domingo, 3 de diciembre de 2017

Carlos Calvo, el Primer Quesón



Junio de 1985, cuando la Argentina estaba en el auge de la primavera alfonsinista, del Plan Austral y la selección nacional disputaba las eliminatorias para clasificar al Mundial de México… 
El protagonista de nuestro relato es un joven que en aquellos tiempos ya había pasado los treinta años… su nombre era Carlos Calvo. Como la calle que atraviesa los barrios porteños de San Telmo, Constitución, San Cristobal y Boedo. Tocayo de un famoso actor de gran éxito en la TV de aquellos años. El parecido físico de Carlos Calvo con Carlos Calvo era asombroso. Eran muy parecidos, aunque nuestro Carlos Calvo era algo más alto (1,87 m) y muy patón (calza 46).
La vida de Carlos Calvo podría haber sido la rutinaria vida de un trabajador con mujer e hijos, nada diferente para contar. El tema es que a Carlos le gustaba el juego, y por el juego, tenía enormes deudas…
Esa era la perdición de Carlos: el juego. Ocurrió entonces que una mañana cuando Carlos se dirigía al trabajo, dos hombres lo interceptaron y lo metieron dentro de un auto:
- Carlos, lo siento mucho, pero Don Crapulone quiere verte.
- ¿Don Crapulone? Le voy a pagar… necesito…
- Sin explicaciones Carlos, o mejor dicho, eso se lo tendrás que decir a Don Crapulone.
Rato después Carlos estaba ante el capo mafia Don Giovanni Crapulone.
- Nos debes mucho dinero Carlos – le dijo Don Crapulone a Carlos – pero soy muy benevolente, no se como, pero deberás conseguir el monto que nos adeudas. Un mes de plazo. Hoy es 4 de junio. Hasta el 4 de julio. De lo contrario, ya sabés a que atenerte. Se acabó la paciencia.


Carlos estaba realmente desesperado. La cifra era mucha para él, que era un humilde trabajador. Encima ese día llegó tarde a la oficina. Su jefe, un hombre de unos 45 años que también se llamaba Carlos y se apellidaba Cazón, lo notó muy nervioso. Lo llamó a su despacho.
- ¿Ocurre algo Carlos? Lo notó muy nervioso, muy distraído, hoy llegó dos horas más tarde.
- Mire Señor Cazón, tengo un problema, una deuda muy importante, por eso estoy nervioso.
- ¿Deuda importante? ¿De qué cifra estamos hablando?
- Dos mil australes.
- ¿Dos mil australes? Por eso no es nada, Carlos…
- Para usted no lo será, yo tengo esposa, hijos, es imposible…
- ¿Y a que se debe la deuda?
- Dígamos que es por el maldito vicio del juego.
- ¿El Juego? Bueno mire Carlos, creo que nada es casualidad, o mejor dicho todo es causalidad, yo lo puedo ayudar. No solo tengo ese dinero, sino que está podría darle algo más.


Carlos escuchaba asombrado eso, de repente, de estar en un problema sin solución y con amenaza de muerte, estaba ante una posibilidad cierta de superarlo…
- Claro que no le saldrá gratis – dijo el señor Cazón.
- Por supuesto, le devolveré el dinero…
- No, Carlos, esto no es un préstamo. Yo le doy el dinero, no le doy dos mil, le doy tres mil, pero a cambio tendrá que realizar un trabajo extra para mí.
- ¿Un trabajo extra?
- Sí…
- Estoy dispuesto a hacer lo que sea…
- El trabajo extra consiste en asesinar a mi esposa…
Carlos reaccionó asombrado ante el ofrecimiento de su jefe. No supo que contestar. De deudor podía convertirse en un asesino. Y no en un asesino cualquiera, sino en un asesino de mujeres. 
- Tranquilo Carlos – le dijo el señor Cazón – le doy un par de días para que me conteste. He sido claro. Usted tiene un problema. Y yo también. Pues bien, aquí tenemos una solución que nos puede ayudar a los dos.
Pasó un día, y al día siguiente el señor Cazón recibió la respuesta de Carlos.
- Aceptó señor Cazón – dijo Carlos – no tengo alternativa.
Así fue Carlos Calvo se convirtió en asesino. Cuenta la leyenda que consiguió un enorme cuchillo para cometer el asesinato. También guantes, polera, una chaqueta y hasta un pasamontañas, todo de color negro. Ingresó al departamento del señor Cazón cuando este se encontraba en una cena empresarial, simuló ser un ladrón, sorprendió a la mujer y la apuñaló salvajemente. Fueron unas cuarenta y siete cuchilladas. 



Cuando terminó el asesinato, Carlos recordó que en una serie televisiva de aquel entonces, “El Pulpo Negro”, los asesinos tiraban un pulpito a sus víctimas. Carlos entonces, aún con el cuchillo ensangrentado en sus manos, decidió hacer lo mismo…
¿Pero que sería lo que tiraría? 
Se fijó todo lo que había alrededor, en la escena del crimen, nada lo convenció para tirarle a su víctima… había muchos adornos, demasiados, Carlos ingresó entonces a la cocina, abrió la heladera, y vió una enorme horma de Queso Holandés en la misma.
- ¿Porqué no? – pensó Carlos – el Queso. El Asesino del Queso. 
Siempre con los guantes negros, agarró el Queso, y regresó al lugar donde estaba el cadáver de la mujer. Carlos tiró el Queso sobre la mujer asesinada.
- Queso – dijo en voz alta.
Nacieron así los Quesones, los Carlos asesinos, cuyos crímenes comenzarón a multiplicarse de manera exponencial, sobre todo en la década siguiente, pero esa es otra historia…
Carlos recibió la paga y saldó así la deuda. En los meses y años siguientes siguió asesinando mujeres a veces por encargo, a veces por placer, siempre tirando Quesos. Los crímenes atribuyeron los asesinatos a un asesino serial al que los medios bautizaron como “el Quesón”. Así nacieron los Quesones.



De su mujer se divorció, para involucrarse con Ana, una modista de la alta sociedad. Carlos asesinó a un par de amigas de Ana, hasta que finalmente fue descubierto, juzgado y condenado a Perpetua. Esta historia se inmortalizó en el relato “El Asesino, el Queso y la Dama”, pero esa es otra historia…

El Asesino de Pampita



Cuenta la leyenda con la modelo Carolina Ardohain (alias “Pampita”) se encontraba preparándose para asistir a un gran mega evento en un prestigioso hotel internacional cuando ocurrió la historia que voy a relataros a continuación.
La modelo, ejemplo de soberbia y lujuria, se encontraba sola en una habitación observándose en el espejo, llamó entonces a sus asistente…
- ¡Julia! ¿Podés venir?
- Nadie vendrá – respondió una voz masculina – la señora Julia esta muerta acabo de asesinarla, le dí seis balazos con mi silenciador.
Pampita se aterrorizó al escuchar eso, se dio vuelta, y para su sorpresa, ante ella estaba Charlie, un modelo ya retirado de las grandes ligas del modelaje, de gran fama en otro tiempo.
- ¡Charlie! ¿Qué haces aca?



Charlie estaba muy bien vestido, con un par de guantes negros, que le cubrían las manos, con la izquierda sostenía un Queso Pategras y con la derecha, un revolver largo calibre 45 con silenciador, con el que apuntaba a Pampita.
- Lo siento Pampita, pero vengo a asesinarte.
Pampita miró a Charlie, que con la frialdad que solo los grandes asesinos tienen, dijo en voz alta:
- Queso.
Y mientras decía esa palabra, disparó el primer balazo.


Y así repitió la palabra “Queso” otras cinco veces más hasta disparar un total de seis balazos, que impactaron en el cuerpo de Pampita.
La chica estaba muerta, tendida en el piso, y entonces Charlie tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de su víctima, realizando otra vez el ritual pues volvió a decir en voz alta:
- Queso.
Así fue asesinada Pampita, por un Quesón, más exactamente por Carlos “Charlie” Reich.





sábado, 2 de diciembre de 2017

Carlos Sandes y Carlos Schattmann, Basquetbolistas y Quesones




CARLOS MATÍAS SANDES (Mendoza, Argentina, 14 de junio de 1984) y CARLOS LEONEL SCHATTMANN (Viedma, Argentina, 14 de mayo de 1987) son dos basquetbolistas que alcanzaron gran notoriedad por ser Quesones Asesinos. Ambos en su vida deportiva coinciden por el hecho de llamarse Carlos aunque son conocidos por sus segundos nombre, Matías y Leonel. Sin embargo, por llamarse Carlos es que se iniciaron en La Hermandad de los Quesones (los Carlos asesinos), ambos asesinos se habrían iniciado en la misma en forma tardía, muchos dicen que en 2011. Sandes mide 2,02 metros y calza 51, tiene un Queso del 98%, mientras que Schattmann mide 1,94 metros, calza 48, y alcanza un Queso del 96%. Los dos tienen un alto olor a Queso en los pies y se caracterizan por usar machetes como arma principal, decapitando a sus víctimas. Actuan tanto en forma conjunta como por separado, siendo esto lo habitual en el último año. Díficil precisar la cantidad de víctimas que acumulan, aunque según algunas fuentes, las mismas podrían ser de un promedio de unas quince víctimas por año para Carlos Sandes y una diez para Carlos Schattmann.



























domingo, 26 de noviembre de 2017

El Rap de la Quesona



Erase una vez un muchacho llamado “José Carlos Morón”. De origen peruano, habitaba en la Argentina, donde era un rapero conocido como “el Imigrante Rap”.
Casi de casualidad, por Instagram y Twitter conoció a una joven llamada “Valeria” que decía ser “la Quesona”. En sus cuentas, que aparecían y desaparecían todo el tiempo, se hacía llamar @couer_rouge.
Lo cierto es que inspirado en los diálogos que mantenía con “la Quesona”, el “Imigrante rap” sacó el “Rap de la Quesona”, que con gran éxito difundió en sus shows.


En un barrio me han contado

A los pibes habría encantado

Una chica que estaba en la feria

Su nombre era Valeria

Ella era patona y tetona

Todos les decían la Quesona

A todos los pibes les decía

Como cumplida una profecía

Te voy a tirar un Queso

Y lo que quiero es eso

Te voy a tirar un Queso

Lo cortaré bien grueso

Y todos los pibes tendrán su Queso

Acompañado de un beso

Les tiraré un Queso

Los rastrearé como un sabueso

Ninguno se resistirá

Ninguno en realidad podrá

Solo esperaban su Queso

Que les llegará al hueso

La Quesona siempre reía

Y con satisfacción sonreía

Y todos los pibes gritaban

Cuando la observaban

Quesona cuando estes por la zona

Dame tu Queso

Dame tu Queso

Y cortamelo bien grueso


Ocurrió entonces, que al concluir uno de sus shows, quizás uno de los mejores, el Imigrante Rap salió como siempre, totalmente despreocupado, vió como frente a él una chica rubia muy bella, vestida de negro, con guantes negros, y le dijo:
-         Soy la Quesona, Imigrante Rap, me encantó la canción. Quiero tener sexo con vos.


Y así fueron a un lugar, tuvieron sexo, y cuando terminaron, la Quesona le apuntó al rapero con un arma, para sorpresa del mismo. Le dijo:
-         Soy la Quesona, Imigrante Rap, la Quesona Asesina, llegó la hora de que recibas tu Queso, serás mi próxima víctima, te asesinaré.
Ni tiempo tuvo el Imigrante Rap. La asesina le disparó seis balazos y tras cometer su crimen, tiró un Queso sobre el cadáver del rapero, y desapareció del lugar tan misteriosamente como había llegado.
Al día siguiente los medios difundieron la noticia: “Rapero asesinado a balazos, le tiraron un Queso, una misteriosa rubia, la única sospechosa”.


El Quesón de Pehuajó o #ElAsesinoDelQueso (episodio 3)



Pehuajó estaba de fiesta. El afamado actor “Bernabé Velázquez” (seudónimo de Carlos Sebastián Beneitez) estaba en su ciudad natal y se aprestaba a interpretar la obra “El Asesino del Queso”, con la que había triunfado en cine, teatro y televisión. En la misma, “Bernabé Velázquez” interpretaba a Carlos, un asesino serial de mujeres que cometía crímenes con cuchillos grabados con el nombre de sus víctimas. Su modis operandis era muy particular, pues les mostraba un Queso a sus víctimas, les decía “¿Te gusta el Queso?”, luego las asesinaba y finalmente tiraba el Queso sobre el cádaver. La obra, original de la escritora Valeria Gutierrez, había sido un boom de ventas en el mundo entero, y había sido traducida a más de diez idiomas.



Velázquez estaba muy satisfecho con los festejos de su obra en Pehuajó y mucho más con el resonante éxito de la misma. La ciudad homenajeó a su héroe. Tanto que en la fiesta celebrada por el intendente, el actor anunció ante todos su boda.
- Estoy aquí en mi Pehuajó natal, que como Manuelita, me vió partir a París, para allí triunfar en todo el mundo. Por eso, compatriotas de la patria chica, les anunció que celebraré mi boda con mi prometida, Luly Aristizabal.
Todos aplaudieron y la celebración continuó in crescendo hasta convertirse en una suerte de bacanal como en la antigua Roma.



Una noche después, tras otra exitosa función de “El Asesino del Queso”, se encontraban en su casa Beneitez con su prometida, Luly Aristizabal.
- Sacate el disfraz Sebas – la chica lo trataba por su segundo nombre – ya no sos “Carlos” a esta hora.
- Siempre soy Carlos – dijo Beneitez – aunque los que me conocen me llamen por mi segundo nombre, Sebastián, y en el mundo artístico, soy Bernabé Velázquez, mi primer nombre, el de nacimiento, el que figura en el DNI, es Carlos. Es algo que llevó en mi karma y no llevaré por siempre.
- Estás repitiendo las mismas frases que dice el personaje en la obra. 
- ¿Te gusta el Queso? – dijo entonces Carlos, mientras tomaba con sus manos enfundadas en guantes negros, un cuchillo muy largo y grueso con la inscripción “Luly Aristizabal”.
- ¿Qué estas diciendo Sebas? ¡Me asustas!
- A mí si me gusta el Queso. El Queso me encanta. No podría ser de otra manera, me llamo Carlos Quesón.
Y mientras decía esto, levantó el cuchillo y atacó a la chica, que horrorizada intentó defenderse, pero nada pudo hacer ante la furia criminal del asesino.
- Queso – dijo el asesino mientras propinaba una profunda cuchillada en el estómago a su víctima.
- Queso – dijo otra vez el asesino mientras le atravesaba el pecho con el cuchillo.
- Queso – volvió a decir el asesino mientras con una tercera puñalada le cortaba el cuello a la chica.



Así siguieron otros cortes, fueron unas sesenta puñaladas. Una tras otra, en todas partes del cuerpo. Cuando el asesino dio por terminada la tarea, tomó el Queso y lo arrojó sobre el cadáver diciendo en voz alta:
- Queso.
Rato después, la policía estaba en el lugar. El Fiscal Carlos Gonella le dijo a Beneitez:
- No se preocupe señor Beneitez o Bernabé Velázquez, como prefiera que lo llamemos, nadie se enterará del hecho. Diremos que su prometida desapareció sin dejar rastro, abducida por un OVNI, secuestrada por una secta o lo que la gente invente. Usted quedará como un pobre viudo, sin serlo, y enseguida otra vez volverá a la actuación para seguir triunfando con “El Asesino del Queso”.


El Quesón de Pehuajó o #ElAsesinoDelQueso (episodio 2)


Ocurrió en el mes de agosto de 2016, mientras se estaban desarrollando los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en una casa de los alrededores de Pehuajó. Una chica, a la que llamaremos Johi Lamas, se encontraba con su novio Carlos Sebastián Beneitez, un abogado devenido en actor. Beneitez estaba ensayando la famosa obra “El Asesino del Queso” donde interpretaba a Carlos, el personaje principal, que era el del asesino. Claro que en los créditos no figuraría con su nombre auténtico, sino con su seudónimo “Bernabé Velazquez”.
-         Un cuchillo grabado con el nombre de la víctima  - repetía el actor las líneas del guión de la obra, mientras estaba disfrazado con la ropa de su personaje, un traje de color negro al estilo siglo XIX, con galera y guantes incluídos.
-         Me gustan los cuellos sangrantes  - otra de las frases que “El Asesino del Queso” decía en la obra homónima.
Sobre la mesa había una bandeja con una enorme horma de Queso Pategras, esos Quesos con agujeros y cáscara roja. La horma de Queso estaba cortada por la mitad, de manera que se apreciaban los agujeros. Sobre el Queso, había un cuchillo muy largo que llevaba la inscripción: “Johi Lamas”.


Johi Lamas no vió la inscripción del cuchillo, al que además consideraba una pieza de utilería, y observaba el ensayo de su novio con gran entusiasmo al principio, pero después se cansó de ver siempre la misma escena.
-         Si te aburró no te preocupes, la actuación es así.
Fue así como Johi Lamas se fue del cuarto donde su novio ensayaba la obra, y comenzó a ver por TV los Juegos Olímpicos, más precisamente las competencias de atletismo.
La chica le daba la espalda a su novio, que en forma sigilosa comenzó a acercarse a ella cuchillo en mano.
De repente, escuchó la voz de Beneitez que dijo:
-         ¿Te gusta el Queso?
Johi Lamas no llegó a darse vuelta, pues Carlos en un rápido movimiento con el cuchillo, le cortó la garganta, con dos profundos cortes de izquierda a derecha primero, y de derecha a izquierda después.


Cuando el asesino dio por terminada la tarea, hundió el cuchillo en el destrozado cuello de su víctima, tomó el Queso y lo arrojó sobre el cadáver diciendo en voz alta:
-         Queso.

Rato después, llegó la policía. Beneitez denunció el hecho con gran naturalidad, describiendo como descubrió el cadáver mientras el estaba ensayando, sin que viera ni oyera nada. El Inspector Tragg, de la policía pehuajenense, lo atribuyó a algún alucinado miembro de una secta cerrando la investigación de esa manera.

El Quesón de Pehuajó o #ElAsesinoDelQueso (episodio 1)



Flor Martín llegó a su departamento ubicado en el barrio de Almagro, muy cerca del Hospital Italiano, donde habitaba con su conviviente Carlos Sebastián Beneitez, un joven abogado devenido en yuppie.
Para sorpresa de la chica, había sobre la mesa una bandeja con una enorme horma de Queso Pategras, esos Quesos con agujeros y cáscara roja. La horma de Queso estaba cortada por la mitad, de manera que se apreciaban los agujeros. Sobre el Queso, había un puñal de grandes dimensiones que llevaba la inscripción: “Flor Martín”.



A la chica le llamó la atención toda aquella escena, pero su pareja aún no había llegado. Pasaron apenas unos pocos minutos cuando Beneitez llegó al departamento.
- ¡Seba! – exclamó la chica al ver a su concubino - ¿Qué significa todo esto?
- Primero saludame mi vida – le dijo Carlos al que su chica llamaba por su segundo nombre – y después te explicó lo que quieras.
Flor contempló a su pareja y advirtió que Beneitez estaba vestido de un modo extraño, con guantes negros, y un traje que parecía propio de un film ambientado en el siglo XIX, incluída una galera, todo de color oscuro.


- Hola Seba, discúlpame que este alterada, pero… ¿Qué significa todo esto? ¿Qué es este Queso?
Beneitez tomó el puñal con la inscripción “Flor Martín” y le preguntó a la chica:
- ¿Te gusta el Queso?
- Sabes que no Seba… a vos en cambio…
- ¿El Queso, me encanta, podría ser de otra manera? Me llamó Carlos Quesón.
- ¿Estas loco Seba? ¿Qué te pasa?
- Morirás. Un cuchillo grabado con el nombre de la víctima. Te asesinaré, Flor. Ja, ja, ja.
Mientras decía esto, Carlos le mostraba el cuchillo a su víctima, que llevaba el nombre, se acercó hacia la chica, y la atacó a puñaladas, la chica intentó resistirse, y vendió cara su vida, pero nada pudo hacer ante la furia criminal del asesino.
Fueron cuarenta y cinco puñaladas. Una tras otra, en todas partes del cuerpo, principalmente el cuello, el pecho y el estomago. Cuando el asesino dio por terminada la tarea, hundió el cuchillo en el corazón de su víctima, tomó el Queso y lo arrojó sobre el cadáver diciendo en voz alta:
- Queso.



Rato después, Carlos Sebastián Beneitez llamó a la policía a denunciar el hecho. Nadie sospechó de él, el detective Pufrock manifestó que Flor Martín había sido víctima de una secta o de algún loco asesino serial, “un killer Quesón” según consta en el expediente. Semanas después, Beneitez abandonó la gran ciudad y regresó a Pehuajó, su ciudad natal, cada tanto se miraba al espejo y decía en voz alta:
- Queso. 



Carlos, esposo, padre y asesino



Durante años, Carlos y Paula eran la pareja perfecta, un matrimonio que parecía andar perfecto con dos hermosos hijos, Carlos Agustín y Carlos Tomás. Pero en algún momento, Carlos empezó a notar un extraño comportamiento de su esposa, y así comenzó a sospechar cosas extrañas. Un día la siguió, y descubrió lo que sospechaba: Paula le estaba metiendo los cuernos y el amante de su mujer, era el prestigioso abogado Carlos Gonella.
Carlos, con sus dos metros de altura  y sus enormes pies con olor a Queso talle cincuenta a cuestas, tomó entonces una decisión. No se divorciaría de su mujer, no sería un cornudo ni sometería a sus hijos a un duro juicio por la tenencia. Carlos sería mucho más práctico: se convenció que era mejor ser viudo y solo tenía que cometer el crimen perfecto. Y en pos de cometer ese crimen, empezó a planificar el asesinato de su esposa.


Fue así que entró a un negocio donde vendían toda clase de armas y le dijo al vendedor:
-         Busco un cuchillo. Un cuchillo muy filoso, especial para asesinar mujeres.
-         ¿Para asesinar mujeres? – dijo el vendedor que también se llamaba  Carlos – entonces le recomiendo esto.
Carlos compró un cuchillo muy largo y filoso. 


Rato después, Carlos fue a una Quesería, y le dijo al vendedor:
-         Quiero la horma de Queso Gruyere más grande que exista, que tengo muchos agujeros, grandes y voluminosos agujeros.
-         Entonces le doy esta – le dijo el vendedor de Quesos, que también se llamaba Carlos.


Aquel día era jueves. Paula como todos los jueves tuvo su encuentro sexual con su amante. Por la noche, estaba de regreso en su departamento. Carlos se puso los guantes negros, tomó el cuchillo y se dirigió a la habitación donde estaba su mujer.
Grande fue la sorpresa de Paula al descubrir que sobre la cama había una enorme horma de Queso Gruyere.
-         ¿Qué significa este Queso, Carlos?
-         Soy un Quesón – fue la respuesta de Carlos – te asesinaré.
Entonces Carlos atacó a su mujer con el cuchillo.  Fueron ciento veinte puñaladas. Una tras otra, en todas partes del cuerpo, principalmente el cuello, el pecho y el estomago. Cuando Carlos  dio por terminada la tareatomó el Queso y lo arrojó sobre el cadáver diciendo en voz alta:
-         Queso.



Rato después, el asesino escondió el cadáver, con el Queso y el cuchillo incluídos, debajo de la cama. Carlos tomó a sus dos hijos, Carlos Agustín y Carlos Tomás, armó el equipaje, y los tres partieron a Ezeiza, tomando un avión rumbo a Europa.

Así fue que el asesino desapareció de la escena. Días después, descubrieron el cadáver de Paula pero de Carlos, y sus dos hijos, nada se sabía, solo que en algún lugar de Europa, seguramente Alemania, se encontraban.

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