lunes, 25 de mayo de 2015

El séptimo Queso de Carlos Gonella



Erase una vez un abogado muy prestigioso experto en derechos humanos y esas cosas cuyo nombre era Carlos Gonella. Al cumplir los cuarenta años de edad, Carlos resolvió organizar una fiesta a todo trapo con más de trescientos invitados. La ocasión sería aprovechada por Gonella para anunciar su matrimonio con Anne Marie Leclerc, una chica francesa que había conocido en su último viaje a Europa.
En algún momento de la fiesta, una mujer muy vieja y vestida al modo del siglo XIX, se acercó hacia Anne Marie y le dijo:
- ¿Sos la novia de Carlos, mi sobrino, verdad? Soy la tía Filistaura. ¿Conocés la verdadera historia de tu novio?
- Me contó que enviudo hace tres años. Su esposa falleció tras sufrir un cancer muy largo y doloroso.
- Te mintió. Su última esposa no murió de esa manera. Fue asesinada. Apareció muerta en su cama con un cuchillo clavado en el corazón. Al lado del cadáver, el asesino tiró un enorme Queso.
- ¿En serio? ¿Quién la asesinó?
- Carlos Gonella, ¿Quién sino? Lo mismo que a las otras cinco esposas anterioras. Todas asesinadas de la misma manera, con un cuchillo clavado en el corazón y un Queso encima del cadáver. Le gusta asesinar chicas ricas, a las que hereda y con eso fue construyendo su fortuna. Es un Queson. Pertenece a la secta de los Carlos asesinos matamujeres y tiraquesos...
- Todo eso es mentira...
- Ojala fuese mentira... vos sos su séptima víctima.
- No dan los tiempos, tiene cuarenta años, no pudo haberse casado seis veces antes...
- ¿No dan los tiempos? Estamos en 2015. Sus matrimonios anteriores fueron en 1998, 2001, 2004, 2007, 2010 y 2013. A vos te va a asesinar en 2016...
La chica bajó la vista y cuando la levantó, la tía Filistaura había desaparecido. Anne Marie vio a un lado y hacia otro, y frente a ella estaba Carlos, su novio, que era muy alto, patón y apuesto, y siempre vestía de color negro en forma sobria y elegante.
- Vení Anne Marie, llegó la hora del gran anuncio.
Carlos llevó a su novia a la mesa principal y tomó un enorme cuchillo. La chica se asustó al ver a Carlos con el cuchillo, pero este cortó la torta y dijo con voz muy fuerte:
- Les anunció mi casamiento con mi novia, Anne Marie Leclerc.
Todos los asistentes aplaudieron. La fiesta prosiguió, aunque la chica no pudo olvidarse las misteriosas palabras que la tía Filistaura le había dicho durante la fiesta...
Pasaron algunos días, Anne Marie no sabía si aquel dialogo había sido realidad, imaginación o sueño. Lo cierto es que una noche, Carlos con guantes negros tomó un enorme y largo cuchillo, y la chica horrorizada se arrodilló y comenzó a suplicar:
- ¡No me mates, Carlos! ¡No me mates!
- ¿Estas loca? Es para cortar el Queso – respondió Carlos – desde la fiesta te veo nerviosa, muy nerviosa...
La chica, algo aliviada, pero todavía asustada, se incorporó del piso y le dijo a Carlos:
- Es que tu tía Filistaura...
- ¿Mi tía Filistaura? Nunca tuve ninguna tía Filistaura. La única Filistaura que recuerdo en mi familia, era una tía de mi abuela, que debe muerto hace setenta u ochenta años...
La chica prefirió no decir nada, comenzó a pensar que había hablado con un fantasma, y como desviando el dialogo, le preguntó a Carlos:
- ¿Tanto te gusta el Queso?
- Si existiese un planeta donde el único alimento fuese el Queso, para mí ese sería el planeta perfecto. Una vida ideal es desayunar con Queso Fresco, almorzar con Queso Parmesano, merendar con Queso Port Salut y cenar con Queso Gruyere. ¿No te parece?


La chica no contestó y se fue a dormir. Carlos, cuchillo en mano, pensó en voz alta:
- Debo acelerar los planes. No tengo alternativa.
Apenas unos minutos después, Carlos Gonella llegó al dormitorio, vestido totalmente de negro, incluyendo guantes negros, con un cuchillo en la mano derecha y un Queso en la mano izquierda. 
La chica estaba en el baño, Carlos se acercó hacia la cama y revisó debajo de la almohada. Encontró un revolver con silenciador. Todo indicaba que la chica estaba dispuesta a defenderse. Carlos tomó el revolver y lo tiró al cesto de la basura.
Anne Marie salió del baño, y vio a Carlos con el cuchillo en la mano, se horrorizó, intentó defenderse pero nada pudo hacer. Carlos Gonella le dijo:
- Serás mi séptima esposa, mi séptima victima.
En un movimiento muy rápido, Carlos le clavó el cuchillo en el corazón, la chica cayó muerta, y entonces el asesino tomó el Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima, y dijo en voz alta:
- Queso.
Cuando terminó Carlos Gonella miró al espejo y vio reflejado en el a su tía Filistaura, que le dijo:
- Le advertí que la ibas a asesinar.
- Te equivocaste. Soy un Queson. Acelerastes mis planes. Iba a vivir un año con ella, como hice con las anteriores, y después la iba a asesinar.
- ¿Y ahora, Carlos?
- Con la investigación policial no habrá problemas. Algo vamos a arreglar de una forma u otra. Quedaré absolutamente impune e inocente.
- ¿Con esto te alcanza Carlos?
- Por supuesto que no, deberé buscar a mi octava víctima...


domingo, 24 de mayo de 2015

El cruel final de Ravelia Zamas


“La opinión pública esta conmocionada por una serie de asesinatos. Las víctimas eran bellas y jóvenes mujeres. Algunas fueron salvajemente acuchilladas, degolladas o decapitadas, otras brutalmente acribilladas a balazos, estranguladas o golpeadas con objetos. Pero lo que todos los crímenes tenían en común era que sobre el cadáver de todas las víctimas siempre aparecía un enorme y gigantesco Queso. Un asesino conocido como “Carlos, el Queson” se atribuía los asesinatos a través de mensajes dirigidos a los medios de comunicación”.
-         ¿Esta es la síntesis de tu nueva novela? – le preguntó Carlos a la afamada escritora Ravelia Zamas, que además era su prima. Estaba parado en la habitación mientras la chica, delgada y rubia, de unos cuarenta años, estaba sentada en un escritorio, tomando un té con masas.
-         Sí, te aseguro que va a combinar terror, suspenso y comicidad, va a ser algo bien bizarro. Doce hombres llamados Carlos son convocados a una cena muy extraña donde son contratados por un escritor loco para matar a estas mujeres. Los asesinos son todos conocidos deportistas y modelos, y deben tirar un Queso en cada asesinato que cometen. Te aseguro que será un éxito.
-         Hasta ahora es más de los mismo. Minas muertas, Quesos, asesinos que se llaman Carlos, y todas esas idioteces...
-         ¿Más de lo mismo? También escribí historias de asesinas que matan tipos...
-         Sí, para mí esas son las mejores. Sobre todo la de la asesina que estrangula basquetbolistas o la otra donde una asesina decapita rugbiers.
-         Bueno, Edgar Allan Poe escribía cosas así y hoy lo consideran un maestro de la literatura.
-         ¿Te vas a comparar con Edgar Allan Poe?
-         A mí me discriminan por ser mujer.
-         No hablés pavadas...
-         ¿Y Narciso Ibáñez Menta, Vincent Price, Peter Lorre, Boris Karloff, Alfred Hitchcock? Sus programas y películas eran también cualquier cosa y tenían un éxito impresionante...


-         Se agrandó Chacarita. Pero para sorprender al público, la historia tiene que tener algo diferente...
-         Te aseguro que lo tiene y ahí está la diferencia con las anteriores. Sí. Le agregué algunos elementos sobrenaturales. Por ejemplo, el escritor en realidad lleva a cabo su plan porque su  esposa, herida y desfigurada en un accidente, hace un pacto con el más allá, y necesita la sangre joven de las chicas asesinadas para recobrar su juventud y belleza, de esa manera con cada chica muerta y cada Queso tirado, la esposa del escritor recupera dos años de su vida. Leela, te va a sorprender.
-         ¿Ya la terminaste totalmente?
-         Está finalizada. El manuscrito entero lo tengo aca. La editorial ya compro los derechos, ahora va a ir a imprenta. El éxito va a ser fenomenal, la van a querer llevar al cine.


-         Lo que nunca entendí es porque los asesinos se llaman Carlos y tiran Quesos... lo consideré hasta como una referencia a mi persona, como me llamo Carlos...
-         No, nada que ver. Surgió, nada más. Alguna vez pensé en escribir historias paralelas, los “Huevones”, asesinos que se llamaban Jorge y tiraban huevos a sus víctimas, o los “Jamones” asesinos que se llamaban Juan y tiraban jamones... pero nunca tuve la inspiración necesaria.
-         Bueno, supongo que vas a tener éxito, con cada novela que escribistes te llenaste de plata, sos multimillonario escribiendo esas pavadas de los Quesones, la Mujer Queso y todo eso.
-         Ese dinero es tuyo. Sos mi único pariente, y por ahora, si no tengo esposo ni hijos, sos mi único heredero.
-         Siempre tuve en claro que soy tu único heredero – fue la respuesta de Carlos mientras los ojos parecían encendérsele.
Carlos vio el cuchillo de oro que estaba guardado en la vitrina. Tenía inscripto el nombre de su prima “Ravelia Zamas”. Recordo que había sido un obsequio de los “Fans del Terror y el Misterio Bizarro”, uno de los muchos premios que su prima había ganado. El joven esperó que su prima fuera al baño, para ponerse guantes negros en las manos. Tomó entonces el cuchillo y esperó que su prima regresará del baño.


-         ¿Esto te la regalaron en esos fans comics a los que soles asistir?
-         Sí, fue muy gracioso, todos esos premios son de esos eventos.
La chica se sentó otra vez en el escritorio y tomó un nuevo té, le dijo a Carlos, que con el cuchillo en mano, ahora estaba detrás de ella:
-         ¿Querés comer algo?
-         Quiero algo salado, con algún vino, no estoy para un té con masas o facturas.
-         En la heladera hay un Queso Gruyere, esos que a vos te gustan tanto, los compro por vos, ya sabes que yo no los como.
-         Voy a buscar ese Queso y me lo voy a devorar. Tengo mucho apetito.
Entonces, Carlos se acercó a la heladera y sacó de la misma, el Queso, con una bandeja lo llevó de vuelta al escritorio. Carlos le preguntó a Ravelia:
-         ¿No te molesta si corta el Queso con ese cuchillo que te regalaron?
-         Hace lo que quieras – fue la respuesta de Ravelia.
Carlos agarró el cuchillo que decía “Ravelia Zamas” y parecía que iba a cortar el Queso, pero en un movimiento tan rápido como preciso, el joven arrojó el cuchillo de oro sobre su prima y se lo clavó en el estomago, obviamente Ravelia nada pudo hacer y quedó muerta en la silla con el cuchillo clavado en el estomago.
Carlos se acercó al escritorio con el Queso, volvió al escritorio y lo tiró sobre el cadáver de su prima.
-     ¡QUESO! – gritó Carlos mientras tiraba el Queso – así mataban tus asesinos y asesinas imaginarios, tomaban el Queso, lo tiraban sobre sus víctimas y decían en voz alta la palabra "¡QUESO!". Pero esto es real.
Carlos tomó el cuchillo siempre con los guantes negros y lo puso sobre la mano de su prima clavándoselo otra vez en el mismo lugar y la escena indicaba que se había tratado de un suicidio, una especie de harakiri.



Si ustedes piensan que esto fue obra de una acción repentina, les aclaramos que  el asesino ya tenía todo planeado desde hacía mucho tiempo. Unos análisis truchos demostrarían que la escritora tenía una enfermedad terminal y por eso decidió ponerle final a su vida.
Lo que vino después es bastante previsible, Carlos preocupado por que su prima no lo atendía, la mucama descubriendo el cadáver, la policía realizando una investigación, un juez que caratulo “Muerte dudosa” para después caratular “Suicidio” y por supuesto, toda la herencia y los derechos de autor en manos de Carlos Sebastián Beneitez, que no tardó en publicar la novela póstuma de su prima.




“SE SUICIDO FAMOSA ESCRITORA”


"La escritora Ravelia Zamas (41) apareció muerta en su residencia de Los Gamos. Presentaba una herida de arma blanca en el pecho y todo indica que habría sido autoinfringida (...) La policía sospecha de un suicidio pues la escritora padecía una enfermedad incurable (...) Zamas era famosa por escribir relatos de terror y suspenso bizarro, entre sus obras más conocidas figuran “El Asesino, el Queso y la Dama”, “Carlos, el Queson, crónica de un asesino serial”, “El rugbier asesino”, “El basquetbolista asesino”, “La Matacarlos, la asesina de los Carlos”, “La Mujer Queso, historia de una asesina serial de hombres”, “La estranguladora de basquetbolistas”, “Wanda Nara y los doce basquetbolistas asesinos”, “¿Quién le corta la cabeza a los rugbiers” y las tres entregas de “Relatos Quesones” (...) Su único heredero, su primo, Carlos Sebastián Beneitez, presentará en las próximas semanas la novela póstuma de su prima, que promete ser un éxito de ventas, y una nueva edición de las obras completas a la que se agregarán algunos relatos inéditos. Además hay un interés de productoras mexicanas, españolas y americanas por llevar varias de estas historias al cine y a la televisión, emulando las antiguas producciones de Narciso Ibáñez Menta y Narciso Ibáñez Serrador, “Historias para no dormir””.


Extraído de “Diario de La Mañana” 21 de mayo de 2015


La tumba de Ravelia Zamas decía "Ravelia Zamas,  Hic in vita mulieris insaniam ostendisset, June XXVI, MCMLXXIII - May XXI, MMXV, Requiescat in Pace, Hoc est finis, Consumant est". Según me han contado dicen que nadie la visitaba aunque a veces en lugar de flores, aparecían sobre la misma, cubos de Queso, que obviamente, se los comían los ratones.




Gracias a Bernabé Velazquez @Seba2209
por la buena onda que puso y permitirnos hacer este cuento!!!

viernes, 22 de mayo de 2015

La asesina de Claudio Caniggia


Con siete hombres asesinados en su haber, la temible y sanguinaria Mujer Queso parecía no estar satisfecha con los crímenes que había cometido y planificaba nuevos asesinatos.
El nuevo objetivo de la asesina pasó a ser Claudio Paul Caniggia, un traficante de drogas de poca monta que ya había estado detenido por la policía una que otra vez.
Ocurrió entonces que Claudio Paul Caniggia se encontraba una tarde en un baño de un estacionamiento alejado del paso masivo de gente. De hecho, Caniggia era el único hombre en el sanitario. 
Tras orinar comenzó a ver en el espejo y para su sorpresa, vio que una bella mujer rubia lo estaba apuntando con un arma. Era un revolver largo con silenciador. Claudio se dio vuelta pero la asesina no le dijo palabra alguna. Simplemente le disparó seis balazos, que lógicamente lo asesinaron.


La asesina repitió el ritual y tras arrojar el Queso sobre el cadáver de Claudio Paul dijo en voz alta el nombre de su víctima:
-         Claudio Paul Caniggia.
Como era habitual, se llevó las zapatillas de su víctima.


La asesina de David Kavlin


David Kavlin era un exitoso empresario dedicado al negocio de las bodegas. Había accedido a conceder una entrevista a una periodista llamada Carla Monzón. Claro que el empresario bodeguero desconocía que era empresaria era en realidad la famosa asesina de hombres conocida como “La Mujer Queso”.
La entrevista iba transcurriendo con preguntas de bueyes perdidos. En algún momento, Kavlin le dijo a Carla:
-         Qué lindos pies que tenés.
-         ¿Los querés probar?
-         ¿Me estás hablando en serio?
-         Claro.


La chica entonces le dio a probar sus pies a Kavlin. David los olió, lamió, besó y chupó. Tenían olor a Queso, pero era un Queso muy suave y agradable, un fromage francés, acorde con el toque de distinción y suavidad de una mujer.
Cuando terminó, David puso sus pies descalzos sobre la mesa y le dijo a Carla:
-         ¿Querés oler mis pies?
-         Bueno – la chica entonces olió, lamió, besó y chupó los pies de David. La verdad que no le gustaron. David era judío, Carla muy antisemita.
-         No tenés olor a Queso, David. Se nota que sos judío. Insípido e incoloro.
-         Soy limpio, nena, mis pies no huelen a Queso. Además no te metas con mis orígenes israelitas.
Mientras hablaba estas idioteces y sin que David se diera cuenta, Carla tomó un revolver con silenciador, y en un rápido movimiento, apuntó al muchacho, y le dijo:
-         Si no sos un Queson, morirás.
Carla entonces disparó. El balazo impactó directamente en la frente de David, que cayó muerto sobre su silla. No hicieron falta más disparos.
Al terminar la asesina abrió una cartera, guardó el arma en ella y tras sacar de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:
-         David Kavlin.
Tomó los zapatos de su víctima y se los llevó como trofeo, para exhibirlos en su vitrina con los zapatos y zapatillas de sus víctimas.

LA MUJER QUESO, una asesina serial de hombres

La asesina de Tommy Dunster


Tommy Dunster era el dueño de un gimnasio, y era quien lo cerraba todos los días. Una noche, muy tarde, Dunster aún estaba en el gimnasio, ya no había nadie, era la última persona, de repente sintió como si alguien había entrado, levantó la vista y para su sorpresa, una chica había ingresado al mismo.
-         ¿Quién sos? ¡No podés estar aca!
-         Yo hago lo que quiero – dijo la chica – soy la “Mujer Queso”, la temible, implacable y sanguinaria asesina serial de hombres.
La chica se acercó cuchillo en mano, y aunque Dunster intentó resistirse, nada pudo hacer ante la furia criminal de la asesina, que lo apuñaló salvajemente una y otra vez. Cuando terminó, la chica tiró un Queso sobre el cadáver de Tommy Dunster, que estaba totalmente ensangrentado sobre el piso, y dijo en voz alta el nombre de su víctima:
-         Tommy Dunster.
La asesina se llevó los zapatos de su víctima como trofeo del crimen que había cometido.

LA MUJER QUESO, una asesina serial de hombres

La asesina de Pablo Migliore


La “Mujer Queso” buscaba ahora al hombre que debía ser su víctima número quince. No supo porque pero se le ocurrió que podía llegar a encontrarlo en la zona del Puerto. Conoció entonces a Pablo Migliore, un tipo muy alto y patón, de quien se decía había sido arquero del fútbol profesional, pero las drogas, la bebida y las malas compañías lo alejaron de las grandes ligas.
Para lograr estar con Pablo Migliore, bastaba que la asesina se hiciera pasar por una prostituta de la zona del puerto. Así ocurrió que la asesina logró llevar a Pablo a una cama para tener sexo.


Aquella noche estaba desnudo esperando a Roxana, su prostituta favorita. Para su sorpresa, la que apareció ante él, era Lorena, a quien no conocía.
-         ¡Hola Pablo! – dijo la chica – espero satisfacer tus necesidades sexuales.
-         ¿Y Roxana? ¡La estaba esperando a ella!
-         Ella no podrá venir, hoy tiene un cliente que paga mejor que vos, espero poder gustarte y divertirte. Es mi objetivo.
-         Perfecto, sos muy linda. Vení, quiero tener sexo con vos.
La chica se tiró sobre la cama, y le puso los pies encima a Migliore. El arquero empezó a olerle los pies, a chuparselos, besarlos y lamerlos, una y otra vez. 


Tenía olor a Queso, era un olor a Queso fuerte pero al mismo tiempo muy tierno y agradable. Cuando terminó, la chica rapidamente sacó un cuchillo como de la nada, y en forma salvaje y desenfrenada, comenzó a apuñalar a Pablo. El hombre nada pudo hacer ante la furia criminal de la asesina, que lo asesinó con más de cuarenta puñaladas.
Al terminar la asesina limpió el cuchillo con las sabanas, abrió una cartera, guardó el cuchillo en ella y tras sacar de la misma un Queso, lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:
-         Pablo Alejandro Migliore.
Tomó los zapatos de su víctima y se los llevó como trofeo.

LA MUJER QUESO, una asesina serial de hombres

La asesina de Hernán Drago




Cuando todavía los ecos del crimen de Cristián “el Ogro” Fabbiani no se habían apagado, la asesina puso sus ojos en Hernán Drago, un ex modelo devenido en contador público. Era un muchacho muy alto y apuesto, irresistible para cualquier mujer.
Aquel día era un viernes. Hernán Drago estaba en su contaduría, como cualquier otro día, cuando pensaba ocuparse de la empresa Barclays & Mason, uno de sus clientes más importantes y recientes. Drago, un hombre de unos treinta y pico de años largos, le dijo a su secretario y asistente personal:
-         Puede retirarse Matías, ya es tarde, yo me ocupo del tema.
-         Muy bien, señor Drago.
-         ¿Durante mi ausencia hubo alguna novedad?
-         Sí, mandaron este paquete.
Hernán se acercó al paquete, lo abrió  y para su sorpresa, se trataba de un Queso. Era un Queso pategras, con cáscara roja.
-         ¿Quién envió esto?
-         No lo sé, no tiene remitente, pero se lo envían a usted, fíjese, dice “Sr. Hernán Drago”. Quizás sea una atención de Barclays & Mason, ellos comercian alimentos.
-         Puede ser, sí, puede ser – contestó Drago, que de todas formas continuaba intrigado ante el Queso que había recibido.
Matías, el asistente, se retiró de la ofician, y pasaron un par de horas. Era invierno, cuando las noches son más largas, y Hernán seguía trabajando aún cuando el resto del edificio estaba ya casi vacío. Faltaba poco para terminar y empezaba a guardar las cosas para retirarse, cuando en forma sorpresiva sonó el timbre. Hernán se sorprendió, pues no esperaba a nadie, y se acercó a la puerta para preguntar quien era.



-         ¿Quién es? – preguntó Drago.
-         ¿El señor Hernán Drago? – fue la respuesta, era una voz de mujer.
-         Sí, soy yo.
-         Por favor, soy la señorita Lorena Quesada, de la empresa Barclays & Mason, es un tema urgente, muy importante.
Barclays & Mason era una de los clientes más importantes y a la vez recientes que tenía Drago en su contaduría. El contador abrió la puerta y al hacerlo, vio que se trataba de una mujer joven y rubia, muy bien vestida, con dos guantes negros que le enfundaban las manos. Era La Mujer Queso, la asesina de hombres.
-         Buenas noches, señor Drago, espero poder hablar con usted. Es algo muy importante y urgente.
-         No esperaba su visita, señorita. ¿No podría venir el lunes? ¿Se trata de algo tan urgente? – le dijo Drago.
-         No. Esto debe resolverse hoy, señor Hernán Drago – contestó la asesina – podemos hablar por las buenas, o podemos hablar por las malas.
No terminaba de decir esto, cuando la chica abrió la cartera, sacó un revolver con calibre 45 largo con silenciador y apuntó hacia el muchacho, que asustado dijo:
-         ¿Qué significa esto?
-         ¿No me conocés, Hernán? Soy la Mujer Queso, la asesina serial de hombres.
Hernán Drago estaba sorprendido. La chica entonces disparó el revolver en ocho ocasiones. Los balazos cayeron en todo el cuerpo de Hernán Drago, que se tumbó de bruces sobre el suelo, cayendo muerto, totalmente ensangrentado. La asesina esbozó una sonrisa de satisfacción ante el crimen que había cometido.
La asesina tomó el Queso que ella misma había enviado y que se encontraba sobre la mesa y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:
-         Hernán  Drago..
Y se fue del lugar del crimen llevándose los zapatos de su víctima.


LA MUJER QUESO, una asesina serial de hombres

La asesina de Gabriel Batistuta


Once víctimas tenía en su haber la “Mujer Queso” cuando un buen día empezó a ver en su vitrina los zapatos de cada una de sus víctimas. Era la colección que tanto le gustaba y que quería seguir ampliando. Debajo de cada zapato, figuraba la inscripción con el nombre y apellido de su víctima, y el n° de calzado. En la fila superior había cinco pares de zapatos, los de Martín Palermo (45), Gonzalo Quesada (44), Mario Guerci (44), Iván De Pineda (46) e Ignacio Corleto (45).
Debajo, en la segunda hilera, estaban los de Diego Reinhold (42), Fernando Redondo (46), Claudio Caniggia (43), Sergio Goycochea (45) y Roberto Abbondanzieri (46).
En una tercera hilera los de Rolando Schiavi (47). La asesina pensó:
-         Debo llenar la tercera hilera, pero tengo que ser cuidadosa con la elección de mis víctimas. Ninguna de sus nuevas víctimas debe tener el nombre de los anteriores.
Esto, por supuesto, implicaba que la asesina ya tenía decidido no asesinar a ningún otro hombre que se llamara Martín, Gonzalo, Mario, Iván, Ignacio, Diego, Fernando, Claudio, Sergio, Roberto y Rolando.



En aquellos días, la asesina conoció a un polista bien parecido llamado Gabriel Batistuta. Como era habitual en ella, se hizo pasar por una empresaria del calzado para ver al muchacho e ir a su departamento. Le llevó una gran caja de zapatos, que Gabriel comenzó a ver.
-         Queremos que seas el rostro de nuestra nueva marca de zapatos, Gabriel. Espero que te guste nuestra propuesta para hacer las publicidades.
-         Sí, quiero ver bien los zapatos – contestó Batistuta.
El muchacho empezó a tocar los zapatos, mientras la asesina le dio la espalda. En ese momento, la asesina sacó el revolver de su cartera, puso el silenciador y apuntó hacia Batistuta.
-    ¡Gabriel! – Le dijo.
El muchacho levantó la vista y la asesina le disparó una decena de balazos, que lo asesinó inmediatamente, rato después le tiró el Queso y le sacó los zapatos que se llevó como trofeo.

LA MUJER QUESO, una asesina serial de hombres

La asesina de Rolando Schiavi


Ya eran diez las víctimas de Carla Monzón, Valeria Mazza o Ana Quesada, los diferentes nombres que iba adoptando, la “Mujer Queso”, la temible e implacable asesina serial de hombres
Tras permanecer unos meses sin asesinar a ningún hombre, la abstinencia llegó a su fin cuando conoció a un futbolista con una exitosa carrera, defensor para más datos, que se llamaba Rolando Schiavi.
No fue difícil seducirlo y lograr que el futbolista, que era muy apuesto y sexy, además de ser alto y patón, la llevara a su departamento.


El Flaco (como le decían) la estaba esperando en la cama, desnudo, la chica se acercó, y le dijo:
-         Qué lindo que sos, Flaco, me gustas mucho.
-         Vení, vamos a divertirnos con el sexo – contestó el arquero.
-         ¿Te llamas Carlos, verdad?
-         ¿Cómo sabes? – preguntó Sosa sorprendido – es mi segundo nombre, casi nadie me conoce por él.
-         Me dí cuenta por el olor a Queso que tenés – dijo la asesina.
-         ¿Olor a Queso? Ja, ja, ja – dijo Schiavi – dale ole mis pies.
La asesina olió entonces los pies de Schiavi y la verdad es que apestaban. Cuando lo de los pies llegó a su fin, el futbolista se tiró a la cama para coger a la chica y le dijo:
-         Dale, basta de jugar, tengamos sexo.
Pero la asesina no contestó, sacó entonces un enorme cuchillo que tenía escondido detrás y se tiró encima del futbolista, al que apuñaló salvajemente. Fueron como treinta o cuarenta puñaladas.
Al terminar, la asesina tomó el Queso, y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:
-         Rolando Carlos Schiavi.
Y se llevó las enormes zapatillas del futbolista.

LA MUJER QUESO, una asesina serial de hombres

La asesina de Sergio Goycochea


Tras acuchillar a Roberto Carlos Abbondanzieri, lejos de apagar su instinto criminal, la “Mujer Queso” se puso rápidamente en movimiento con el objetivo de cometer un nuevo crimen. Sería la décima víctima de la temible asesina.


Se fijó en un ex deportista y modelo, alto y patón llamado Sergio Goycochea. La asesina alternaba entre usar revolver y cuchillo. Esta vez le tocaba usar el revolver con silenciador.
Una noche, Sergio entró a su auto, que permanecía estacionado en un amplio parking de un estudio televisivo. Para su sorpresa, desde el asiento de atrás, apareció una figura femenina totalmente vestida de negro, incluyendo los guantes con los que sostenía el revolver con silenciador.
La asesina entonces apuntó hacia donde estaba Goycochea y le dijo:
-         Te asesinaré, Sergio Goycochea.
 El ex deportista quedó aterrorizado del susto y no pudo siquiera reaccionar, cuando parecía que iba a hacer algo, la asesina disparó. El tiro fue seco y con el silenciador, nadie lo escuchó, impacto directamente en la cabeza del muchacho, que cayó muerto sobre el vidrio delantero. 
La asesina repitió el ritual de siempre, dejó el Queso en la escena del crimen y se llevó los zapatos de su víctima. Antes de abandonar la escena del crimen, la asesina dijo en voz alta el nombre de su víctima:

-         Sergio Goycochea.

La Mujer Queso (o la Quesona), una asesina serial de hombres

La asesina de Roberto Abbondanzieri


Roberto Carlos el Pato Abbondanzieri era un muchacho alto, joven y morocho, que todos los días iba al gimnasio. Allí conoció a una chica que se presentó así mismo como Carla. Era una joven muy bella, irresistible para el deportista, y por eso resulto lógico que una noche ambos resolvieran encontrarse en un departamento para tener sexo.
Roberto Carlos estaba desnudo, con solo un calzoncillo que le cubría los testículos, mientras esperaba acostado a la chica. La joven se acercó hacia él, casi desnuda, pues la única parte del cuerpo que tenía cubierta eran sus manos, donde lucía un par de guantes negros. Con sus manos sostenía una bandeja que tenía un Queso Gruyere. La asesina dejó el Queso sobre un mueble y se acercó adonde estaba Roberto Carlos.
La chica tomó los enormes pies de Roberto Carlos y le dijo:
-         ¡Qué pies grandes que tenes! ¿Cuánto calzas, Pato?
-         Cuarenta y cinco – fue la respuesta de Roberto Carlos.
-         ¿Puedo oler tus pies? – dijo la chica.
-         Bueno, pero mira que hoy no me los lave. Deben de tener olor.
-         No importa, me gustan los hombres como vos, con olor a Queso.



La chica comenzó a oler los pies de Roberto Carlos, que efectivamente olían a Queso. Tras hacerlo, le dijo al muchacho:
-         ¿Seguimos jugando Roberto Carlos?
-         ¿Qué queres hacer algo? Con vos hago lo que quieras.
-         Te voy a atar a la cama con estas esposas, es mi juego sexual preferido.
-         Hacelo, nena, hacelo.
La chica ató a Roberto Carlos a la cama, y tras hacerlo, le tiró sus pies encima de él, le dijo entonces:
- Mis pies, mis Quesos, quiero que los huelas, lames, beses y chupes, una y otra vez.
Roberto hizo entonces eso, durante varios minutos, cuando la chica quedó satisfecha, de repente sacó un enorme cuchillo de cocina, para sorpresa y terror del hombre, que atinó a decir:
-         ¿Qué haces con ese cuchillo?



La asesina colocó el cuchillo sobre el cuello de Roberto Carlos y le dijo:
-         ¡Te voy a matar, Roberto Carlos el Pato Abbondanzieri! Soy la Mujer Queso, la temible e implacable asesina de hombres.
La asesina no terminaba de decir esto cuando levantó el cuchillo y lo clavó en el pecho de Abbondanzieri. Lo siguió apuñalando en forma salvaje y desenfrenada. Fueron como treinta puñaladas.
Al terminar, la asesina tomó el Queso, y lo tiró sobre el cadáver de su víctima. Mientras hacía esto, dijo en voz alta:
-         Roberto Carlos  Abbondanzieri.
Así fue asesinado Roberto Carlos  Abbondanzieri. La asesina se llevó como trofeo las enormes zapatillas de su víctima.

La asesina de Fernando Redondo


La policía estaba tras la “Mujer Queso”, sabía que esos hombres habían sido asesinados por una mujer, una temible, sanguinaria e implacable asesina serial. Sin embargo, la habilidad que tenía la chica para cambiar sus identidades y su apariencia física le permitía permanecer impune. Sabía que no podría asesinar con tanta frecuencia y por eso decidió permanecer un largo tiempo sin asesinar a nadie, siendo lo más selecta posible a la hora de elegir a sus próximas víctimas.
En eso, la asesina se enteró que el futbolista Fernando Carlos Redondo, ex jugador del Argentinos Juniors, trabajaba en un campo de entrenamiento en las afueras de la ciudad. La asesina resolvió que sería su próxima víctima.
Una noche lo siguió y entró a su casa, ubicada en algún suburbio. Estaba armada con un cuchillo, y lo sostenía con sus guantes negros. Redondo estaba sentado viendo la televisión en el living. La asesina se acercó en forma sigilosa, cuchillo en mano, y se puso detrás de la puerta.
A la Mujer Queso le hubiera gustado humillar a Redondo obligándolo a lamerle, chuparle, olerle y besarle los pies como había hecho con Iván De Pineda. Pero se dio cuenta que no iba a poder, y entonces, resolvió asesinarlo, ya vendrían otras víctimas con las que jugar de ese modo.


Para llamar la atención de Fernando, arrojó un jarrón al piso. El ex futbolista escuchó el ruido y se paró, acercándose a la puerta. Entonces, la asesina se puso detrás de él, levantó el cuchillo con su mano derecha, y descargó el golpe sobre el ex jugador, apuñalándolo por la espalda. 
Cuando terminó, dijo en voz alta:
- Fernando Carlos Redondo.
La asesina se fue del lugar tras arrojar un Queso sobre el cadáver de Redondo. Por supuesto, se llevó las zapatillas de su víctima. 
Cuando la policía descubrió el cadáver, al día siguiente, Fernando aún tenía el cuchillo clavado en la espalda. Una puñalada, bien profunda, había bastado para asesinarlo. 

LA MUJER QUESO, una asesina serial de hombres

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