martes, 28 de abril de 2015

El relato de como Carlos "Chiquito" Bossio asesinó a una mujer


La víctima quedó sola junto al asesino, que con un enorme y muy largo cuchillo, se disponía a asesinarla. El asesino era un gigantón llamado Carlos Bossio, que medía 1,95 metros de altura y calzaba un talle cincuenta de zapatos. Se trataba de “Chiquito” Bossio, el mítico arquero de Belgrano, Estudiantes y Lanús.
Como mudo testigo entre Carlos, y la mujer, llamada Ana Pérez, un enorme Queso Gruyere observaba la escena desde una mesa.
- Por favor Carlos, piedad, no me mates, Carlos, no me mates – le rogó la víctima al asesino.
- La noche que asesinaste a tu marido no le diste ninguna oportunidad. Directamente lo mataste con un Queso envenenado.
- Mentira – dijo la victima – yo no soy una asesina, yo no asesiné a nadie. No asesiné a mi marido. Ese Queso estaba en mal estado. Yo no le eche veneno alguno.
- Mentís – contestó el asesino – sos una asesina y pagarás ahora tu crimen.
- ¿Porqué haces esto Carlos siendo un jugador de fútbol?
- Porque además de arquero de fútbol, soy un asesino. Y un asesino de mujeres.
- ¿Y porqué sos un asesino?
- Porque me llamo Carlos. Era mi destino.
- ¿Y llamarse Carlos te convierte automáticamente en asesino?
- En mi caso sí, porque tengo los pies grandes y huelo a Queso. Si un hombre se llama Carlos, calza más de 45 y tiene olor a Queso, es un asesino Queson, un asesino que asesina mujeres y les tira un Queso.
- ¿De donde salió esa costumbre de tirar un Queso?
- En tiempos antiguos la practicaban los pueblos antiguos y también los vikingos. Las mujeres adulteras o culpables de algún lado eran asesinadas y el crimen lo debía cometer el miembro de la tribu que se llamara Carlos y que tenía los pies más grandes. La ejecución era pública, el asesino obligaba a su víctima a olerle los pies, luego la asesinaba y finalmente, le tiraba un Queso. Un Queso grande, muy grande, de esos que tienen muchos agujeros.
- ¿Y me vas a tirar un Queso?
- Por supuesto, en esas sociedades lo más denigrante para una mujer era que le tiraran un Queso. Pero yo tengo dos Quesos, uno para tirartelo a vos, el otro para comérmelo.
- Tirame el Queso, Carlos.
- No, primero tendrás que oler mis pies.
Carlos puso su enorme pie derecho sobre la cara de la mujer. El olor era intenso, apestante y sofocante. La mujer creyó que no iba a poder soportarlo. Pero lo hizo y luego Carlos le puso encima su enorme pie izquierdo. Finalmente, le dijo:
- Llego la hora, Ana.
- ¡No, Carlos! – gritó desesperada la mujer, y mientras lo hacía el asesino levantó el cuchillo y descargó el golpe mortal sobre la mujer.
La apuñaló varias veces, le clavó el cuchillo en el cuello, el estomago, el pecho, el abdomen, una y otra vez. Finalmente cuando la cantidad de puñaladas superaba las cuarenta, el asesino dio por finalizada su tarea.
El asesino agarró uno de los Quesos  y lo tiró sobre el cadáver de la víctima y dijo en voz alta:
- Queso.



sábado, 18 de abril de 2015

El asesino de Agustina Kampfer


Cuenta la leyenda que cuando se decidio que Agustina Kampfer debía ser asesinada por un Queson, la secta de los Quesones (los Carlos asesinos), conformada por los mayores asesinos de mujeres de toda la historia fueron convocados a una reunión secreta. Por supuesto que la cena de la reunión consistía en una abundante y variada mesa de Quesos.

Carlos Delfino, el basquetbolista asesino, comenzó hablando:

-         Como Queson, he asesinado ya a muchas mujeres famosas, como Valeria Mazza o Zaira Nara, cedo por lo tanto el honor a otro de mis amigos Quesones, para que sea el asesino de Agustina Kampfer.

A continuación habló Carlos Ignacio Fernández Lobbe, el rugbier asesino:

-         No puedo ser menos que mi colega y tocayo, Carlos Delfino. He asesinado a Soledad Solaro, a Viviana Canosa, a muchas mujeres famosas, que otro Queson sea el asesino de Agustina Kampfer.

El tercero en hablar fue Carlos Fabián Melia, el Queso Gay, que dijo:

-         Asesinaría con gusto a Agustina Kampfer. Merece que uno de nosotros la asesiné con frialdad y le tiré un Queso. Pero ya conocen que mi estilo es muy directo y rapido, me gusta matar a las minas con revolver y silenciador, y Kampfer merece una muerte con cuchillo. Por eso no voy a ser el asesino de Agustina Kampfer.

Luego de Melia, quien habló fue Carlos Elder:

-         Algo parecido me ocurre a mí. De asesinar a Agustina Kampfer, lo haría estrangulándola, y creo que merece que le corten la cabeza.

Mientras escuchaban las palabras de sus amigos Quesones, tanto Carlos Izquierdoz como Carlos Luna se ilusionaban con ser elegidos tanto uno como el otro como el asesino de Agustina Kampfer.

Lo mismo Carlos Tevez, que se imaginaba asesinando a Agustina Kampfer con una ametralladora USI con silenciador. Se imaginaba acribillándola a balazos.



Carlos Matías Sandes, el basquetbolista de Boca Juniors que se había hecho famoso por asesinar a Wanda Nara tomó entonces la palabra:

-         Todos nosotros hemos asesinado a muchas mujeres. Quien menos asesinatos tiene, cuenta en su haber con treinta o cuarenta minas amasijadas. Entre todos sumamos más de mil mujeres asesinadas. Seguramente en esas mil, hay muchas víctimas inocentes, pero todos sabemos que si hay una mujer que merece ser quesoneada una y otra vez, esa es Agustina Kampfer. Como Queson, propongo que el honor de cometer este asesinato recaiga sobre nuestro gran tocayo, colega y amigo, Carlos Bossio, el más grande de todos los Quesones.

Carlos Bossio, el famoso “Chiquito”, se emocionó al escuchar las palabras de Carlos Matías Sandes. Efectivamente estaba considerado el número uno de todos los Quesones, con más de trescientas mujeres asesinadas.

Carlos Alberto Reich, a quien todos conocían como “Charlie” dijo entonces:

-         Apoyo la moción de Carlos Matías Sandes, que Carlos Bossio sea el asesino de Agustina Kampfer.

Todos los Quesones aplaudieron y apoyaron la moción. A Tevez, Izquierdoz y Luna, les dio un poco de bronca perder la chance de asesinar a Agustina Kampfer, pero igual aplaudieron con entusiasmo. Cuando finalizaron los aplausos, Carlos Kramer dijo:

-         Carlos Bossio es el asesino de Agustina Kampfer.

“Chiquito” se paro entonces y dijo:

-         Muchas gracias queridos amigos Quesones. Como Queson no hay honor más grande que otros Quesones elijan quien debe cometer un asesinato.

Carlos Ignacio Fernández Lobbe tomó un enorme Queso Gruyere y se lo dio a Carlos Bossio, le dijo:

-         Para que se lo tires a Agustina Kampfer.

Carlos Delfino agarró un gigantesco cuchillo y se lo dio a Carlos Bossio, diciendo:

-         Para que con este cuchillo asesines a Agustina Kampfer.


Con la mano derecha Carlos Bossio tomó el cuchillo y con la izquierda, el Queso, y entonces volvió a tomar la palabra:

-         Mañana por la mañana saldré a Las Pleyades para asesinar a esa perra.

Todos los Quesones aplaudieron. Carlos Tevez, de todas formas, mastico bronca y dijo:

-         Hubieramos ido a sorteo. Seguro lo ganaba yo. Y hubiera asesinado a Agustina Kampfer con una ametralladora con silenciador. Hubiera sido como un fusilamiento.

Tras llegar al lujoso hotel de Las Pleyades, Carlos Bossio durmió una buena siesta aquella tarde. Cuando despertó se vistió totalmente de negro, se puso guantes de ese color en las manos, y con las mismas tomó un cuchillo muy largo y gigantesco. Un cuchillo de un enorme tamaño. Se acomodó el cuchillo en la cintura y entonces agarró un Queso Gruyere, también enorme, que sobresalía por su gran tamaño y por los agujeros voluminosos.

Se acercó a la habitación de Agustina Kampfer y entró en ella. La chica no tardó en venir y cuando lo hizo, Carlos la tomó por detrás y la durmió con un cloroformo que le puso sobre la nariz y la boca. Mientras Agustina Kampfer  estaba dormida, la ató a una cama de pies y manos.



Agustina Kampfer no tardó en despertarse. Intentó moverse, pero nada pudo hacer. De repente, vio que los pies gigantescos de Carlos Bossio, que calza cincuenta, se pusieron sobre su cara. Pies llenos de un olor a Queso intenso y apestante. Entonces, Agustina Kampfer olió los pies de Carlos Bossio.

-         Buenas noches, Agustina Kampfer, soy Carlos Bossio, el asesino serial de mujeres conocido como el “Queson” porque a todas mis víctimas les tiró un Queso. Ya llevó asesinadas más de trescientas mujeres. Vos serás mi próxima víctima. En la antigüedad, era tradición que las mujeres antes de ser asesinadas, olieran los pies de su asesino, pies llenos de olor a Queso. Luego el asesino las asesinaba y finalmente sobre su cadáver, le tiraba un Queso.

Ante el gesto aterrorizado de Agustina Kampfer, que estaba totalmente paralizada por el miedo y el terror, Carlos Bossio levantó en alto el enorme y gigantesco cuchillo, y lo descargó sobre el cuerpo de la chica.



La primera puñalada la asestó directamente en el pecho, atravesándole el corazón. La segunda, en el estomago, clavándole el cuchillo hasta el mango. La tercera, otra puñalada en el estomago, con un profundo tajo de lado a lado. La cuarta, una profunda herida en la garganta y la quinta, otro feroz cuchillazo en el abdomen.

Carlos pudo haberse detenido así y hubiera sido suficiente. Esos cinco cuchillazos bastaban para asesinar a Agustina Kampfer. Pero el asesino no se detuvo allí, sino que siguió descargando su furia criminal, una y otra vez.

Y las cinco puñaladas se multiplicaron por diez o por veinte, con tajos y heridas en todo el cuerpo de Agustina Kampfer.

El asesino, por fín, se cansó de asestarle puñaladas a su víctima. Fue entonces cuando Carlos Bossio dejó el cuchillo, y tomó el Queso. Arrojó el Queso sobre el cadáver de Agustina Kampfer, que yacía totalmente ensangrentado.

Cuando finalizó dijo en voz alta:

-         Queso.

Carlos Bossio abandonó entonces la habitación. En su larga y sanguinaria carrera criminal tenía más de trescientas mujeres asesinadas en su haber, cada uno con su Queso, por eso era el “Queson”, pero aquel día sintió que había cometido su mejor crimen.

La asesina de Guido Zaffora



Erase una vez una asesina a sueldo llamada Valeria Mazza. Era una rubia muy bella, que asesinaba hombres con total frialdad y sin piedad alguna. Dependiendo de la ocasión, la asesina usaba revolver o cuchillo para cometer sus sangrientos crímenes. Pero siempre la asesina solía arrojar un Queso Mini Fynbo sobre sus víctimas. Por eso en el mundo criminal la llamaban “la Mujer Queso”.
Una tarde, la asesina recibió un nuevo encargo. Le dijeron que esa misma noche debía cometer un nuevo crimen. La asesina entonces guardó en su cartera un revolver con silenciador bien cargado de balas, un enorme cuchillo y un Queso Mini Fynbo.
Antes de salir se fijó en su telefono celular el nombre y los datos del muchacho al que debía asesinar. “Guido Zaffora” ese era el nombre de su futura víctima.


Valeria Mazza sonrió y dijo:
-         El boludito ese que trabaja en C5N. Una buena víctima, vale la pena asesinarlo. Lo asesinaré con gusto.
La asesina se dirigió entonces al lugar donde sabía podría asesinar a Guido Zaffora, de acuerdo a la información que había recibido.
Guido Zaffora salió de un boliche gay, y comenzó a caminar solo en un estacionamiento. La asesina lo estaba esperando, y en forma tan inesperada como sorpresiva, le interceptó el paso.
Para sus sorpresa, Guido Zaffora vio que de repente, Valeria Mazza estaba frente a él. Fue entonces cuando dijo:
-         ¡Valeria Mazza!
La asesina dijo entonces el nombre de su futura víctima:
-         Guido Zaffora.


Guido Zaffora tembló al ver frente a él a una asesina con un revolver con silenciador. Era una chica bella y rubia, cuya única prenda era una bikini negra y un par de guantes negros con los que sostenía el revolver, con el que apuntaba a Guido. El muchacho, aterrorizado, no podía ni moverse, y estaba contra la pared.
La asesina le dijo:
-         Tengo que asesinarte Guido, la verdad que he asesinado a mejores víctimas. Soy una asesina profesional. Una asesina a sueldo. Me conocen como la “Mujer Queso” porque a mis víctimas les tiró un Queso. ¿Algún último deseo?
Guido apenas pudo hablar pero alcanzó a balbucear:
-         ¿Quién me manda matar?
La asesina respondió:
-         No lo sé. A mí me llamaron, me dijeron “Hay tanto, por asesinar a Guido Zaffora” y aca estoy a punto de asesinarte.
Guido, sumido en el terror, pudo preguntar:
-         ¿Cuánto te pagan por asesinarme?
Eso no importa, si te digo que una octava parte de lo que me pagaron por asesinar a David Kavlin, y te aseguro que ese idiota, al cual ejecute de un balazo en la frente, fue uno de mis asesinatos peores pagos.
Guido quería ganar tiempo de alguna manera, y estaba dispuesto a hacerle más preguntas a la asesina. Pero la chica, con la frialdad que la caracterizaba, le dijo:
-         Basta de preguntas Guido, tu hora ha llegado.


Guido Zaffora cerró los ojos, esperando el disparo que lo iba a mandar a otro mundo. De repente, se escuchó un sonido, un disparo hecho con silenciador. Pero Guido, aún con los ojos cerrados, creyó caerse muerto, pero su sorpresa, aún estaba vivo. Y escuchó la voz de Carlitos Tevez diciendo:
-         Queso.
Abrió entonces los ojos. Lo que vió a continuación fue muy sorprendente. La asesina estaba muerta con un disparo en la frente, sobre el cadáver había un Queso, y a su lado, se encontraba Carlos Tevez, que sostenía un revolver con silenciador. Guido al verlo a Carlos Tevez dijo:
-         ¡Carlitos!
Carlitos lo apuntó con el revolver. Guido se aterrorizó nuevamente creyendo que se había salvado de la asesina pero que Carlitos Tevez era quien lo iba a asesinar ahora.
-         Tranquilo – dijo Carlitos a la vez que bajaba el revolver – ya está, está loca debía morir. No asesinó a nadie, todo lo que contaba de sus crímenes y asesinatos era un delirio, pero siempre sospechamos que alguna vez podía llevar sus imaginaciones a la realidad. Ya la maté, le tiré un Queso.
-         ¡Gracias Carlitos! ¡Te debo la vida! – le dijo Guido Zaffora a Carlos Tevez – Estoy dispuesto a hacer lo que quieras con tal de devolverte lo que hicistes por mí.


Guido Zaffora soñaba con que Carlos Tevez lo violara, era uno de sus mayores deseos sexuales. Si tenía que bajarse los pantalones ahí mismo para que le rompiera el culo, lo iba a hacer. Pero Carlitos no era de esos, al menos no ese día, y le dijo a Guido Zaffora:
-         Quiero que te comes este Queso.
Y Carlos Tevez le mostró un gran Queso Gruyere. Guido Zaffora, otra vez horrorizado, dijo:
-         ¡No, Carlitos! ¡Por favor a mí no me gusta el Queso! ¡El Queso, no!
Carlitos lo apuntó nuevamente con el revolver y le dijo:
-         Entonces morirás.
Zaffora otra vez se sumergió en otro ataque de pánico, y cerró los ojos, esperando el disparo mortal de Carlos Tevez. Carlitos disparó, pero ninguna bala salió del revolver.
-         ¡Ja, ja, creístes que iba a matarte! – empezó a decirle Carlitos Tevez mientras se reía a carcajadas - ¡Ja, ja, la última bala la gaste para matar a esta mina.
Zaffora se arrodilló extenuado y le dijo a Carlitos:
-         Basta Carlitos. No doy más. Hago lo que vos quieras, pero por favor, comer Queso, no.
-         No te preocupes, pibe – le dijo Carlos – quedate tranquilo.

Zaffora quedó aterrorizado pero a partir de aquel día, Carlos Tevez se convirtió en su gran ídolo.

sábado, 11 de abril de 2015

La Matacarlos (La asesina de los Carlos)


A fines de los '80 se conocieron las primeras historias de los Quesones, los asesinos seriales llamados Carlos que asesinaban mujeres y les tiraban un Queso a sus víctimas. Ante el éxito de estos relatos, se decidió realizar uno en forma inversa, o sea, que una mujer fuera una asesina serial de hombres y sus víctimas se llamarán Carlos. Surgió así la historia de la "Matacarlos".
Como ya se dijo antes, era una asesina serial de hombres cuyas víctimas se llaman todas Carlos. Al parecer un trauma de la niñez nunca superado fue lo que motivo a esta chica, cuyo nombre verdadero era Ana Lorena Quesada, a asesinar hombres llamados Carlos.
La primera versión de “La Matacarlos” data de 1989 y fue publicada en el libro “Relatos Bizarros de Asesinos y Asesinas”, hoy totalmenta agotado. En este caso, la asesina era presentada como una psicopata que para tras haber sido víctima de una violación, asesina a cinco futbolistas llamados Carlos. En ese entonces, el asesinato de Carlos Grosso formaba parte de otra historia. Las víctimas de la asesina eran las primeras cinco víctimas del relato actual. La diferencia es que la asesina ejecutaba a cada víctima en forma diferente. A Carlos Russo lo envenenaba con un Queso, a Carlos Olarán lo asfixiaba mientras dormía, a Carlos Vazquez lo asesinaba con un golpe en la cabeza usando un palo de béisbol, a Carlos Enrique lo apuñalaba y a Carlos Alfaro Moreno lo asesinaba de varios balazos. En ese primer relato, la chica terminaba siendo asesinada por Carlos Navarro Montoya.
En la versión de 1994, publicada en la segunda edición de “Relatos Bizarros de Asesinos y Asesinas” se mantenía la misma historia la diferencia es que se incluía el crimen de Carlos Grosso en la lista de víctimas, y la asesina terminaba siendo ejecutada por Carlos Javier Netto, que la asesinaba de varios balazos. Ese mismo año también se conoció otra versión en forma de comic donde la “Matacarlos” asesinaba a sus víctimas usando Quesos envenenados. Con el correr de los años se conocieron nuevas versiones que no modificaron el guión original pero que fueron agregando víctimas y cambiando el final de la historia. La más importante fue en 2007, cuando en forma revolucionaria, entre las potenciales víctimas de la asesina se incluyó a Carlos Tevez. Esta es la versión con dieciocho víctimas, la que se conoce hoy y que más se popularizó.

Esta es la historia de una asesina llamada Ana Lorena Quesada, conocida como “la Matacarlos” o “la asesina de los Carlos”, llamada así por el simple hecho de que todas sus víctimas se llamaban Carlos… 
“La Matacarlos” le tiraba Quesos a sus víctimas. Generalmente se trataba de esos Quesos tipo Miny Fymbo, fáciles de llevar en una cartera de mujer, donde además también llevaba el revolver o el cuchillo con que cometía los crímenes. 
Según parece siendo muy niña, a fines de los ’80, todas las mujeres de su familia (madre, hermana, tía y hasta una sirvienta) fueron brutalmente asesinadas. La propia Lorena sobrevivió porque los asesinos creyeron que estaba muerta, luego de haberla violada en forma salvaje. Por el hecho fueron acusados cuatro hombres todos llamados Carlos, de ahí la obsesión criminal de esta chica por quienes tienen ese nombre. Estos asesinos eran “Quesones” (tiraban un Queso sobre sus víctimas) lo que explica porque la Quesona luego practicaría el mismo ritual, pero de una mujer hacia un hombre.
Los asesinos eran Carlos Grosso, acusado de ser el autor intelectual y que habría contratado a los otros tres homicidas, Carlos Russo y Carlos Vazquez, autores materiales y Carlos Olarán, partícipe necesario. Lo cierto es que los acusados apenas estuvieron presos un breve tiempo, la causa se cayó y todo quedó archivado. Lorena espero ser mayor, y según se cuenta, a fines de los ’90, llevó a cabo su venganza.
Buscó y encontró a los cuatro asesinos, y los fue asesinando uno por uno. Al primero que asesinó fue a Carlos Grosso, a quien baleó en una oficina del centro de la ciudad. Luego vinieron Carlos Russo, salvajemente apuñalado luego de una noche de sexo; Carlos Vázquez, a quien la asesina le clavó un cuchillo en la nuca y finalmente Carlos Olarán, baleado en un estacionamiento (aunque algunas versiones indican que podría haber sido estrangulado y asfixiado con sus propias medias blancas por la Quesona, en esta versión Olarán habria sido asesinado durante una noche de sexo como Carlos Russo).
Claro que la asesina no pudo detener su furia criminal y siguió asesinando hombres llamados Carlos. Así fue asesinando, en un raid criminal impresionante, a otros catorce hombres, totalizando un total de dieciocho víctimas. Tal como señala Bernabé Velázquez, siete fueron asesinados a balazos y otros siete con arma blanca.
En los primeros figuran el farmacéutico Carlos Alejandro Alfaro Moreno, el rugbier Carlos Di Masi, el ex futbolista Carlos Compagnucci, el mediático Carlos García conocido como Charly G, el automovilista Carlos “Carlitos” Okulovich (asesinado en su propio auto de competencia de TC), el tenista Carlos “Charly” Berlocq (baleado en su chacra de Chascomús) y finalmente el futbolista Carlos “Carlitos” Tevez, a quien la asesina baleó en un descampado luego de haberlo seducido en un conocido boliche.
Las otras víctimas fueron el rugbier rosarino Carlos Ciochetto (a quien la asesina le clavó un cuchillo en la nuca como a Carlos Russo), otros apuñalados en una cama generalmente luego de haber tenido relaciones sexuales (como el ex futbolista Carlos Alberto Enrique, el rugbier Carlos Arguindegui, y los actores Carlos Martín Karpan y Carlos Luciano Raúl Giacobone), otro degollado (Carlos Simoni, la asesina le cortó la gargante con un cuchillo) y uno tal vez degollado y apuñalado a la vez, Carlos Sebastián Sosa, cuyo cadáver apareció en una silla.

Obviamente este raid criminal fue hecho por parte de la Matacarlos siempre cambiando de nombre, lugar de residencia y apariencia física, principalmente color de cabello. Según señala Velázquez, en el año 2007, luego de asesinar a Carlitos Tevez, crimen que conmocionó a la opinión pública del momento, la asesina fue identificada por la policía, pero no pudo atraparla. Permaneció prófuga unos meses, y se radicó en una capital de provincia con otro nombre y apariencia. Allí su furia criminal no tardó en aparecer y la asesina se fijó en quien sería su próxima víctima: el basquetbolista Carlos Matías Sandes, estrella del equipo de la provincia, un joven que medía dos metros y calzaba 51. De acuerdo al relato de Velázquez , la asesina sedujo a Sandes y lo invitó a tener sexo con él. Según se cuenta luego de olerle, besarle y chuparle los pies al basquetbolista, la asesina intentó apuñalarlo con un machete, pero tras una temible pelea donde sufrió varias heridas, finalmente el basquetbolista logró apoderarse del machete finalmente le cortó la cabeza a la Matacarlos. Según relató Sandes a la policía, el basquetbolista tiró sobre el cadáver de la asesina el mismo Queso que ella pensaba tirarle a él, si lo asesinaba claro esta. Sandes fue sobreseído pues la justicia entendió que actuó bajó en estado de “emoción violenta” y en “legítima defensa”. Al rastrear el departamento de la asesina, no hubo dudas que se trataba de “la Matacarlos” pues la chica guardaba recortes de la prensa sobres sus asesinatos. Fue así como llegó a su final “la Matacarlos”, tal vez la más famosa (pero no la más sanguinaria ni la más prolífica) de todas las asesinas seriales de hombres, las Quesonas Asesinas.





















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