sábado, 25 de junio de 2016

Carlitos Lupión, un Quesón en Twitter (2)


Pudo haber sido peor, pero dentro de todo la misión no era tan difícil. Al fin y al cabo, ya lo había hecho otras veces. Por eso no tenía remordimiento alguno. Sabía que era algo que tenía que pasar y que además, volvería a pasar. No era la primera vez, tampoco la última…
Carlos Daniel Lupión, el joven oriundo de Las Parejas, hincha de River, “Carlitos Lupión”, twittero star, sabía que “la vida es como un Queso, está llena de agujeros” y “que un Queso tiene tantos agujeros que uno más no se le va a notar”…
“No sabe nada esta pibaa” pensó Carlitos…
La piba era Denise Palleros, otra joven y fulgurante estrella del mundo del tuit, aquella tarde estaba frente a Carlitos, ahí, los dos solos…
“Tener alguien que te escuche cuando estas mal no tiene precio” le dijo Carlitos a Denise…
Carlos estaba sentado con los pies sobre la mesa, con una camisa blanca y guantes negros…
“Que no te importe el qué dirán, eso es tener aguante” dijo otra vez Carlitos Lupión mientras la mina lo observaba.
“¿Vistes ese Queso?” la chica se dio cuenta entonces que en un costado, sobre una mesa, había un enorme Queso Gruyere, con decenas de agujeros… “Ese Queso es para vos” agregó Carlitos.
Carlitos agarró la ametralladora Mac-11 con silenciador, apuntó hacia la chica, que asustada lo miró…
“Te llenaré de tantos balazos como agujeros tiene este Queso” y a continuación disparo una lluvia de balas que impactaron en el cuerpo de la chica.
Carlos Lupión tomó el Queso y lo tiró sobre su víctima…
“Queso” dijo Carlitos.
“Que lindo todo estoooo” dijo en voz alta…
“¡¡¡Ahora sí, puedo decirlo con orgullo, soy Carlos Daniel Lupión, Carlitos Lupión, soy un Quesón!!!”

Carlos Bugani, un Quesón en Twitter (1)


“¿Qué se necesita para cometer un asesinato?” eso pensó aquella tarde Carlos Bugani, en su refugio de Canelones, cerca de Montevideo, en la República Oriental del Uruguay. Inmediatamente lo tuiteó pues el protagonista de esta historia es un gran tuistar…
Sus miles de seguidores en Uruguay, Argentina y todo el mundo de habla hispana no tardaron en contestarle…
“Tres cosas, un asesino, una víctima y un arma” esa respuesta tan simple fue la conclusión a la que Carlos Bugani llegó después de leer las cientos de respuestas que tenía.
“Bueno, pues bien, el asesino seré yo” tuiteó Bugani “¿Y el arma?” armó entonces una encuesta en Tuiter y puso cuatro opciones “revolver, cuchillo, veneno, estrangulamiento”. Votaron 7.562 tuiteros en final apretado (30% revolver, 27% cuchillo, 23% estrangulamiento, 20% veneno) ganó el revolver, “asesinaré con revolver” tuiteo entonces Carlos Bugani.
“Y ahora falta la víctima, elijan ustedes amigos tuiteros” y plantó una polémica encuesta con dos opciones opción 1 “un hombre” opción 2 “una mujer”. Tras el voto de 7.683 tuiteros, ganó la opción 2 “una mujer” con el 60% de los sufragios.
Carlos Bugani tomó conciencia de que no tenía opción que asesinar a una mujer y entonces preparó el revolver, fue a la heladera y sacó un Queso, entonces salió a enfrentarse al mundo…
Cuenta la leyenda, que con guantes negros, un revolver y un Queso, Carlos Bugani estaba en un ascensor, y subió una chica…
- ¿Sos Carlos Bugani, el tuistar?
- Para vos, soy tu asesino, nena…
Carlos disparó el revolver pero puso el Queso por encima, de manera que este hizo las veces de silenciador, de esa forma efectuó seis balazos, hasta descargar todo el revolver.
- Queso – dijo Carlos Bugani mientras tiró el Queso sobre el cuerpo de su víctima, que yacía muerta en el piso, y se fue del ascensor…
El crimen tuvo una repercusión en las redes sociales, y créanme gente, que aunque fue verdad, todos creyeron que se trató de una ficción ideada por Carlos Bugani…

Carlos Izquierdoz en Cuarenta y Cinco Puñaladas


Una tarde cualquiera de un día cualquiera, después del entrenamiento de Lanús, uno de sus jugadores, Carlos “el Cali” Izquierdoz sintió un instinto criminal, un deseo irrefrenable e imparable de asesinar a una chica.
No era la primera vez que lo sentía y Carlos bien sabía que no sería tampoco la última. No lo podía evitar, desde que había comido ese Queso tan rico y sabroso, lleno de agujeros, sentía esta necesidad de asesinar mujeres…
El futbolista se sentó a reflexionar sobre la situación, sentándose en una silla y extendiendo sus largas piernas (Carlos mide 1,88 metros) colocó sus grandes pies (45 calza el Cali) sobre la mesa.
Carlos pensó en las otras veces que había sentido ese impulso y en las chicas que había asesinado en esas ocasiones. ¿Fueron dos, tres, cuatro?...
“Cuatro, fueron cuatro” pensó Carlos Izquierdoz y empezó a recordar los cuatro asesinatos que había cometido hasta ese momento.
Carlos recordaba como cada vez que había sentido ese instinto criminal, se había vestido totalmente de negro, incluyendo el pasamontañas, los guantes y una polera que le cubría bien el cuello…
“Bueno, casi totalmente de negro” reflexionó Carlos “porque llevó zapatillas blancas”.
Vestido de negro, Carlos Izquierdoz había tomado un enorme y largo cuchillo de carnicero, el más largo y grande de todos los que podamos imaginar…
A Paula, la empleada de la farmacia, la había sorprendido cuando llegó a su departamento y sin mediar palabra, le había clavado unas cuarenta y cinco puñaladas…
“Sí” pensó Carlos “fueron cuarenta y cinco puñaladas, ni una más ni una menos, no fue una cantidad elegida al azar, le día cuarenta y cinco cuchillazos porque cuarenta y cinco es el tamaño de mi pie”.
Carlos Izquierdoz siguió asesinando a sus víctimas siempre con cuarenta y cinco puñaladas…


Lo mismo hizo con Juliana, la estudiante de medicina, con Agustina, la maestra jardinera del Instituto Japonés y con Giselle, la prostituta de la zona de la estación…
Siempre cuarenta y cinco puñaladas, una tras otra, y al finalizar cada crimen, un Queso sobre el cadáver de sus víctimas.
“Soy un Quesón” pensó Carlos Izquierdoz “a cada una de mis víctimas le arrojó un Queso”.
“Queso” recordó Carlos decir en voz alta al finalizar cada uno de sus asesinatos…
El futbolista no podía frenar aquella noche esos impulsos, y se vistió de negro, con las zapatillas que solía usar en cada crimen, y por supuesto, guardó el queso y el cuchillo…
Como las veces anteriores, salió a asesinar, pero…
¿Quién sería su quinta víctima?
¿Antonella, la modelo? ¿Melissa, la hija del carnicero? Carlos Izquierdoz sabía que iba a terminar asesinando a todas, simplemente era ver el orden en que lo hacía…
¿O quizás Norela, la chica que solía frecuentar la estación de servicio y que muchos la consideraban una chica “rápida”?
Sí, esta era la mejor candidata. No fue difícil seducirla…
“Ay Carlos” le dijo “siempre quise tener relaciones con un futbolista de Primera División como vos” le dijo la chica a Izquierdoz.
“Pensé que ya tenías una gran experiencia al respecto” le contestó “el Cali”.
“Ay Cali, ¿Por quién me tomaste? No soy una virgen pura y casta, pero tampoco tenés que creer las cosas que dicen de mí”.
Fueron entonces a una casa que Norela solía usar para tener encuentros íntimos… y convidó al futbolista con una copa…
“¿Querés una Copa, Cali”
“Gracias nena, pero no, lo que quiero no es una copa, sino un Queso” fue la fría respuesta de Carlos Izquierdoz…
El futbolista, otra vez vestido de negro y con guantes, entonces sacó el enorme cuchillo de entre sus pertenencias y atacó con furia a la mujer. Norela opuso una gran resistencia, mucho más que lo que Carlos imaginaba y muchísimo más que las víctimas anteriores, pero finalmente cedió ante la furia criminal de Izquierdoz…
Fueron cuarenta y cinco puñaladas, ni una más, ni una menos, y cuando terminó, el asesino limpió su cuchillo, tomó el Queso, un gran Queso Gruyere con grandes agujeros, y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta:
“Queso”.
Carlos “el Cali” Izquierdoz abandonó el lugar con total impunidad. Al día siguiente los medios hablaban de un nuevo asesinato de “el Quesón” como llamaban a este criminal…
Izquierdoz solo se preguntaba…
“¿Quién será mi próxima víctima, la sexta? ¿Melissa Roberts, tal vez?”.





Carlos “el Chino” Luna en una noche de luna llena


Cuenta la leyenda que una noche de verano o quizás todavía de primavera, en algún lugar del Conurbano Bonaerense, Carlos “el Chino” Luna observó el cielo, vió la luna llena y dijo en voz alta:
“Soy la estrella de Tigre, ¿Y qué?”
Observando las estrellas, sobre todo la gran constelación de Orión, el “Chino” Luna reflexionó otra vez en voz alta…
“Otra vez este instinto criminal, siempre en noches de luna llena, ¿Porqué será que tengo ganas de asesinar a una mujer?”.
Carlos Luna recordó que en otras ocasiones, también en noches de luna llena, había sentido ese instinto criminal que no podía frenar ni parar…
“Fueron dos o tres, no, ni dos ni tres, fueron cuatro, ahora las recuerdo… Magalí Paez, Belen Loze, Natasha Pecko, Romina Zariello, a todas las acribillé a balazos y les tiré un Queso”.
“Me gustaría no volverlo a hacer, pero no lo puedo evitar” dijo Carlos en voz alta como si estuviera hablando con alguien pero nadie había a su alrededor “me llamo Carlos, soy un Quesón, me gusta el Queso, y desde que probé ese Queso, hago estas cosas…”
“¿Qué puedo hacer ahora?” reflexionó Carlos “el Chino” Luna “pues volverlo a hacer, solo es cuestión de elegir quien será mi quinta víctima”.


Carlos “el Chino” Luna se metió en el auto, se vistió de negro, con guantes agarró el revolver largo calibre 45, le puso el silenciador, lo cargó de diez balas, y lo guardó. Luego guardó el Queso, un gran Queso, de esos Quesos Pategras, con cascara roja y muchos agujeros…
Comenzó a manejar en algún lugar del conurbano… 
“¿Una víctima al azar” pensó el “Chino” Luna “Podría ser, bah, todo puede ser en esta noche de luna para Carlos el Chino Luna”.
Se paró en una cuadra cualquiera, se bajó del auto, y armado con el revolver y el Queso, Carlos se escondió detrás de un árbol…
“Alguien pasará, ya veremos” sentenció el futbolista de Tigre.
Y efectivamente, una chica, Andrea Mendez, bien style conurbano, pasó al azar, en una broma macabra del destino…
Carlos el “Chino” Luna le interceptó el paso, le apuntó con el arma, y la chica se aterrorizó al ver frente a ella al Chino Luna con un revolver en la mano…
“Esto no es un asalto” dijo Carlos el Chino Luna “es un asesinato” y disparó seis balazos…
Obviamente, la chica cayó muerta… el futbolista tomó el Queso, un gran Queso Pategras, de cáscara roja, con grandes agujeros, y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta:
“Queso”.
Carlos el Chino Luna abandonó el lugar con total impunidad. Al día siguiente los medios hablaban de un nuevo asesinato de “el Quesón” como llamaban a este criminal extrañó que asesinaba a balazos a mujeres al azar en el conurbano… el Chino Luna solo se preguntaba…
“¿Quién será mi próxima víctima, la sexta? Deberemos esperar a otra noche de luna llena”.


Carlos Quintana, el “Hacha”


Existe un futbolista alto (1,92 metros) y patón (calza 46) famoso por ser experto en jugar en equipos del ascenso. Su nombre completo es Carlos Gustavo David Quintana y le dicen “el Hacha”…
Adivinen por qué lo llaman de esta manera…
No sabemos dónde fue, quizás fue en Pergamino, o bien Paraná o Córdoba, o quizás ocurrió en las tres ciudades una y otra vez, y quizás en algunas más, pudieron haber sido cuatro, cinco o seis, o vaya uno a saber…
Según me han contado, una noche el tal Carlos Quintana se miró al espejo, se puso guantes negros en sus manos, se vistió con un piloto de color negro, agarró el hacha, y dijo:
- Está noche asesinaré a una mujer.
Pudo haber salido de su casa en ese momento, pero se dio cuenta que le faltaba un detalle importante… el Queso.
Agarró entonces un gran Queso, con grandes agujeros, y otra vez mirando al espejo dijo en voz alta:
- Me llamo Carlos, soy un asesino Quesón, y esta noche asesinaré a una mujer y le tiraré un Queso…


Carlos el Hacha Quintana salió entonces de su casa y pensó…
“Sí, todo bien, asesinaré a una mujer, pero ¿A quién?” y empezó a pensar y tras reflexionar eligió a su víctima…
“Jimena Bonn, ella será mi víctima esta noche”
¿Quién era Jimena Bonn? Una mina de esas que hacen publicidades con gorritas en los partidos de fútbol y en las carreras de turismo por carretera…
Carlos Quintana tocó el timbre en el departamento de Jimena Bonn…
“¿Quién es?” contestó la chica asombrada…
“Carlos Gustavo David Quintana” fue la respuesta del futbolista “también conocido como el Hacha Quintana”.
“¡Qué sorpresa Hacha!” le dijo la chica que obviamente conocía al futbolista “no esperaba recibirte ahora”.
“¿Esperabas a alguien, acaso?”
“Sí” contestó la chica “pero no te preocupes, llegará tarde, podes quedarte un rato, ¿Querés una Copa, Carlos?”
“Dame lo que sea” le contestó Quintana.
“¿Qué es ese paquete, Carlos?”
“Un Queso”
“¿Un Queso? ¿Y para que trajiste un Queso?”
“Para tirarlo encima de tu cadáver cuando termine de partirte a hachazos”
Carlos Quintana entonces levantó el hacha y atacó a la mujer en forma cruel y salvaje. La chica opuso una férrea resistencia pero obviamente apenas pudo hacer algo ante la furia del asesino…
Cuando el asesino finalizó su sanguinaria tarea a hachazo limpio, el futbolista tomó el Queso, ese gran Queso con grandes agujeros, y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta:
“Queso”.
Carlos el Hacha Quintana abandonó el lugar con total impunidad. Al día siguiente los medios hablaban de un nuevo asesinato de “el Quesón” como llamaban a este criminal extrañó que asesinaba a hachazos a mujeres y les tiraba un Queso…


domingo, 12 de junio de 2016

Asesinas de Basquetbolistas











Erase una vez una fiesta de disfraces donde concurrieron importantes figuras del baloncesto argentino, entre ellos Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto y Carlos Delfino, grandes astros de ese deporte.


Pero también estaba en esa fiesta, una chica rubia, muy bella, sumamente atractiva, a la que llamaremos simplemente “la asesina” pues era una sanguinaria, implacable y cruel asesina serial de hombres.


Al ver que Ginóbili estaba en esa fiesta, la asesina lo observó y dijo en voz alta:
-         Asesinaré a Emanuel Ginóbili con la Winchester 73 y le tiraré un Queso.
Y le dijo a otra chica que estaba al lado de ella:
-         Agarra ese Queso que esta sobre la mesa y vení conmigo.
La otra chica, también vestida de cowboy, agarró el Queso y acompañó a la asesina.
Disfrazada de cowboy y con sus guantes blancos, la asesina tomó la Winchester 73 y se dirigió hacia donde estaba el basquetbolista.
El basquetbolista estaba solo en un costado, al aire libre, tapado por algunos arbustos, donde nadie lo veía. En realidad, Manu, con su vestimenta de cowboy, quería estar oculto para poder disfrutar de un cigarro.


-         Buenas noches Emanuel – le dijo la asesina a Ginóbili.
-         Hola piba – contestó el basquetbolista.


Ginóbili levantó la vista, y entonces se sorprendió y aterrorizó al ver frente a dos chicas, ambas vestidas de pistolera, una apuntándolo con un arma, la otra con un Queso en sus manos.
-         ¿Qué significa esto? – fue lo único que atinó Emanuel Ginóbili.
-         Te asesinaré – le contestó una de las chicas.
-         Te tiraré un Queso – le dijo la otra de las chicas.


La asesina entonces preparó el arma y se dispuso a tirar el balazo que asesinaría a Emanuel Ginóbili, que preso del terror, cerró los ojos, esperando el disparo final...


Pero en ese momento se escuchó una voz que decía:
-         ¡Queso!
Y repitió nuevamente el grito:
-         ¡Queso!



Ginóbili abrió los ojos, sin saber si estaba vivo o muerto, lo cierto es que estaba cubierto de sangre, pero al ver a su alrededor, se dio cuenta que frente a él estaba el basquetbolista Carlos Delfino, vestido de ninja, totalmente de negro, con una katana, una espada samurai totalmante ensangrentada, y en el piso, las dos chicas decapitadas.


-         ¡¡¡¡¡Carlitos!!!! – dijo sorprendido Ginóbili.
-         Tranquilo Manu, estuviste a punto de ser asesinado por dos asesinas profesionales, pero por suerte estaba yo aca para evitarlo.
-         ¿Y ahora Carlos?
-         Volvé a la fiesta Manu, aún debo salvar a Fabricio Oberto.


En otro lugar de la fiesta, en uno de los cientos de dormitorios que había en la mansión, en una de ellas estaba el gigantesco cuerpo de Fabricio Oberto, con sus dos metros y ocho centímetros, acostado en una cama, atado de pies y manos...
Sobre la cama, la asesina cortaba cubos de Queso y los tiraba sobre Fabricio, luego le hizo cosquillas en los pies, las axilas y todo el cuerpo, una y otra vez. Cuando terminó la asesina tomó un puñal y le dijo a Oberto:
-         Te asesinaré Fabricio.


La asesina entonces preparó el puñal y se dispuso a tirar la puñalada que asesinaría a Fabricio Oberto, que preso del terror, cerró los ojos, esperando el cuchillazo final...


Pero en ese momento se escuchó una voz que decía:
-         ¡Queso!
Oberto abrió los ojos, sin saber si estaba vivo o muerto, lo cierto es que estaba cubierto de sangre, pero al ver a su alrededor, se dio cuenta que no era su sangre, sino la de la asesina. 





En efecto, frente a él estaba su compañero basquetbolista Carlos Delfino, con la katana ensangrentada, y en el piso, la cabeza decapitada la asesina.
-         ¡¡¡¡¡Carlitos!!!! – dijo sorprendido Oberto.
-         Tranquilo Fabricio, estuviste a punto de ser asesinado por una asesina profesional, pero por suerte estaba yo aca para evitarlo.
-         ¿Y ahora Carlos?
-         Volvé a la fiesta Fabricio...


Fabricio Oberto volvió a la fiesta y ahí se encontró con Emanuel Ginóbili, le dijo:
-         No sabés, una loca casi me asesina, si no era por Carlitos Delfino...
-         ¿En serio? A mí también me salvó Carlitos...


Entonces los dos basquetbolistas se contaron uno al otro todo lo sucedido, hasta que Carlos Delfino llegó al lugar donde estaban...
-         Carlos, no sabemos como agradecerte lo sucedido, si no fuera por vos estaríamos muertos... – le dijo Emanuel a Carlos...
-         Te debemos la vida, Carlos – le dijo Fabricio...
-         Tranquilos muchachos – les contestó Carlos – soy un Quesón y estaba alerta sobre la presencia de estas asesinas Quesonas en la fiesta... espero estar otra vez cuando me necesiten
-         Te debemos lealtad eterna.

-         Por supuesto, y también un Queso, je, je.


sábado, 4 de junio de 2016

La secretaria de Carlos Gonella


Un nuevo amanecer de aquel triste invierno llegaba para Julieta. Una vez se despertó ojerosa y angustiada, después de haber tenido sueños extraños, delirantes, a los que no le encontraba explicación alguna. Julieta abrió los ojos y vio el almanaque...
“24 de agosto”
-         Hace dos meses me separé de Juan y veinte días que me echaron del trabajo – pensó Julieta – Peor imposible.
Un día antes Julieta había ido a una entrevista laboral, en el Estudio Jurídico del prestigioso abogado Carlos Gonella, por un puesto administrativo, aunque no guardaba expectativa alguna de que fuera convocada para el puesto.

Mientras tanto, en el Estudio, el abogado Carlos Gonella, hablaba con la señorita O’Connor.

-         Diez chicas se presentaron para el puesto, señor Gonella.
-         ¿Y como eran las aspirantes?
-         Nueve calificaban muy bien, le aseguro que eran todas competentes, la otra pobre, no podría trabajar nunca en una empresa tan prestigiosa como la nuestra.
-         ¿Me muestra las solicitudes, por favor?
La señorita O’ Connor le dio las solicitudes al abogado Gonella, que comenzó a leerlas una y otra vez, se detuvo en una...
-         ¿Julieta? ¿Hay alguien que puede llamarse así?
-         Esa es precisamente la única de las diez aspirantes que no reinaba ninguna de las cualidades que necesitamos para el puesto...
-         No sé cuando ni donde, pero creo conocer a esta chica de algún lado. Es la elegida.
-         Pero señor Gonella... esa chica...
-         Ya se lo dije, señorita O’ Connor. Es la elegida.
Carlos Gonella entonces agarró nueve de las diez solicitudes, las rompió y las tiró al basurero. Solo se quedó con la de Julieta, y entregándoselo a la señorita O’ Connor, le dijo:
-         Llámela y dígale que empieza mañana a las ocho. Yo mismo la recibiré en mi despacho.
Julieta recibió la noticia y sintió como si el sol se abriera en medio de la oscuridad. Al día siguiente estaba a las ocho en forma puntual. La señorita O’Connor la recibió con frialdad y desprecio. Pero Carlos Gonella, todo lo contrario...
-         No sé porque pero usted y yo de algún lado nos conocemos... cuando ví su foto en la solicitud y ahora viéndola personalmente – le dijo el abogado.
-         Yo siento algo parecido, señor Gonella...
-         Carlos – le dijo el abogado – Me llamo Carlos. La señorita O’Connor que me diga señor Gonella, vos Julieta, me vas a llamar simplemente Carlos.
-         Muy bien señor... – y Julieta se frenó y dijo – muy bien, Carlos.
-         Así es. Carlos. Repetí conmigo.... Caaaaarrrrlooossss
Julieta se sonrió, y riéndose dijo:
-         Carlos.

Pasaron algunos días, el señor Gonella se acercó a Julieta y le dijo:
-         Mañana viernes cambiarás de horario. Vendrás a las doce y te quedarás hasta las ocho. Tengo una tarea especial para darte...
-         Se lo comunicaré a la Señorita O’Connor...
-         No, no le digas nada, no es necesario. Las ordenes aca las doy yo.


Ocurrió entonces que siendo la hora del atardecer todos los empleados ya se habían ido y solo quedaban dos personas en la empresa: Carlos y Julieta. El abogado le dijo a su nueva empleada:
-         Julieta, viens ici, come here, venire qui…
Julieta entró al despacho de su jefe, que en ese momento no estaba pues había ido al baño. Dejó la taza de café sobre el escritorio. Al hacerlo observó que los zapatos de su jefe estaban sobre la mesa. Lo que más le sorprendió no fue eso, sino el enorme Queso Emmental que estaba sobre la mesa.
La chica sintió un extraño impulso y tomó los zapatos para olerlos, al hacerlo, descubrió el intenso, profundo y apestante olor a Queso que tenían.
-         Veo que te gustan los Quesos – era la voz de Carlos Gonella, su jefe, que la sorprendió in fraganti.
-         Abogado Gonella, yo, mire, usted, verá...
-         No es necesario aclarar nada – dijo Gonella – primero que a esta hora estamos solos, solo vos y yo, por lo tanto ya te lo dije una vez, para vos no soy el abogado Gonella, sino simplemente Carlos.


La chica quedo parada, sorprendida, sin hacer movimiento alguno. El abogado permanecía vestido con camisa, mientras que sus manos las tenía cubiertas con un par de guantes negros.
-         ¿Te gustan los pies de hombres?
-         Sí, es un fetiche que tengo, no lo puedo evitar, es más fuerte que yo.
-         Mi fetiche son los cuellos sangrantes...
Julieta lo miró a Carlos, y este se rió...
-         ¡Ja, ja, ja!
-         ¡Ja, ja, ja! – dijo Julieta – es un chiste.
-         Claro, es un chiste – afirmó Carlos - ¿Querés Queso?
-         ¿Sí quiero Queso? No como Queso, no me gusta...
-         ¡Qué raro! A todos nos gusta el Queso...
-         No, a mí no... ¿Y a vos?
-         El Queso, me encanta, je, je.
-         Entonces ese Queso te lo podes comer vos solito.
-         Igual Julieta, no me refería a esos Quesos, sino a estos Quesos...
Carlos puso sus pies sobre la mesa. Enormes pies talle cuarenta y seis.
-         Sin miedo Julieta, aca tenés mis Quesos. Dale, sin miedo, tengo las medias puestas, podes chuparlos, lamerlos, besarlos, hacer lo que quieras, sin miedo. Primero con los medias puestas, después me las podes sacar, si queres claro.



Movida por un extraño impulso, Julieta hizo exactamente eso, chupo, lamió, beso y olio los pies de Carlos, primero con medias, luego se las saco, el izquierdo, el derecho, el olor a Queso era realmente impresionante, una y otra vez.
Carlos tomó el Queso Emmental que estaba sobre la mesa y lo tiró sobre la chica, diciendo en voz alta:
-         ¡Queso!
La chica sintió el impacto del Queso, que era enorme, sobre su rostro y su cuerpo.
-         Gracias Julieta, por hacerme sentir hombre y sobre todo un Queson – le dijo Carlos.
-         No Carlos, gracias a vos por hacerme sentir mujer.
-         Ahora quiere oler tus pies, Julieta.
-         Te vas a llevar una desilusión. No huelen a nada.
-         Lo quiero comprobar.
Carlos se acostó sobre el piso y le dijo a Julieta:
-         Tirame encima ese Queso que hay sobre la mesa.
Julieta tembló ante tal pedido.
-         Dale, Julieta, ya me chupaste y oliste los pies, tirame el Queso, cuando lo hagas deci en voz alta “¡Queso!”.
Julieta entonces agarró el Queso y se lo tiró encima a Carlos, diciendo en voz alta:
-         ¡Queso!
-         Gracias – dijo Carlos – ahora pone tus pies sobre mi cara.
Julieta hizo entonces eso, accediendo al pedido de Carlos. Efectivamente, no tenían nada de olor a Queso, al contrario parecían perfumados.
-         Ricos tus pies. Los pies de un hombre deben oler a Queso, más los de un Carlos como yo. Los pies de una mujer como vos deben oler a perfume francés.
No hubo respuesta de Julieta, solo miró para abajo, tenía una extraña mezcla de vergüenza y satisfacción a la vez.
Carlos le dijo:
-         ¿No querés oler mis pies una vez más?
La chica entonces accedió y nuevamente se acostó en el piso, esperando oler los pies del abogado.
-         Cerra los ojos, mientras acercó los pies a tus narices – le señaló Carlos.
Julieta cerró los ojos, entonces Carlos sacó entonces un enorme y gigantesco cuchillo que lo sostenía con sus guantes negros.
-         ¿Querés Queso? – le preguntó Carlos Gonella a Julieta, que entonces abrió los ojos y para su sorpresa estaba ante el asesino con un cuchillo.
-         Te asesinaré Julieta, te apuñalaré y te tiraré un Queso. Como hice con las demás, hoy te toca a vos...
Julieta, aterrorizada, intentó decir algo, cuando Carlos, muy despreocupado, levantó el gran cuchillo, con una hoja de más de treinta centímetros, comenzó a apuñalar a la mujer.
-         Queso - dijo en voz alta al efectuar la primera cuchillada, dándole un fuerte tejo en el pecho de la víctima, de izquierda a derecha.
-         Queso - dijo en voz alta al efectuar el segundo cuchillazo, clavando el cuchillo hasta el mango en el estomago de la víctima.
-         -Queso - dijo en voz alta al efectuar la tercera puñalada, un corte profundo en el cuello de la víctima.
-         Queso - dijo en voz alta al efectuar el cuarto cuchillazo otra vez en el estomago.
-         Queso – dijo al efectuar la quinta puñalada, dejando esta vez el cuchillo clavado sobre el corazón de la mujer.
El asesino dio por finalizada su tarea, tomó con sus manos el Queso Emmenthal y lo tiró sobre su víctima diciendo en voz alta por sexta voz:
-         Queso.

Al día siguiente, Carlos Gonella le dijo a la Señorita O’Connor:
-         ¿Vio Señorita O’Connor? La empleada que entró ayer hoy ya faltó, deberemos hacer una nueva búsqueda de personal...


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