿Cómo no le voy a dar importancia? ¿No lees los diarios? ¿No ves los noticieros? Hay un asesino serial que mata mujeres y les tira un Queso. No es algo gracioso.
-         No te asustes... che, en Santiago no hubo ningún caso.
-         Es cierto, pero se han registrado casos en varias provincias, y hasta en el Uruguay, quizás yo sea su primera víctima en Santiago del Estero.
-         Suponiendo que esto fuese una broma, ¿De quien sospechas? ¿No pensarás que soy yo el asesino acaso?
-         ¿Vos? Sí el asesino dice llamarse Carlos...
-         Yo me llamo Carlos. Carlos Matías Sandes, ese es mi nombre completo. Todos me conocen por mi segundo nombre y yo mismo me presento así. Claro, en mi familia todos nos llamamos Carlos, por eso siempre preferí usar mi segundo nombre, Matías, como me conocen todos...
-         Claro, vos te llamás Carlos... y el Queso... me acuerdo de una cuenta trucha de twitter que usaba tu nombre, era @quesocmsandes, decía llamarse “Carlos Matías Sandes”.
-         Vos denunciaste a esa cuenta, era un “fake” según vos...
-         Claro, que era un fake, ¿A vos alguna vez te dijeron el “Queso” acaso?
-         No era un fake. Esa cuenta era mía. En el básquet me conocen como el “Queso”, es por el olor que tengo en mis pies, ¿Los querés oler, Caro?
-         ¿Me estás hablando en serio, Matías?
-         Carlos, vos decime Carlos, a esta hora decime Carlos...
-         ¿A dónde querés llegar?
-         A esto – Sandes sacó un machete y lo puso sobre el cuello de la chica.
-         ¡No! – comenzó a gritar aterrorizada la chica, a la vez que se arrodilló, mientras Sandes tenía el machete sobre su cuello - ¡No me matés! ¡No me asesinés, Matías!
-         Carlos, vos decime Carlos.
-         ¿Sos el asesino?
-         Soy uno de los asesinos Quesones. En realidad vos sos mi primera víctima, hay otros asesinos, todos nos llamamos Carlos, y entre los asesinos está Carlitos Delfino, aunque te parezca mentira.
-         ¡No me matés! ¡No me matés!
-         Hay una posibilidad de salvar tu vida, Caro, pero tendrás que oler mis pies, y arrodillarte aún más.



La chica se arrodilló aún más, aterrorizada como estaba, comenzó a oler los pies de Sandes. Primero el izquierdo, el enorme y carnoso pie talle cincuenta y uno que Sandes tenía. Cuando terminó, se ocupó de oler el pie derecho.
-         ¿Viste Caro? Ahora sabés porque me dicen el “Queso”. Lo siento, Caro. Nunca confíes en un Carlos, menos aún si usa su segunda nombre.
Ya no hubo más palabras, Sandes tomó el machete, descargó un feroz golpe y decapitó a Caro Uriondo. Cuando terminó, tomó un Queso y lo tiró sobre el cadáver de la víctima, a la vez que dijo en voz alta:
- Queso.
Y se fue del lugar tan misteriosamente como había llegado.


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