martes, 21 de julio de 2015

La asesina de Emanuel Ginóbili




No sabemos en que ciudad ni en que tiempo, pero ocurrió en algún lujoso hotel que la modelo Valeria Mazza y el basquetbolista Emanuel David Ginóbili se encontraron a solas en una habitación.
-  Tengo que hablar con vos – le dijo Valeria a Manu.
Tras decir esto, la modelo, vestida muy elegantemente con guantes negros, acomodaba un enorme Queso Gruyere sobre una mesa y tomó con sus manos una enorme soga.
El basquetbolista permanecía sentado dándole la espalda a la modelo, y de repente, vio que su cuello estaba rodeado con la soga.
-   ¿Qué haces, loca? – preguntó Ginóbili.
-    Lo siento, Manu, pero soy una asesina, vos vas a ser mi próxima víctima. Soy la Mujer Queso o la Quesona Asesina, como quieras llamarme. Te estrangularé.
-    ¡Me estás jodiendo! – respondió Manu Ginóbili en una mezcla de asombro y terror.
-   Si a los asesinatos los consideras una joda, sí, estoy jodiendo – fue la fría respuesta de la asesina – Hay una chance de que te salves. Arrodíllate.
Con la soga al cuello, Emanuel se arrodilló frente a ella. La chica le ató las manos y le dijo con una gran frialdad:
-         Chupame los pies.



El basquetbolista entonces comenzó a chuparle, lamerle, besarle y olerle los pies a la chica, que era una Quesona, y sus pies olían a Queso, a una mezcla de Cheddar y Roquefort. Cuando terminó, la Quesona golpeó con un latigo a Ginóbili, y le colocó una bolsa sobre la cabeza, a continuación comenzó a apretarle el cuello con la soga, estrangulando y asfixiándolo a la vez.
Finalmente el basquetbolista cayó muerto de inmediato. La asesina dijo entonces mientras contemplaba el cadáver:
-   Me hubiera gustado divertirme más con vos, bueno, no pudo ser.
La asesina tomó entonces el Queso y lo tiró sobre el cadáver de Emanuel Ginóbili, a la vez que decía en voz alta el nombre de su víctima:
-         Emanuel David Ginóbili.
Valeria Mazza se fue del lugar llevandose las enormes zapatillas talle 48/49 del basquetbolista Emanuel David Ginóbili.


Versión alternativa

El basquetbolista Emanuel Ginóbili se encontraba en una habitación. Con sus dos metros de altura, estaba vestido con piloto, sombrero y guantes de color negro. Ginóbili se encontraba contando dinero, billete por billete. De repente, y con gran sorpresa, una mujer ingresó a la habitación, estaba muy bien vestida, con un vestido rojo y guantes blancas que le cubrían la mano. Era Valeria Mazza, una cruel, implacable y sanguinaria asesina a sueldo, capaz de cometer los más terribles y atroces crímenes. La mujer tenía una ametralladora Uzi Umarex con silenciador y culata.


- Así quería agarrarte Emanuel…
- Valeria, por favor, puedo explicarte todo…
- No hay nada que explicar.
La asesina disparó y acribilló a balazos a Emanuel Ginóbili. Cuando terminó, la asesina tomó un Queso y lo tiro sobre el cadáver del basquetbolista, mientras decía en voz alta:
- Queso.



Miguel Avramovic, en una noche de terror


Miguel  Avramovic salió del entrenamiento de rugby como todos los días. Se trataba de un ex rugbier que ahora seguía vinculado al deporte como entrenador. Lógicamente, como todo rugbier era muy alto, robusto y patón. Llegó a la camioneta que estaba estacionada en el Parking, abrió las puertas e ingresó a la misma como cualquier otro día. Se estaba incorporando en el asiento delantero, cuando notó que una figura femenina, una chica alta y rubia, emergía de los asientos traseros. Miguel se dio vuelta, y la chica le inyectó una jeringa en el cuello. El rugbier se desvaneció de inmediato y se sumergió en un sueño intenso y profundo.
Cuando reaccionó, un par de horas después, el rugbier estaba atado de pies y manos a una silla, una especie de silla de dentista, no podía moverse. No sabía donde estaba, era un cuarto oscuro y húmedo, como de una fábrica abandonada. Avramovic observó que frente a el había una mesa con un gigantesco Queso Gruyere, y al lado de la mesa había una chica, de cabellos largos y rubios, con un elegante vestido de color negro, y con sus manos, enfundadas en un par de guantes negros de cuero, la chica sostenía un enorme, largo y filoso cuchillo.
El rugbier se aterrorizó al ver a la chica frente a él con una espada en mano, y más con semejante espada, era realmente gigantesca, y solo atinó a balbucear:
-         ¿Quién sos? ¿Qué querés?
-        Mi nombre es Valeria Mazza – fue la respuesta de la chica – soy la Mujer Quesona, la Quesona Asesina, o como quieras llamarme, me gusta asesinar tipos como vos.
-        ¿Estas loca? ¿Porqué? ¡Socorro! ¡Ayúdenme! ¡Una loca quiere matarme! – empezó a gritar desesperado el rugbier.
-        Podes gritar lo que quieras, pero no va a venir nadie. No te va a escuchar nadie, pero te voy a dar una chance de sobrevivir, una prueba de supervivencia, aunque será muy difícil que la puedas superar.



La chica entonces dejó la espada sobre la mesa  y tocó un botón, el asiento donde estaba atado el rugbier se incorporó para adelante, quedando sus enormes pies al descubierto. La asesina sacó entonces una pluma, a la vez que empezó a acercarse al rugbier, y con la pluma, empezó a hacerle cosquillas en los pies.
-        Esta es la prueba, Miguel – dijo la asesina – ver si resistís las cosquillas en los pies.
El rugbier no podía soportar las cosquillas, trataba de moverse de un lado a otro, se ría todo el tiempo, era una tortura realmente insoportable para cualquiera. Mientras le hacía cosquillas en los pies, la asesina acercaba su nariz a los pies del rugbier, los olía y entonces le dijo a Avramovic:
-         Tenés olor a Queso, pero no es el Queso que me gusta a mí, no tengo otra alternativa que asesinarte. Aunque todavía hay una chance para toda tu vida...
La asesina entonces puso sus pies, muy grandes para ser mujer, pues calzaba cuarenta y dos, y los colocó sobre el rostro del rugbier, le dijo entonces:
-         Chupamelos, olelos, besalos y lamelos.
Avramovic comenzó entonces a chupar, lamer, besar y oler los pies de la mujer. Cuando terminó, el rugbier quedó paralizado por el miedo y el terror.
-         Llegó la hora, Miguel.



La asesina tomó la espada y se acercó hacia su víctima. Dio una vuelta alrededor de la silla y se puso detrás de Avramovic, la asesina entonces tomó con fuerza la espada, lo puso sobre la garganta del rugbier, y le cortó el cuello, la herida fue lo suficiente profunda, no hizo falta nada más. La sangre chorreo por todos lados, y salió tanto por la garganta como por la boca del rugbier degollado. La asesina volvió a tomar con fuerza la espada y le cortó la cabeza. Cuando terminó, con la misma espada con que había decapitado al rugbier, la asesina cortó el Queso en dos. Agarró la cabeza del rugbier, y la puso sobre la horma gigantesca de Queso, a la vez tiró la otra mitad del Queso sobre el cadáver mutilado de su víctima.
-         Miguel  Avramovic.

La asesina no tardó en abandonar el lugar pronunciando en voz alta el nombre del hombre al que había asesinado., a la vez que se llevaba como trofeo las zapatillas de su víctima.


domingo, 12 de julio de 2015

La Noche del Domingo de Karina Mazzoco


El domingo estaba llegando a su fin y la ciudad parecía terminar su letargo para entrar en el bullicio y las tribulaciones de una nueva semana laboral. Un auto se detuvo frente a una coqueta casa de departamentos. En el iban una mujer y un muchacho... ella era Karina Mazzoco, él Mario Guerci.
-         Hemos pasado un fin de semana espectacular, Mario – le dijo Karina a Mario.
-         Sí, lástima que debe terminar, estoy muy cansado...
-         Sí no hubiéramos tenido tanto sexo este fin de semana te decía que te quedarás esta noche conmigo.
-         Igual, no puedo, tengo que ir a ver a mi tía Fulgencia.
-         Entiendo, Mario.
-         Pero es solo por un rato, mañana nos juntamos para almorzar, podemos ir a Glendales.
-         Prefiero ir a Dorsia.
-         ¿Dorsia? Bueno, ahora hago la reserva, ya sabés como son las cosas ahí.
-         Por supuesto, Mario.
-         Bueno, Karina, te amo.
-         Yo también te amo, hasta mañana.
-         Hasta mañana, mi amor.


Karina abandonó el auto y entró al edificio. Cuando ya estaba adentro, Mario abandonó el lugar con su auto. Karina entró al ascensor, llegó al departamento, e ingresó al mismo. Dejó sus cosas en el living comedor, fue al dormitorio, e ingresó al baño para ducharse y después cambiarse.
Lógicamente por el ruido de la ducha, Karina no escuchó que alguien entró a su departamento. Este alguien desarrolló movimientos muy lentos para no ser así escuchado. Era un hombre muy alto, con dos enormes pies, vestido totalmente de negro, con un campera y polera sobre el cuerpo, guantes y un pasamontaña que le cubría la cara. Con su mano derecha sostenía un enorme cuchillo y con sus gigantescos pies, como si fuera una pelota de fútbol, el enmascarado iba pateando una enorme horma de Queso Gruyere.


El enmascarado entró al dormitorio de Karina y esperó que la chica saliera del baño. Cuando lo hizo, la sorprendió desde atrás, la tomó por detrás, y la chica horrorizada intentó resistirse pero la furia del asesino la tiró sobre la cama, y comenzó a apuñalarla salvajemente. Cuchillazo va, cuchillazo viene, le dio como ochenta, noventa, cien puñaladas. Cuando terminó, el asesino tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la víctima.
-         Queso – dijo en voz alta.



Dejó entonces el cuchillo clavado en el estomago de su víctima y el Queso sobre el cadáver.
El asesino se retiró del departamento, mientras estaba en el ascensor bajando, se sacó el pasamontañas que le cubría el rostro. Con la misma impunidad con que había llegado al lugar, se retiró del mismo.
Iba caminando por la calle, pasaron por el lugar un grupo de chicos, que pararon al asesino y le dijeron:
-         ¿Vos sos Carlos “Chiquito” Bossio, no? ¡El que le hizó un gol a Racing cuando jugaba en Estudiantes!
-         Sí, soy yo, Carlos Gustavo Bossio, pero todos me conocen como “Chiquito”.
-         ¿Nos firmás un autógrafo?
-         Por supuesto, uno para cada uno.
Carlos “Chiquito” Bossio entonces sonrió se sacó fotos con los chicos y firmó autógrafos para todos.



Paula Medici y Carlos Bossio en una tarde de Sexo


La bella, joven y agraciada modelo Paula Medici estacionó el auto en un valet parking, y tras descender del mismo, comenzó a caminar por el lugar. Mientras lo hacía, comenzó a sentirse observada, como si alguien la estuviera mirando. Miró a un lado, miró al otro, no vio nadie, siguió caminando. De repente, como salido de la nada misma, frente a ella apareció un hombre de unos treinta y pico de años, muy alto y patón, vestido de forma muy elegante, con dos guantes negros que le cubrían las manos y dos enormes zapatos talle cincuenta en sus grandes pies.
-         ¡Carlos! – dijo sorprendida Paula, al reconocer al muchacho.
-         Hola Paula – fue la respuesta de Carlos. Era Carlos Bossio, a la vez esposo de otra modelo, Giselle Tigana, y yerno de la afamada diseñadora de modas, Anne Marie Amoros.
-         ¿Qué haces por aca?
-         Estamos organizando un nuevo evento, del que por supuesto vas a formar parte, ya te lo estoy adelantando, tu presencia siempre es motivo de éxito.
-         Gracias, Carlos – contestó Paula, muy contenta por el elogio. Carlos no era un muchacho digamos guapo, más bien lo contrario, pero a Paula le generaba cierta atracción.
-         ¿Vas por alla, Paula?
-         Sí, salgamos por alla.


Los dos comenzaron a caminar juntos. Mientras lo hacía, Carlos le dijo a Paula:
-         ¿Sabes una cosa, Paula?
-         Decime Carlos.
-         Me gustaría tener sexo con vos – así, directa y contundente fue la propuesta de Carlos.
-         ¿Me lo estás diciendo en serio? – Paula, lejos de horrorizarse por la propuesta, le gustó escuchar eso de boca de Carlos.
-         Por supuesto...
-         Estamos casados Carlos, vos con Giselle, yo con Mario.
-         ¿Y qué? Hoy no nos vamos a divorciar. Esta mañana estabamos casados, a la noche seguiremos casados, pero ahora a la tarde, nos podemos permitir un momento de diversión.
A Paula le gustaba mucho la idea, no podía disimularlo, y estaba dispuesta a aceptar la propuesta, le dijo entonces a Carlos:
-         ¿Y donde lo hacemos?
-         Tengo un departamento, el mismo donde vivía antes de casarme con Giselle. Quedó bien armado. Vamos allá...
-         ¿Dónde está?
-         Cerca de acá, a tres cuadras, vamos caminando.


Rato después, Paula y Carlos estaban en el departamento. Paula estaba acostada, viendo a Carlos totalmente desnudo, todavía parado frente a la cama, para la chica era algo fascinante. Le dijo:
-         ¿Sabes una cosa, Carlos? Siempre me gustastes mucho...
-         Lo sé, por eso me animé a hacerte esta propuesta. A mí también siempre me gustaste mucho...
-         Tus pies, tus pies son hermosos, ¿Cuánto calzas, Carlos?
-         Cincuenta.
-         ¿Tanto?
-         Sí, miralos los pies – Carlos levantó su pie derecho y lo pusó sobre el rostro de Paula. El olor a Queso era muy intenso, apestoso, pero a Paula le gustaba.
-         ¡Qué olor a Queso que tenés Carlos!
-         ¿Vistes? Es apestoso, pero a las chicas le gusta, no lo puedo evitar...
Durante varios minutos Paula lamió, besó, chupó y olió el pie derecho de Carlos.
-         Si te gustó el derecho, te va a gustar también mi pie izquierdo – le dijo Carlos, mientras ponía su pie izquierdo sobre el rostro de Paula, que repitió lo mismo que había hecho minutos antes con el pie derecho.
Cuando terminó, Carlos le dijo a Paula:
-         Espero ahora oler tus pies.
-         Aca los tenés.
Carlos olió los suaves y femeninos de Paula, pero no olían a nada, estaban demasiado limpios y perfumados.
-         Bueno, yo soy un Queson, pero vos no sos una Quesona...
-         Bueno, Carlos...
-         No importa. Pero vinimos a tener sexo, dejemos por un momento el juego de los pies.
A continuación, Paula y Carlos mantuvieron una intensa relación sexual. Cuando terminaron, los dos estaban más que contentos, sentían haber tenido una experiencia realmente fantástica.
-         Me imaginaba que eras bueno en la cama, Carlos, pero la verdad superó cualquier imaginación.
-         Opino lo mismo de vos, Paula.
-         ¿A dónde vas? – le dijo Paula, al ver que Carlos se levantó de la cama y empezó a salir de la habitación.
-         Vamos a jugar a otro juego – fue la respuesta de Carlos.



Paula se quedó esperando, todavía contenta por la tarde que había pasado. Apenas unos minutos después, el muchacho estaba frente a ella, con un enorme Queso Gruyere en las manos.
-         ¿Y ese Queso, Carlos?
-         Te gustó mucho el Queso de mis pies, ahora te va a gustar este Queso también.
Carlos tomó el Queso y lo tiró sobre la chica, a la vez que sacó de su espalda un gigantesco cuchillo, y se tiró sobre Paula.
-         ¿Qué haces Carlos con este cuchillo?
-         Morirás asesinada, Paula, yo soy el Queson, el asesino serial de mujeres.
-         ¡NOOOOO! – gritó horrorizada la chica.
La chica intentó defenderse, y opuso toda la resistencia que pudo, pero la furia del asesino pudo mucho más. No le resultó fácil a Carlos asesinar a Paula, pero cuchillada va, cuchillada viene, puñalada va, puñalada viene, le asestó como cien puñaladas, una tras otra, hasta que finalmente finalizó su tarea macabra.
Cuando terminó, Carlos tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la chica, diciendo en voz alta:
-         ¡Queso!
Rato después, el asesino comenzó a limpiar la escena del crimen, y metió el cadáver de Paula, con el cuchillo clavado en el estomago, y el Queso, en una bolsa de dormir. Espero que pasaran algunas horas, y sacó la bolsa de dormir por el pasillo, esperando que nadie lo descubriera. Fue directamente al estacionamiento, y metió la bolsa en el auto, rato después, lo tiró en una plaza, donde chicos de la primaria solían jugar al fútbol.


jueves, 2 de julio de 2015

Valeria, la Quesona y Marcelo, el Quesudo


No sabemos como llegaron ni donde, tampoco porque, pero imaginemos que Marcelo Tinelli y Valeria Mazza estaban los dos solos, en una habitación en algún lugar de lujo acorde a lo que estas dos personas exigen y requieren.
Marcelo estaba acostado, totalmente desnudo, sobre la cama, con sus dos enormes pies talle cuarenta y cuatro sobresaliéndole de la misma. Valeria también estaba totalmente desnuda. Sobre una mesa, muy cerca, de la cama, había una enorme y gigantesca horma de Queso Emmenthal, que sobresalía por sus grandes y voluminosos agujeros.
- ¿Por qué este Queso, Valeria? – le preguntó Marcelo a Valeria.
- Es parte del juego – le aclaró Valeria – te dije que nos vamos a divertir mucho, ya vas a ver.
- ¡Pero este Queso tiene una baranda, che!
- No, Marcelo, el olor a Queso viene de tus pies, y de los míos. Vos sos un Queson y yo una Quesona, ja, ja.
- ¿Un Queson, yo? – se rió Marcelo – Ja, ja, para ser Queson hay que llamarse Carlos, yo me llamó Marcelo, que Carlos ni Carlos.
- Bueno, quizás vos no seas un Queson, apenas un Quesudo, pero yo sí soy una Quesona.
- ¿En serio?
- Sí, mirá Marcelo, olé mis pies...


Valeria Mazza, que calza cuarenta y dos, puso sus pies encima del rostro de Marcelo, este comenzó a olerlos, chuparlos, besarlos y lamerlos, una y otra vez. Los pies de Valeria Mazza olían a Queso, pero era un Queso fuerte y agradable a la vez, como el olor que genera un fromage francés, delicado y delicioso. Marcelo quedó extasiado por el olor de los pies de Valeria.
- ¿Y te gustaron mis Quesos, Marcelo?
- Y sí, sos muy Quesuda, que diga Quesuda, una Quesona, una Requesona...
- A ver los tuyos, sí huelen más que los míos...
Marcelo, sin dejar de estar acostado en la cama, extendió sus enormes pies hacia la cara de Valeria, que permaneció apoyada de rodillas. 
Valeria entonces tomó una pluma y empezó a hacerle cosquillas en los pies a Marcelo, que no paró de reírse y de emitir carcajadas tras carcajadas mientras la chica lo cosquilleó. Le pasó la pluma por encima de las plantas de los pies, y después por cada dedo con sumo detalle. 



Cuando terminó, Valeria empezó a oler los pies de Marcelo. Sintió una profunda decepción. Olían a Queso, un Queso muy fuerte, pero Valeria sintió que era un Queso de segunda mano, no era el Queso que ella imaginaba.
- ¿Y te gustaron, Valeria?
- No, Marcelo, no te voy a mentir. Creía que tenías Quesos más ricos.
- Te lo dije, Valeria. Soy Quesudo, pero no soy Queson.
- Sí, ya me dí cuenta, Marcelo.
- ¿Y ahora?
- Y ahora viene lo mejor...
Valeria agarró un enorme cuchillo y se acercó a Marcelo, que la veía aterrorizada, la chica descargó una puñalada con furia, ante el horror de Marcelo, pero la puñalada impacto en una de las almohadas...
- ¿Creías que te iba a matar? ¡Ja, ja!
Marcelo respiró algo aliviado, pero ahora Valeria agarró una almohada y la pusó sobre la cabeza de Marcelo, tapándole la vista.
- ¿Qué haces loca, ahora? – le dijo riéndose Marcelo a Valeria.
- Ya vas a ver, te va a gustar, quedate así, con los ojos cerrados.


Sin que Marcelo la viera, dado que tenía una almohada sobre su cabeza, Valeria se puso guantes negros en sus manos y sacó de una cartera, un revolver largo con silenciador. Se acercó a Marcelo, y se pusó frente a él, le apuntó entonces hacia la cabeza.
- ¿Y Valeria? ¡Estoy esperando!
La respuesta de Valeria no fue ninguna palabra, sino un disparo que efectuó hacia la cabeza de Marcelo, que obviamente no la veía. El disparo fue muy efectivo y todo indicaba que había dado en la cabeza de Marcelo, cuyo cuerpo permanecía inmóvil.
La asesina entonces volvió a guardar el revolver, y siempre con guantes en la mano, agarró el Queso y lo tiró sobre el cuerpo de su víctima, que seguía con el almohadón sobre la cabeza.
- Queso – dijo en voz alta la asesina.
Valeria Mazza era una asesina de hombres, una asesina serial o una asesina a sueldo (lo que el lector prefiera o imagine), que solía llevarse como trofeo los zapatos o las zapatillas de cada uno de los hombres que asesinaba. Por eso, buscó los grandes zapatos talle cuarenta y cuatro de Marcelo Tinelli, los agarró y los guardo en sus pertenencias.
Antes de irse del lugar, la asesina contempló el cadáver del hombre que había asesinado, con el Queso encima, y dijo en voz alta el nombre de su víctima:
- Marcelo Tinelli.
Su víctima permanecía con el almohadón sobre la cabeza. La Quesona decidió contemplar el rostro del hombre al que había asesinado y retiró el almohadón.  Pero para su sorpresa y horror, Marcelo Tinelli abrió los ojos, le sonrío y le dijo:
- ¿Creías que ibas a asesinar a Marcelo Tinelli?
- ¡Noooo! – gritó la Quesona.


La Quesona entonces volvió a agarrar el revolver, lo tomó con gran nerviosismo y descargó todos los balazos sobre Marcelo Tinelli hasta quedarse sin municiones. Pero Marcelo Tinelli resistió todas las balas, no solo seguía vivo, sino que se levantó de la cama.
- Son balas de fogueo, pelotuda, antes de entrar acá, mis custodios te la cambiaron, ¿En serio creíste que iba a ser tan fácil asesinar a Marcelo Tinelli?
Marcelo siguió caminando mientras Valeria retrocedía espantada. En ese momento, ingresaron los custodios. Los custodios eran dos hombres muy altos y patones, hermanos mellizos, rugbiers, uno se llamaba Carlos Gerardo Lazcano Miranda, le decían “Charly”, el otro Carlos Isaac Lazcano Miranda, le decían “Carlitos”...
La asesina quedó contra la pared, horrorizada, observando a los dos rugbiers, detenida por el miedo y el pánico...
- Me gustaría asesinarte con mis propias manos, te estrangularía en este mismo momento – dijo Marcelo Tinelli – pero no me voy a ensuciar de esta manera. Charly y Carlitos, asesínenla ustedes que se llaman Carlos.


En ese momento Charly tomó un puñal y lo lanzó sobre la mujer, clavándoselo en el corazón. En forma simultanea, Carlitos, apuntó con su revolver con silenciador hacia la asesina y le disparó un balazo en la frente. La asesina cayó muerta de inmediata, como consecuencia de haber recibido en forma simultanea una puñalada y un balazo.
- Tírenle el Queso que me había tirado a mí – dijo Marcelo Tinelli a los dos rugbiers - Digan en voz alta la palabra: “Queso”.
Charly y Carlitos entonces tomaron juntos el enorme Queso que minutos antes le habían tirado a Marcelo Tinelli, y lo tiraron sobre el cadáver de la asesina diciendo al unísono en voz alta:
- Queso.
Cuando terminaron los dos rugbiers le preguntaron a Marcelo:
- ¡Esta mina era Valeria Mazza!
- No, no era. Era muy parecida, pero no era, se había operado para parecerse. Era una loca.
- ¿Y ahora que hacemos con el cadaver?
- Salgamos del lugar, no se preocupen, mis contactos en la policía van a limpiar el lugar y de esta mina no se va a acordar nadie.
- ¿Y la prensa? ¡Esto va a ser un escándalo!
- Nadie se va a enterar de nada. Esta era una loca, nada más, no hay nada ni nadie detrás de ella, habrá que tener más cuidado de ahora en más. Bueno, muchachos, apurémonos un poco, en una hora empieza el partido de San Lorenzo.



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